lunes, septiembre 05, 2005

Las hijas del embajador del reino del elefante de los dos colores

By Lucre Arrías

Capítulo 1- Para Natalia con cariño

En un lugar lejano en dirección a donde el sol sale todos los días, existía una tierra de bosques y verdor, llenas de flores y animales. Con suaves playas bañadas por un mar transparente, muy azul.
La gente que habitaba la región, vivía feliz, se notaba por las sonrisas en sus rostros todas las horas del día. Vivían de la tierra y de lo que esta les daba.
Se le conocía como el Reino del elefante de los dos colores.

El señor rey, era bondadoso, ocupaba todo su tiempo en ayudar a sus súbditos en todo lo que él pudiera. La corte no era extensa, el reino tampoco.
Muy poca gente formaba parte del gobierno. Un ministro, de nombre Sabudá, que daba su trabajo a solucionar los problemas que el rey pudiera tener. El cuidador Mayor del elefante de los dos colores, llamado Adubas, que como su cargo indica se dedicaba al cuidado del elefante y dicho sea de paso hermano gemelo del ministro Sabudá. Y un embajador, llamado Risqueten, que viajaba por el mundo llevando las cosas que el reino producía.
El señor ministro y el cuidador mayor, no tenían hijos. El embajador sí, dos hijas. Una llamada Bheemalingamma y otra menor llamada Sasikala. Aunque cariñosamente se les decía Bheemali y Sasi.
Eran la alegría del reino. Se las veía regalando sonrisas a todo el mundo que se cruzara por su camino. Les encantaba jugar, aunque lo hacían después de terminar con sus obligaciones diarias de ayudar en la casa.
Por las tardes, correteaban en busca de caracolas para su colección. Desde muy chiquitas habían sentido fascinación por estas, por sus formas y colores. Dedicaban varias horas al día, en buscar nuevas. Tenían una de las colecciones mejores de toda la comarca. Por no decir la mejor.
Debido a su afición, conocían las playas del reino como la palma de su mano. Aunque siempre existían reductos nuevos que descubrían de casualidad, escondidos detrás de las grandes rocas.
Su padre, el embajador Risqueten, viajaba mucho quedando las niñas al cuidado de su madre. Cada vez que este comenzaba un viaje. Venia el consabido ruego de que las llevara y la previsible respuesta de que en el próximo. Ellas se contentaban, acompañando a su padre hasta la frontera del reino. Lo veían partir, saludándolo con sus amplias sonrisas y pensando que algún día ellas serian las que partirían, la ilusión nunca la perdían.
Cuando llegaba la noche, después de cenar, dedicaban un tiempo en calificar por formas y tamaño sus caracolas. Su padre, el embajador, les había construido en su tiempo libre, un amplio escaparate, con una escalerilla de madera para que pudieran alcanzar la parte alta, donde poner su preciada colección. El tiempo pasaba y cada vez que su padre volvía de los viajes, ellas le mostraban dos cosas, las piezas nuevas y que ya necesitaban un escalón menos para subir, porque habían crecido. Y el tiempo, seguía su curso
Un día de primavera, amaneció tormentoso. La lluvia y el viento fuerte azotaban el reino. Hacia muchos años que no se veía una tormenta igual. Duro varios días. Pero como todo, el sol salió de nuevo una tarde. Brillante, cálido. Bheemali y Sasi, habían estado varios días encerradas en casa por el temporal. Lo único que querían era poder irse para seguir con su búsqueda. Cuando pudieron, partieron temprano para recuperar los días perdidos. Al llegar el verano, con la temporada de lluvia de primavera, ya no podrían buscar caracolas.
Pero algo había cambiado. La tormenta había modificado las playas. No parecía la misma región. Se miraron y acordaron ir con cuidado, tendrían que reconocer el terreno de nuevo.
Caminaron largo rato. No encontraban nada. El agua se había tragado la arena. Las rocas aparecían majestuosamente donde antes había playas y caracolas. Se entristecieron, pero no se amedrentaron, y siguieron caminando.
De repente Sasi, vio un destello de luz de colores detrás de una rocas. Y dijo.
- Bheemali, mira por ahí. Hay algo detrás de esas rocas. La marea debe haber traído miles de caracolas. Venga, vamos a buscarlas...
Corrieron, treparon sobre la roca, y se quedaron paralizadas por lo que veían.
Una playa llena de colores, como el arco iris. Estaban seguras que no eran caracolas, estas no tenían esos colores. No distinguían lo que eran. No sabían que hacer, si bajar o no. Habían prometido a su madre, no meterse en líos. Y si era algo peligroso. Pensaban.
- Nada tan hermoso puede ser peligroso, - dijo Sasi.

Se miraron y sin mediar palabra comenzaron a bajar. Cuando llegaron a la playa. Se agacharon, acariciando con sus manos el piso de colores que cubría la playa, para determinar lo que era. Era suave. Lo cogieron, dándose cuenta que no era uno, sino miles de lo mismo. Nunca habían visto nada igual. Los movieron, observando que tenían formas distintas, colores brillantes, texturas diferentes... Pero que seria... No sabían que hacer.
-Qué es esto, Bheemali. Si nos llevamos uno, alguien en la aldea nos podrá decir que son no?
-Pero quién. No sé, a quién podemos mostrarlo. Y si consideran que es peligroso y lo destruyen. No, tenemos que ser cuidadosas. - dijo Sasi.
-Ya sé, porque no llevamos uno y le preguntamos al elefante de los dos colores, él nos ayudara.
-Pero esta el cuidador mayor, Aduba, el no nos dejara acercarnos al elefante.
-En eso te equivocas. El que no se tiene que enterar es el primer ministro, Saduba. El cuidador mayor es una persona cariñosa y comprensiva. Él si nos ayudara.
-Bueno si crees eso, cogemos uno y vamos. Por la posición del sol, es media tarde. Debe estar el cuidador mayor y el elefante de los dos colores en el estanque del norte, dándose su baño de la tarde. Estarán solos, seguro. Ellos quizá nos ayudaran.
Estaban decididas a averiguar que era aquello. La tarde ya caía.

2 comentarios:

El Enigma dijo...

Que diferente forma de postear y que descubro por casualidad, enhorabuena, me gusto.

Saludos

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

Stuffen dijo...

Dicen que lo bueno si breve, dos veces bueno. :)
Pues sí, tu texto es sencillo de leer, cortito y, ¡no deja de ser mágico!
Saluditos.