jueves, septiembre 14, 2006

Los Nueve Mil Millones De Nombres De Dios - 1

de Arthur C. Clarke

-Esta es una petición un tanto desacostumbrada- dijo el doctor Wagner, con lo que
esperaba podría ser un comentario plausible-. Que yo recuerde, es la primera vez
que alguien ha pedido un ordenador de secuencia automática para un monasterio
tibetano. No me gustaría mostrarme inquisitivo, pero me cuesta pensar que en
su... hum... establecimiento haya aplicaciones para semejante máquina. ¿Podría
explicarme que intentan hacer con ella?
-Con mucho gusto- contestó el lama, arreglándose la túnica de seda y dejando
cuidadosamente a un lado la regla de cálculo que había usado para efectuar la
equivalencia entre las monedas-. Su ordenador Mark V puede efectuar cualquier
operación matemática rutinaria que incluya hasta diez cifras. Sin embargo, para
nuestro trabajo estamos interesados en letras, no en números. Cuando hayan sido
modificados los circuitos de producción, la maquina imprimirá palabras, no
columnas de cifras.
-No acabo de comprender...
-Es un proyecto en el que hemos estado trabajando durante los últimos tres siglos;
de hecho, desde que se fundó el lamaísmo. Es algo extraño para su modo de
pensar, así que espero que me escuche con mentalidad abierta mientras se lo
explico.
-Naturalmente.
-En realidad, es sencillísimo. Hemos estado recopilando una lista que contendrá
todos los posibles nombres de Dios.
-¿Qué quiere decir?
-Tenemos motivos para creer- continuó el lama, imperturbable- que todos esos
nombres se pueden escribir con no más de nueve letras en un alfabeto que hemos
ideado.
-¿Y han estado haciendo esto durante tres siglos?
-Sí; suponíamos que nos costaría alrededor de quince mil años completar el
trabajo.
-Oh- exclamó el doctor Wagner, con expresión un tanto aturdida-. Ahora
comprendo por qué han querido alquilar una de nuestras maquinas. ¿Pero cuál es
exactamente la finalidad de este proyecto?
El lama vaciló durante una fracción de segundo y Wagner se preguntó si lo había
ofendido. En todo caso, no hubo huella alguna de enojo en la respuesta.
-Llámelo ritual, si quiere, pero es una parte fundamental de nuestras creencias.
Los numerosos nombres del Ser Supremo que existen: Dios, Jehová, Alá,
etcétera, sólo son etiquetas hechas por los hombres. Esto encierra un problema
filosófico de cierta dificultad, que no me propongo discutir, pero en algún lugar
entre todas las posibles combinaciones de letras que se pueden hacer están los
que se podrían llamar verdaderos nombres de Dios. Mediante una permutación
sistemática de las letras, hemos intentado elaborar una lista con todos esos
posibles nombres.



-Comprendo. Han empezado con AAAAAAA... y han continuado hasta ZZZZZZZ...
-Exactamente, aunque nosotros utilizamos un alfabeto especial propio.
Modificando los tipos electromagnéticos de las letras, se arregla todo, y esto es
muy fácil de hacer. Un problema bastante más interesante es el de diseñar
circuitos para eliminar combinaciones ridículas. Por ejemplo, ninguna letra debe
figurar mas de tres veces consecutivas.
-¿Tres? Seguramente quiere usted decir dos.
-Tres es lo correcto. Temo que me ocuparía demasiado tiempo explicar por qué,
aun cuando usted entendiera nuestro lenguaje.
-Estoy seguro de ello- dijo Wagner, apresuradanente- Siga.
-Por suerte, será cosa sencilla adaptar su ordenador de secuencia automática a
ese trabajo, puesto que, una vez ha sido programado adecuadamente, permutará
cada letra por turno e imprimirá el resultado. Lo que nos hubiera costado quince
mil años se podrá hacer en cien días.
El doctor Wagner apenas oía los débiles ruidos de las calles de Manhattan,
situadas muy por debajo. Estaba en un mundo diferente, un mundo de montañas
naturales, no construidas por el hombre. En las remotas alturas de su lejano país,
aquellos monjes habían trabajado con paciencia, generación tras generación,
llenando sus listas de palabras sin significado. ¿Había algún limite a las locuras de
la humanidad? No obstante, no debía insinuar siquiera sus pensamientos. El
cliente siempre tenia razón...
-No hay duda- replicó el doctor- de que podemos modificar el Mark V para que
imprima listas de este tipo. Pero el problema de la instalación y el mantenimiento
ya me preocupa más. Llegar al Tíbet en los tiempos actuales no va a ser fácil.
-Nosotros nos encargaremos de eso. Los componentes son lo bastante pequeños
para poder transportarse en avión. Este es uno de los motivos de haber elegido su
máquina. Si usted la puede hacer llegar a la India, nosotros proporcionaremos el
transporte desde allí.
-¿Y quieren contratar a dos de nuestros ingenieros?
-Sí, para los tres meses que se supone ha de durar el proyecto.
-No dudo de que nuestra sección de personal les proporcionará las personas
idóneas.- El doctor Wagner hizo una anotación en la libreta que tenía sobre la
mesa- hay otras dos cuestiones... -Antes de que pudiese terminar la frase, el lama
sacó una pequeña hoja de papel.
-Esto es el saldo de mi cuenta del Banco Asiático.
-Gracias. Parece ser... hum... adecuado. La segunda cuestión es tan trivial que
vacilo en mencionarla... pero es sorprendente la frecuencia con que lo obvio se
pasa por alto. ¿Qué fuente de energía eléctrica tiene ustedes?
-Un generador diesel que proporciona cincuenta kilovatios a ciento diez voltios.
Fue instalado hace unos cinco años y funciona muy bien. Hace la vida en el
monasterio mucho más cómoda, pero, desde luego, en realidad fue instalado para
proporcionar energía a los altavoces que emiten las plegarias.
Desde luego - admitió el doctor Wagner-. Debía haberlo imaginado.

2 comentarios:

enfantterrible dijo...

Las infinitas combinaciones entre el binomio religión-tecnología, abandonando el espíritu al simple automatismo. Es un gran cuento.

Anónimo dijo...

Felicidades, va un blog con algunos minicuentos y otras cosas de un servidor... suerte Carlos Castellanos http://mandragoras.blogspot.com/