<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701</id><updated>2012-01-31T19:56:00.483+01:00</updated><category term='pensamientos'/><category term='cuentos'/><category term='navidad'/><category term='Celebridades'/><category term='Escritores desaparecidos'/><category term='Escritores fallecidos'/><category term='resistencia'/><category term='Escritores'/><category term='Contribuciones'/><category term='Leyenda China'/><category term='cuentos chinos'/><category term='Escritores vivos'/><category term='obra'/><category term='obras'/><category term='De otros'/><category term='yo'/><category term='sábato'/><category term='Propias'/><category term='reflexiones'/><category term='teatro'/><category term='libros'/><category term='fallecidos'/><category term='Otras cosas que no son cuentos...'/><category term='Escritores chinos'/><category term='ciencia ficcion'/><category term='Anónimo'/><category term='la resistencia'/><title type='text'>...Pizza con mozzarella</title><subtitle type='html'>… Los cuentos son su ingrediente principal, pero como en toda buena pizza, se puede combinar con un montón de otros ingredientes como extractos de libros, poesías, obras de teatro, artículos. Muchas cosas de los demás y mías, hacen mi pizza especial.. . Con mozzarella por favor.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>325</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-1913791249909790825</id><published>2012-01-31T19:56:00.000+01:00</published><updated>2012-01-31T19:56:00.527+01:00</updated><title type='text'>El romance de un ocupado bolsista</title><content type='html'>&lt;br /&gt;por O. Henry&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pitcher, empleado de confianza en la oficina de Harvey Maxwell, bolsista, permitió que una mirada de suave interés y sorpresa visitara su semblante, generalmente exento de expresión, cuando su empleador entró con presteza, a las 9.30, acompañado por su joven estenógrafa. Con un vivaz “Buen día, Pitcher”, Maxwell se precipitó hacia su escritorio como si fuera a saltar por sobre él, y luego se hundió en la gran montaña de cartas y telegramas que lo esperaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven hacía un año que era estenógrafa de Maxwell. Era hermosa en el sentido de que decididamente no era estenográfica. Renunció a la pompa de la seductora Pompadour. No usaba cadenas ni brazaletes ni relicarios. No tenía el aire de estar a punto de aceptar una invitación a almorzar. Vestía de gris liso, pero la ropa se adaptaba a su figura con fidelidad y discreción. En su pulcro sombrero negro llevaba un ala amarillo verdosa de un guacamayo. Esa mañana, se encontraba suave y tímidamente radiante. Los ojos le brillaban en forma soñadora; tenía las mejillas como genuino durazno florecido, su expresión de alegría, teñida de reminiscencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pitcher, todavía un poco curioso, advirtió una diferencia en sus maneras. En lugar de dirigirse directamente a la habitación contigua, donde estaba su escritorio, se detuvo, algo irresoluta, en la oficina exterior. En determinado momento, caminó alrededor del escritorio de Maxwell, acercándose tanto que el hombre se percató de su presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La máquina sentada a ese escritorio ya no era un hombre; era un ocupado bolsista de Nueva York, movido por zumbantes ruedas y resortes desenrollados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, ¿qué es esto? ¿Algo? -interrogó Maxwell lacónicamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cartas abiertas yacían sobre el ocupado escritorio que parecía un banco de hielo. Su agudo ojo gris, impersonal y brusco enfocó con impaciencia la mitad del cuerpo de la muchacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nada -repuso la estenógrafa alejándose con una ligera sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Señor Pitcher -le manifestó al confidencial empleado-, ¿El señor Maxwell dijo algo acerca de emplear a otra estenógrafa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí -repuso Pitcher-. Me ordenó que tomara a otra. Ayer por la tarde pedí a la agencia que enviara algunas para probarlas esta mañana. Son las 9.45 y todavía no se ha mostrado ningún modelo de sombrero ni ningún pedazo de goma de mascar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces haré el trabajo como de costumbre -dijo la joven- hasta que llegue alguna muchacha para ocupar el puesto- se dirigió a su escritorio y colgó el sombrero negro con el ala de guacamayo gris verdoso, en el sitio acostumbrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El que se haya visto privado de presenciar el espectáculo de un ocupado bolsista de Manhattan durante una avalancha de trabajo, está impedido para ejercer la profesión de la antropología. El poeta canta acerca de la “ocupada hora de la vida gloriosa”. La hora del bolsista no sólo es ocupada, sino que los minutos y los segundos están suspendidos de todas las correas de las plataformas delantera y trasera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ése era un día ocupado de Harvey Maxwell. El indicador de las cotizaciones comenzó a arrojar sus espasmódicos rollos de papel y el teléfono de sobre el escritorio tenía un ataque crónico de zumbido. Los hombres comenzaron a irrumpir en la oficina y a llamarlo por sobre la baranda en forma jovial, seca, viciosa, nerviosa. Los mensajeros entraban y salían corriendo con notas y telegramas. Los empleados de la oficina saltaban de un lado a otro como marineros durante una tormenta. Hasta el rostro de Pitcher se ablandó, dibujando algo que se parecía a una expresión de animación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la Bolsa había huracanes, terremotos, tormentas de nieve, glaciares, volcanes, y esas perturbaciones comunes se reprodujeron en miniatura en las oficinas del bolsista. Maxwell empujó su silla contra la pared, mientras tramitaba operaciones comerciales como un bailarín de puntillas. Saltaba del indicador de cotizaciones al teléfono, del escritorio a la puerta, con la diestra agilidad de un arlequín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio de esta creciente e importante tensión, el bolsista advirtió de pronto un rulo dorado, enrollado alto, debajo de un inclinado dosel de terciopelo, extremos de avestruz, un saco de imitación piel de foca y una cuerda de cuentas tan larga como una rama de nueces, terminando, cerca del piso, en un corazón de plata. Había allí una joven serena, relacionada con estos accesorios. Pitcher estaba al lado de ella para interpretarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una señorita de la Agencia de Estenógrafas que desea conocer detalles acerca del puesto -dijo Pitcher.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maxwell dio media vuelta con las manos llenas de papeles y una cinta de indicador de cotizaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué puesto? -interrogó ceñudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El puesto de estenógrafa -repuso Pitcher-. Ayer me dijo usted que llamase para que hoy enviaran una.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está usted perdiendo el juicio -dijo Maxwell-. ¿Para qué habría de darle semejantes instrucciones? Miss Leslie ha cumplido perfectamente durante el año de estada aquí. El puesto le pertenece a ella mientras desee conservarlo. No hay vacante, madam. Dé la contraorden a la agencia, Pitcher, para que no manden más estenógrafas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El corazón de plata abandonó la oficina, balanceándose y golpeándose contra los muebles de la oficina como si se marchara indignado. Pitcher aprovechó la oportunidad para comentarle al tenedor de libros que el “viejo” parecía tornarse cada día más distraído y olvidadizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La avalancha y el ritmo de los negocios se tornaron cada vez más nerviosos y rápidos. En el piso se diseminaba media docena de títulos, en los cuales los clientes de Maxwell habían hecho grandes inversiones. Las órdenes de compra y venta iban y venían con tanta rapidez como una bandada de golondrinas. Algunas de sus propias acciones estaban en peligro, y el hombre trabajaba como una máquina potente, delicada y rápida, con plena tensión, marchando a toda velocidad, precisa, sin vacilación alguna, con la palabra adecuada y la decisión y la acción listas y prontas; empréstitos e hipotecas, dividendos y títulos; era un mundo de finanzas, y no había lugar en él para el mundo humano o el mundo de la naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al aproximarse la hora de almorzar se percibió una ligera calma en el tumulto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maxwell estaba de pie, al lado de su escritorio, con las manos llenas de telegramas y notas, con una estilográfica en la oreja derecha y el cabello cayéndole en desorden sobre la frente. Tenía la ventana abierta, pues la amada portera Primavera había enviado un poco de calor a través de las zonas de la tierra, que despertaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a través de la ventana llegaba un extraño -quizá perdido- olor, un olor delicado y dulce a lilas, que mantuvo al bolsista un rato inmóvil. Porque ese perfume pertenecía a miss Leslie; era propio de ella y único de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El perfume hizo que el hombre se la representara en forma vivida, casi tangible. El mundo de las finanzas se convirtió en una manchita. La muchacha estaba en la habitación contigua, a unos veinte pasos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Por George, lo haré ahora! -dijo Maxwell en voz un poco alta-. Le pediré ahora. Me pregunto por qué no lo he hecho hace tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se precipitó hacia la oficina interior, con la premura de un pelotero tratando de hacer una jugada, y se echó sobre el escritorio de la estenógrafa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha levantó la vista hasta él y sonrió. Una tonalidad rosa pálida subió a las mejillas de la empleada, cuyos ojos mostraron una expresión bondadosa y franca. Maxwell apoyó un codo sobre el escritorio. Aun cogía con ambas manos una serie de papeles y tenía la estilográfica sobre la oreja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Miss Leslie -comenzó apresuradamente-, tengo un solo minuto de tiempo. Quiero decirle algo. ¿Quiere casarse conmigo? No he tenido tiempo de hacerle a usted el amor en la forma acostumbrada; pero la amo de verdad. Hable pronto, por favor, pues esos tipos se están uniendo para despojar al Union Pacific.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh!, ¿de qué me estás hablando? -interrogó la joven. Se puso de pie y lo miró con los ojos abiertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No comprendes? -dijo Maxwell con impaciencia-. Quiero casarme contigo. Te amo. Deseaba decírtelo y logré conseguir un minuto cuando el trabajo aflojó un poco. Ahora me llaman por teléfono. Dígales que me esperen un poco, Pitcher.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estenógrafa se portaba de manera muy extraña. Al principio parecía dominada por la sorpresa; luego, de sus ojos maravillados fluyeron lágrimas, y por fin sonrió alegremente, deslizando con ternura el brazo alrededor del cuello del bolsista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora lo sé -dijo con suavidad-. Son los negocios los que ahuyentaron, durante un tiempo, todo lo demás de tu mente. Estaba asustada al principio. ¿No recuerdas, Harvey? Anoche a las ocho de la noche nos casamos en la Pequeña Iglesia de la Vuelta.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-1913791249909790825?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/1913791249909790825/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=1913791249909790825&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/1913791249909790825'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/1913791249909790825'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2012/01/el-romance-de-un-ocupado-bolsista.html' title='El romance de un ocupado bolsista'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-4463645090359869364</id><published>2012-01-24T19:54:00.000+01:00</published><updated>2012-01-24T19:54:00.452+01:00</updated><title type='text'>El capricho de la suerte</title><content type='html'>por O. Henry&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existe una aristocracia de los parques públicos, e incluso de los vagabundos que los emplean como apartamentos privados. Vallance era un novato en la materia, pero cuando emergió de su mundo para internarse en el caos, sus pasos lo llevaron directamente a Madison Square.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seco y adusto como una colegiala -de las de antes-, el joven mayo suspiraba con austeridad entre los árboles florecientes. Vallance se abotonó la chaqueta, encendió su último cigarrillo y se sentó en un banco. Durante tres minutos lamentó la pérdida de los últimos cien de sus últimos mil dólares, arrebatados por un policía motorizado que había puesto fin a su última correría en automóvil. Luego se revisó todos los bolsillos y no encontró un solo centavo. Aquella mañana había dejado su apartamento. Los muebles habían servido para pagar ciertas deudas. Su ropa, salvo la que tenía puesta, había pasado a manos de su criado, en concepto de salarios atrasados. Y allí estaba, en una ciudad que no le deparaba una cama, una langosta asada, un pasaje de tranvía, un clavel para la solapa, a menos que los obtuviera dando un sablazo a sus amigos o mediante algún engaño. Por lo tanto, había elegido el parque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo por culpa de un tío que lo había desheredado, pasándole de una generosa asignación a la nada. Y todo porque su sobrino lo había desobedecido con respecto a cierta muchacha que no entra en esta historia, razón por la cual los lectores que hayan comenzado a interesarse por ese lance no deben avanzar más. Existía otro sobrino, de una rama diferente, que en un tiempo había despuntado como probable heredero favorito. Falto de gracia y esperanza, había desaparecido en el fango largo tiempo atrás. Ahora rastreaban su paradero: debía ser rehabilitado y devuelto a su posición. De modo que Vallance, como Lucifer, había caído aparentemente a la sima más honda, reuniéndose así con los andrajosos fantasmas del pequeño parque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí sentado, se reclinó a sus anchas en la dura madera del banco y, sonriendo, lanzó un chorro de humo hacia las ramas más bajas de un árbol. La repentina ruptura de todos sus vínculos vitales le había acarreado una alegría libre, estremecedora, casi exultante. Era la misma sensación del aeronauta que se aferra al paracaídas y deja que su globo se aleje sin rumbo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran casi las diez. En los bancos no había demasiados vagabundos. El morador del parque, si bien combate tercamente al frío otoñal, es lento en atacar a la vanguardia del ejército primaveral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces alguien abandonó su banco, cerca del surtidor saltarín, y fue a sentarse al lado de Vallance. No era ni joven ni viejo; las pensiones baratas le habían contagiado un olor a moho; peines y navajas no tenían tratos con él, en su cuerpo la bebida había sido embotellada y etiquetada bajo la vigilancia del diablo. Pidió una cerilla, lo cual suele servir de presentación entre esa clase de banqueros, y después comenzó a hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Usted no es de los habituales -le dijo a Vallance-. Reconozco la ropa hecha a la medida apenas la veo. Usted sólo ha parado aquí un momento. ¿Le molesta que le hable mientras tanto? Es que he de estar con alguien. Tengo miedo, tengo miedo. Se lo he dicho a dos o tres de esos gandules que hay por ahí. Creen que estoy loco. Escuche, escuche lo que le voy a decir: todo lo que me queda para comer hoy son dos rosquillas y una manzana. Mañana me presento para heredar tres millones, y aquel restaurante que ve allí, todo rodeado de coches, me resultará demasiado barato. No me cree, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Almorcé en ese restaurante ayer -dijo Vallance riéndose- sin el menor problema. Esta noche no podría pagar los cinco centavos de una taza de café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Usted no parece uno de nosotros. Bien, supongo que esas cosas suceden. Hace algunos años yo estaba en la cumbre. ¿Qué fue lo que lo hizo caer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oh..., yo... perdí mi trabajo -dijo Vallance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esta ciudad es la esencia del Hades -continuó el otro-. Un día uno come en porcelana china, y al día siguiente come a lo chino: un puñado de arroz. He tenido muy mala suerte. Hace cinco años que no soy más que un mendigo. Me criaron para vivir a lo grande y no hacer nada. No me importa decírselo, sabe; he de hablar con alguien porque tengo miedo; ¿se da cuenta?, tengo miedo. Me llamo Ide. Usted no me creerá si le digo que el viejo Paulding, uno de los millonarios de Riverside Drive, era tío mío. ¿Me cree? Y bien, así es. En otro tiempo viví en su casa y tuve todo el dinero que me dio la gana. Oiga, ¿por casualidad no tendrá para pagar un par de copas, señor...? ¿Cómo se llama usted?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dawson -dijo Vallance-. No; lamento declarar que financieramente estoy liquidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hace una semana que vivo en un depósito de carbón de la Calle Division -prosiguió Ide-, con un granuja llamado Blinky Morris. No tenía otro sitio adónde ir. Hoy, mientras estaba fuera, se ha presentado un tipo con un montón de papeles, preguntando por mí. Yo he pensado que era un policía de paisano, así que no he vuelto hasta la noche. Había una carta esperándome. Oiga, Dawson; era de Mead, un gran abogado de la ciudad. He visto su placa en la Calle Ann. Paulding pretende convertirme en el sobrino pródigo, quiere que regrese, vuelva a ser su heredero y despilfarre su dinero. Mañana, a las diez, he de presentarme en la oficina del abogado para calzar otra vez mis viejos zapatos... Heredaré tres millones, Dawson, y me darán diez mil dólares al año. Y tengo miedo... Tengo miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vagabundo se puso en pie de un salto y se llevó los brazos temblorosos a la cabeza. Contuvo la respiración y lanzó un gemido histérico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vallance lo agarró del brazo y le obligó a sentarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Serénese! -ordenó en un tono parecido al del asco-. Se diría que ha perdido usted una fortuna, en lugar de haberla ganado. ¿De qué tiene miedo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encogido en el banco, Ide se estremeció. Agarró la manga de Vallance e, incluso al débil resplandor de las luces de aquella avenida de donde éste fuera expulsado, se podían ver en los ojos del otro lágrimas impelidas por un extraño terror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Temo que me pase algo antes del amanecer. No sé qué... Algo que me impida alcanzar ese dinero. Tengo miedo de que me caiga un árbol encima, de que me atropelle un coche, o me aplaste una cornisa o algo por el estilo. Nunca había sentido esto. He pasado cientos de noches en este parque, tan en calma como una figura de piedra, sin saber cómo iba a desayunar. Pero ahora es diferente. Yo adoro el dinero, Dawson, soy feliz como un dios cuando lo palpo, cuando la gente se inclina a mi paso, cuando me veo rodeado de música, flores y ropa cara. Mientras supe que estaba fuera del juego no me preocupé. Hasta pasé momentos felices sentado aquí, andrajoso y hambriento, escuchando el rumor de la fuente y mirando los coches de la avenida. Pero ahora que está nuevamente al alcance de mi mano..., no soy capaz de soportar las doce horas de espera, Dawson, no soy capaz. Hay cincuenta cosas que pueden sucederme... Podría quedarme ciego, podría sufrir un ataque al corazón, el mundo podría acabarse antes de...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ide volvió a ponerse en pie con un chillido. En los bancos la gente se agitó y empezó a mirar. Vallance lo tomó del brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos, caminemos -le dijo suavemente-. Y trate de calmarse. No hay por qué excitarse o preocuparse. Todas las noches son iguales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es verdad -dijo Ide-. Quédese conmigo, Dawson... Usted es un buen tipo. Andemos juntos un poco. Jamás he estado así de deshecho, y eso que he sufrido muchos golpes duros. ¿Cree usted que podría conseguir algo de comer, amigo? Temo que estoy demasiado nervioso para mendigar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vallance condujo a su compañero por una casi desierta Quinta Avenida, y luego hacia el oeste, por la Treinta, hacia Broadway.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Espere aquí un momento -dijo dejando a Ide en un lugar silencioso, entre las sombras. Entró en un conocido hotel y se encaminó hacia la barra con la soltura de otros tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mira, Jimmy, fuera hay un pobre diablo -explicó al camarero- que dice tener hambre, me parece que es cierto. Ya sabes lo que esa gente hace si les das dinero. Prepárale un par de sándwiches, y yo me ocuparé de que no los tire por ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Seguro, señor Vallance -dijo el camarero-. No todos son mentirosos. Y no me gusta que nadie se muera de hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Envolvió en una servilleta una generosa ración del menú libre. Vallance salió con ella y se reunió con su compañero. Ide se abalanzó sobre la comida con una avidez famélica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En todo el año no había comido un menú como éste -declaró-. ¿No va a probarlo, Dawson?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias, no tengo hambre -dijo Vallance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Volvamos a la plaza -propuso Ide-. Allí no nos molestarán los polis. Guardaré el resto del jamón y lo demás para el desayuno. No comeré más. Tengo miedo de enfermarme. ¡Imagínese que muera de un calambre y jamás llegue a tocar el dinero! Todavía faltan once horas para ver al abogado. Usted no me abandonará, ¿verdad, Dawson? Temo que pueda sucederme algo. Usted no tiene adónde ir, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No -dijo Vallance-. Esta noche no tengo casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si es verdad lo que me ha contado -continuó Ide-, se lo toma usted con mucha calma. Juraría que cualquier hombre que se quedara en la calle después de perder un buen trabajo, estaría arrancándose los pelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo haber señalado ya -dijo Vallance- que, para mí, un hombre en situación de recibir una fortuna debería sentirse alegre y sereno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es curioso -filosofó Ide- ver cómo la gente se toma las cosas. Aquí está su banco, Dawson, justo al lado del mío. En este lugar la luz no le dará en los ojos. Oiga, Dawson, cuando vuelva a casa haré que el viejo escriba una carta de recomendación para que usted encuentre trabajo. Me ha ayudado mucho esta noche. De no haber dado con usted, no habría sobrevivido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias -dijo Vallance-. ¿Se duerme sentado o tumbado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante horas, casi sin parpadear, Vallance contempló las estrellas a través de las ramas de los árboles y escuchó el agudo retumbar de los cascos de los caballos que, sobre el mar de asfalto, pasaban hacia el sur. Si bien mantenía la mente activa, sus sentimientos se habían adormecido. Parecía como si le hubiesen extirpado toda emoción. No sentía pena ni angustia, ni dolor ni incomodidad. Hasta cuando pensaba en la muchacha, le daba la impresión de que ella habitaba una de las estrellas remotas que estaba contemplando. Recordó las absurdas bufonadas de su compañero y se rió quedamente, pero sin regocijo alguno. Pronto el ejército cotidiano de carros de lechero convirtió la ciudad en un tambor bramante al compás del cual marchaban. Vallance se durmió en el incómodo banco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, a las diez, ambos se presentaron a la puerta del despacho del abogado Mead, en la Calle Ann.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que se aproximaba la hora, los nervios de Ide iban de mal en peor; y Vallance no se decidía a entregarlo a los peligros que temía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando entraron en el despacho, Mead los miró estupefacto. Vallance y él eran viejos amigos. Después de saludarlo se volvió hacia Ide, quien se hallaba lívido y temblequeante, al borde de la presumible crisis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Anoche envié a su dirección una segunda carta, señor Ide -dijo el abogado-. Le informa que el señor Paulding ha reconsiderado la propuesta de acogerlo una vez más bajo su protección. Ha decidido no hacerlo, y desea comunicarle que esto no afectará las relaciones entre ustedes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El temblor de Ide cesó repentinamente. Su rostro recuperó el color, y enderezó la espalda. Adelantó tres centímetros la mandíbula y en sus ojos despuntó un fulgor. Retiró con una mano su estropeado sombrero, y tendió la otra, de dedos rígidos, al abogado. Aspiró profundamente y acabó por lanzar una risa sardónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dígale al viejo Paulding que se puede ir al infierno -dijo con voz clara y rotunda, y, dándose la vuelta, salió del despacho con paso firme y vivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mead giró sobre sus talones para enfrentarse a Vallance, y sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me alegro de que hayas venido -dijo de buen humor-. Tu tío quiere que vuelvas a casa enseguida. Ha reflexionado sobre la situación que produjo su apresurada decisión, y desea comunicarte que a partir de ahora todo volverá a ser como...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mead interrumpió la frase y gritó a su ayudante:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Eh, Adams! Traiga un vaso de agua... El señor Vallance acaba de desmayarse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-4463645090359869364?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/4463645090359869364/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=4463645090359869364&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/4463645090359869364'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/4463645090359869364'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2012/01/el-capricho-de-la-suer4te.html' title='El capricho de la suerte'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-4081140473726575837</id><published>2012-01-17T19:49:00.000+01:00</published><updated>2012-01-17T19:52:25.159+01:00</updated><title type='text'>El valor de un dolar</title><content type='html'>por &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/O._Henry" target="_blank"&gt;O. Henry&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana, al pasar revista a su correspondencia, el juez federal del distrito de Río Grande encontró la siguiente carta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Juez:&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Cuando me condenó usted a cuatro años, me endilgó un sermón. Entre otros epítetos, me dedicó el de serpiente de cascabel. Tal vez lo sea, y a eso se debe el que ahora me oiga tintinear. Un año después de que me pusieran a la sombra, murió mi hija, dicen que por culpa de la pobreza y la infelicidad. Usted, juez, también tiene una hija, y yo voy a hacer que sepa lo que se siente al perderla. También voy a picar a ese fiscal que habló en mi contra. Ahora estoy libre, y me toca volver a cascabelear El papel me sienta bien. No diré más. Este es mi sonido. Cuidado con la mordedura.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Respetuosamente suyo,&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Serpiente de Cascabel&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez Derwent dejó la carta de lado, sin preocuparse. Recibir esa clase de cartas, de proscritos que habían pasado por el tribunal, no era ninguna novedad. No se sintió alarmado. Más tarde le enseñó la carta a Littlefield, el joven fiscal del distrito que estaba incluido en la amenaza, pues el juez era muy puntilloso en todo lo concerniente a las relaciones profesionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo que se refería a él, Littlefield dedicó al cascabeleo del remitente una sonrisa desdeñosa; pero ante la alusión a la hija del juez, frunció el ceño, ya que pensaba casarse con Nancy Derwent el otoño siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Littlefield fue a ver al secretario del juzgado y revisó con él los expedientes. Decidieron que la carta debía de provenir de México Sam, un mestizo forajido que vivía en la frontera y había sido encarcelado por asesinato cuatro años atrás. Al correr de los días, Littlefield fue absorbido por tareas oficiales, y el cascabeleo de la serpiente vengadora cayó en el olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tribunal llevaba a cabo sus sesiones en Brownsville. La mayoría de los procesos consistían en acusaciones de contrabando, falsificación, robo a oficinas de correo y violaciones de las leyes federales a lo largo de la frontera. Uno de los acusados era un joven mexicano, Rafael Ortiz, que había sido sorprendido por un muy listo ayudante de sheriff en el momento de pasar un dólar de plata falso. En más de una ocasión se había sospechado de su rectitud, pero era ésta la primera vez que se tenían pruebas en su contra. Mientras esperaba el juicio, Ortiz languidecía placenteramente en la cárcel fumando cigarrillos negros. Kilpatrick, el ayudante del sheriff, entregó el dólar falso al fiscal del distrito en el despacho que éste tenía en el juzgado. Tanto el ayudante como un farmacéutico de reputación intachable estaban dispuestos a jurar que Ortiz había pagado una medicina con ese dólar. La moneda era una imitación burda, mate, maleable, y hecha principalmente de plomo. Era la víspera de la sesión dedicada al caso de Ortiz y el fiscal del distrito se encontraba preparándose para el juicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No nos hará falta gastar un dineral en expertos para demostrar que la moneda es falsa, ¿verdad, Kil? -sonrió Littlefield al arrojar el dólar sobre la mesa, donde cayó sin más tintineo que el de una bola de masilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Supongo que el material es tan bueno como el que puede hallarse en el calabozo -dijo el ayudante del sheriff aflojándose el correaje-. Lo tiene usted atrapado. Si hubiese sido una sola vez, podría pensarse que es uno de esos mexicanos incapaces de diferenciar el dinero bueno del falso; pero ese bribón pertenece a una banda de estafadores, lo puedo asegurar. Y por fin se me ha presentado la oportunidad de descubrirlo con las manos en la masa. Tiene una chica en los jacales de la ribera. La vi un día que estaba vigilándolo a él. Es preciosa, como una vaquilla colorada entre las flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Littlefield se guardó el dólar falso en el bolsillo y metió en un sobre los informes sobre el caso. Justo en ese momento apareció en el marco de la puerta un rostro brillante, encantador, franco y alegre como el de un muchacho. Era Nancy Derwent.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oh, Bob, ¿es cierto que el tribunal ha aplazado hasta mañana la sesión de hoy a las doce?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Así es -dijo el fiscal del distrito-, y me alegro. Tengo que revisar un montón de fallos y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Muy propio de ti. ¡Me sorprendería que tú y mi padre se pasaran un día sin mirar códigos y expedientes! Quiero que esta tarde me lleves a cazar chorlitos. En Long Prairie abundan. ¡Por favor, no te niegues! Me gustaría probar mi nueva escopeta de repetición. He ordenado en el establo que enganchen a Fly y a Bess al calesín: son los que mejor soportan los tiros. Estaba segura de que vendrías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenían planeado casarse en otoño. El idilio estaba en su momento crucial. Aquel día -o, mejor, aquella tarde- los chorlitos ganaron la partida a los volúmenes encuadernados en becerro. Littlefield empezó a apartar sus papeles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamaron a la puerta. Kilpatrick abrió. Una hermosa muchacha, de ojos oscuros y piel de tinte ligeramente alimonado, entró en el despacho. Un mantón oscuro le cubría la cabeza y le rodeaba el cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó a hablar en español con la voluble música melancólica de un arroyo plañidero. Littlefield no entendía el idioma. El ayudante sí, de modo que tradujo parte por parte, alzando la mano de vez en cuando para detener a la muchacha y confirmar alguna palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ha venido a verlo a usted, míster Littlefield. Se llama Joya Treviñas. Quiere hablarle de... Bueno, tiene algo que ver con Rafael Ortiz. Es..., es la chica de él. Dice que es inocente. Dice que fue ella la que fabricó el dinero y consiguió que él lo pasara. No le crea, míster Littlefield. Estas mexicanas son así: cuando les gusta un hombre, son capaces de mentir, robar y matar por él. ¡No confíe nunca en una mujer enamorada!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Míster Kilpatrick!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La indignada exclamación de Nancy Derwent llevó al ayudante a deshacerse en excusas por haber expresado mal sus propias ideas, tras lo cual siguió traduciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dice que no le importa ir a la cárcel si lo dejan a él en libertad. Dice que la había atacado una fiebre y el médico aseguró que moriría si no tomaba una medicina. Fue por eso que él pagó con el dólar falso en la farmacia. Dice que eso le salvó la vida. No me cabe duda de que se deshace por su Rafael; habla mucho de amor y otras cosas que a usted no le interesan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fiscal del distrito la historia le sonaba conocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Contéstele -dijo- que no puedo hacer nada. El caso será juzgado mañana, y la defensa deberán hacerla ante el tribunal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nancy Derwent no era tan inflexible. Había estado mirando alternativamente a Joya Treviñas y a Littlefield con benévolo interés. El ayudante repitió a la muchacha las palabras del fiscal. Ella pronunció un par de frases en voz baja, se ciñó el mantón en torno al rostro y se marchó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué dijo al final? -preguntó el fiscal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nada fuera de lo corriente -respondió el ayudante-. A ver...: «Si alguna vez estuviera en peligro la muchacha que amas, acuérdate de Rafael Ortiz».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kilpatrick se alejó por el pasillo rumbo al despacho de su superior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No puedes hacer nada por ellos, Bob? -preguntó Nancy-. ¡No es justo arruinar la felicidad de dos vidas por un mísero dólar! Él lo hizo para salvarla. ¿Acaso la ley no conoce la compasión?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En la jurisprudencia no hay sitio para ella, Nan -dijo Littlefield-, y menos aún en la labor del fiscal, que se atiende a los hechos. Te prometo que el alegato no será furibundo. Pero ese hombre está condenado de antemano. Hay testigos dispuestos a jurar que ha pasado un dólar falso. Y yo tengo ese dólar en el bolsillo, con la etiqueta de «Prueba A». En el jurado no hay ningún mexicano, y declararán culpable a míster Truco sin pestañear siquiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde se presentaba perfecta para cazar chorlitos y, con la excitación del deporte, fueron olvidados el caso de Rafael y el dolor de Joya Treviñas. El fiscal y Nancy Derwent dejaron atrás la ciudad y recorrieron cinco kilómetros por un camino de blanda hierba verde, para después atravesar el declive de un prado hacia una apretada hilera de árboles que bordeaban el arroyo de Piedra. Más allá se extendía Long Prairie, lugar ideal para cazar chorlitos. Al acercarse a la corriente, oyeron, a su derecha, el galope de un caballo y vieron a un jinete de pelo negro y piel atezada que cabalgaba hacia los árboles en una línea sesgada, como si hubiese estado siguiéndolos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-He visto a ese hombre en algún sitio -dijo Littlefield, que era buen fisonomista-, pero no recuerdo exactamente dónde. Supongo que será algún ranchero que ha tomado un atajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron en Long Prairie una hora, disparando desde el calesín. Nancy Derwent, una activa muchacha del Oeste criada al aire libre, estaba encantada con su escopeta de doce cartuchos. Había cobrado el doble de piezas que su compañero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iniciaron el regreso con un trote tranquilo. A unos cien metros del arroyo de Piedra un hombre emergió entre los árboles en dirección a ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Parece el mismo que hemos visto antes -observó Nancy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al acortarse la distancia que los separaba, el fiscal del distrito, con los ojos fijos en el jinete, tiró bruscamente de las riendas. El sujeto había sacado un Winchester de la funda que llevaba en la silla y se lo acomodaba en el brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ahora te reconozco, México Sam! -farfulló Littlefield-. Eras tú el que hacía sonar los cascabeles en aquella carta tan amable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;México Sam se ocupó de no dejar lugar a dudas. Era ducho en el manejo de armas de fuego, de modo que cuando se encontró a una distancia apropiada para un fusil, pero demasiado grande para una escopeta, apuntó con el Winchester y abrió fuego sobre los ocupantes del calesín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera bala se incrustó en el respaldo del asiento, en el espacio de cinco centímetros que había entre los hombros de Littlefield y miss Derwent. La segunda pasó entre el tablero y el pantalón del fiscal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fiscal instó a Nancy a que se agachara. Ella estaba un poco pálida, pero no hizo preguntas. Poseía ese instinto de la gente de frontera, que acepta las situaciones de emergencia sin gastar palabras superfluas. Empuñaron las armas, y Littlefield tomó apresuradamente un puñado de los cartuchos que había en una caja y se lo metió en el bolsillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mantente detrás de los caballos, Nan -ordenó-. Ese tipo es un rufián que hace años mandé a prisión. Pretende vengarse. Sabe que a esta distancia no le podemos hacer daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Muy bien, Bob -dijo Nancy con firmeza-. No tengo miedo. Pero cúbrete tú también. ¡So, Bess! ¡Quédate quieta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acarició la melena de Bess. Littlefield preparó su escopeta mientras rogaba que el forajido se aproximara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero México Sam pensaba cumplir la venganza sin arriesgarse. No tenía nada de chorlito. Su ojo experto trazó una circunferencia imaginaria alrededor del área de alcance de una escopeta y se mantuvo dentro de esa línea. Movió su caballo a la derecha y, en el momento en que los acosados buscaban cambiar de posición detrás de los arreos de sus equinos, traspasó de un tiro el sombrero del fiscal. En una ocasión calculó mal y sobrepasó el margen. La escopeta de Littlefield relampagueó y México Sam agachó la cabeza ante el inofensivo rocío de los perdigones. Algunos de éstos alcanzaron al caballo, que enseguida retrocedió a la línea de seguridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El forajido volvió a hacer fuego. Nancy Derwent dejó escapar un grito apagado. Littlefield se volvió con los ojos encendidos y vio que la muchacha tenía un hilo de sangre en la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No estoy herida, Bob... Ha sido una astilla. Creo que ha dado a uno de los radios de la rueda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Dios! -rugió Littlefield-. Si por lo menos tuviera perdigones zorreros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rufián aquietó a su caballo y apuntó cuidadosamente. Fly lanzó un bufido y cayó con su arnés, herido en el cuello. Bess, convencida de que ya no se trataba de cazar chorlitos, logró desengancharse y se alejó a galope tendido. México Sam atravesó de un balazo el costado de la cazadora de Nancy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Échate! ¡Échate! -gritó Littlefield-. Más cerca del caballo... Cuerpo a tierra... Así -casi la aplastó contra la hierba detrás del cuerpo caído de Fly. Por más extraño que parezca en ese instante le volvieron a la mente las palabras de la joven mexicana: «Si alguna vez estuviera en peligro la muchacha que amas, acuérdate de Rafael Ortiz».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Littlefield soltó una exclamación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Asómate sobre el lomo del caballo y dispárale, Nan! ¡Dispara todo lo rápido que puedas! No conseguirás nada, pero mantenle ocupado un minuto mientras pongo en práctica una idea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nancy miró de reojo a Littlefield y le vio sacar el cortaplumas del bolsillo y abrirlo. Luego se dispuso a obedecer las órdenes y comenzó a disparar una y otra vez sobre el enemigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;México Sam esperó pacientemente a que acabaran los inocuos fuegos de artificio. Tenía mucho tiempo y ninguna intención de recibir una perdigonada en el ojo mientras, con un poco de cautela, pudiese evitarlo. Se cubrió el rostro con el recio sombrero Stetson hasta que cesaron los tiros. Luego se acercó más y apuntó meticulosamente a lo que podía ver de sus víctimas detrás del caballo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguna de ellas se movía. Espoleó a su animal para que avanzara. Vio que el fiscal hincaba una rodilla en tierra y apuntaba cuidadosamente. Se bajó el sombrero y aguardó la leve andanada de bolitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El disparo tronó pesadamente. México Sam suspiró, se dobló en dos y cayó muy despacio de su caballo, como una serpiente de cascabel sin vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las diez de la mañana siguiente se inició la sesión del tribunal y fue convocado el proceso de la Unión contra Rafael Ortiz. El fiscal del distrito, con un brazo en cabestrillo, se puso de pie y se dirigió al juez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si su señoría lo permite -dijo-, desearía solicitar el sobreseimiento del caso que nos ocupa. Aun cuando el acusado pudiese ser culpable, el gobierno no tiene en sus manos pruebas suficientes para llevar adelante el proceso. La moneda falsa a causa de la cual éste fue iniciado ya no se encuentra disponible como evidencia. Por lo tanto solicito que la demanda sea anulada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el intervalo de mediodía Kilpatrick visitó la oficina del fiscal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vengo de echarle una mirada al viejo México Sam -dijo el ayudante del sheriff-. Han traído el cadáver. La verdad es que el viejo México era un hueso duro. Los muchachos se preguntan con qué le disparó usted. Algunos dicen que han de haber sido clavos. Jamás tuve en mis manos una escopeta capaz de hacer los agujeros que hay en ese cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Le disparé -dijo el fiscal- con la «Prueba A» de su proceso por falsificación. Ha sido una suerte para mí, y para alguien más, que la moneda fuera tan burda. No me dio ningún trabajo despedazarla. Oiga, Kil, ¿no podría bajar a los jacales y averiguar dónde vive esa joven mexicana? Miss Derwent se lo agradecerá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-4081140473726575837?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/4081140473726575837/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=4081140473726575837&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/4081140473726575837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/4081140473726575837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2012/01/el-valor-de-un-dolar.html' title='El valor de un dolar'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-8776535356393027998</id><published>2011-12-17T13:04:00.000+01:00</published><updated>2011-12-17T18:24:01.579+01:00</updated><title type='text'>Orgullo y Prejuicio ( cap. 10 a 13)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;Por Jean Austen&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;CAPÍTULO X&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El día pasó lomismo que el anterior. La señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y la señorita Bingley habían estado por la mañanaunas horas al lado de la enferma, que seguía mejorando, aunque lentamente. Porla tarde &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;se reunió conellas en el salón. Pero no se dispuso la mesa de juego acostumbrada. Darcyescribía y la señorita Bingley, sentada a su lado, seguía el curso de la carta,interrumpiéndole repetidas veces con mensajes para su hermana. El señor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y Bingleyjugaban al &lt;i&gt;piquet&amp;nbsp; &lt;/i&gt;y la señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;contem­plaba lapartida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;se dedicó a una labor de aguja, y teníasuficiente entretenimiento con atender a lo que pasaba entre Darcy y sucompañía. Los constantes elogios de ésta a la caligrafía de Darcy, a lasimetría de sus renglones o a la extensión de la carta, así como la absolutaindiferencia con que eran recibidos, constituían un curioso diálogo que estabaexactamente de acuerdo con la opinión que &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;teníade cada uno de ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Qué contentase pondrá la señorita Darcy cuan­do reciba esta carta!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Él no contestó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Escribe ustedmás deprisa que nadie. ––Se equivoca. Escribo muy despacio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Cuántascartas tendrá ocasión de escribir al cabo del año! Incluidas cartas de negocios.¡Cómo las de­testo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Es unasuerte, pues, que sea yo y no usted, el que &lt;i&gt;tenga &lt;/i&gt;que escribirlas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Le ruego quele diga a su hermana que deseo mucho verla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ya se lo hedicho una vez, por petición suya. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Me temo quesu pluma no le va bien. Déjeme que se la afile, lo hago increíblemente bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="DE"&gt;––Gracias, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;pero yo siempreafilo mi propia pluma. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Cómo puedelograr una escritura tan uniforme? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Darcy no hizoningún comentario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Dígale a suhermana que me alegro de saber que ha hecho muchos progresos con el arpa; y leruego que también le diga que estoy entusiasmada con el diseño de mesa quehizo, y que creo que es infinita­mente superior al de la señorita Grantley.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Me permiteque aplace su entusiasmo para otra carta? En la presente ya no tengo espaciopara más elogios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Oh!, notiene importancia. La veré en enero. Pero, ¿siempre le escribe cartas tanlargas y encantado­ras, señor Darcy?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Generalmenteson largas; pero si son encantadoras o no, no soy yo quien debe juzgarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Para mí escomo una norma, cuando una persona escribe cartas tan largas con tantafacilidad no puede escribir mal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Ese cumplidono vale para Darcy, &lt;/span&gt;&lt;st1:personname w:st="on"&gt;Carol&lt;/st1:personname&gt;ine &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––in­terrumpiósu hermano––, porque no escribe con facilidad. Estudia demasiado las palabras.Siempre busca palabras complicadas de más de cuatro sílabas, ¿no es así, Darcy?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Mi estilo esmuy distinto al tuyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Oh!––exclamó la señorita Bingley––. Charles escribe sin ningún cuidado. Se come lamitad de las palabras y emborrona el resto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Las ideas mevienen tan rápido que no tengo tiempo de expresarlas; de manera que, a veces,mis cartas no comunican ninguna idea al que las recibe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Su humildad,señor Bingley ––intervino &lt;/span&gt;Eliza­beth––, &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;tiene quedesarmar todos los reproches. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Nada es másengañoso ––dijo Darcy–– que la apariencia de humildad. Normalmente no es otracosa que falta de opinión, y a veces es una forma indirecta de vanagloriarse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Y cuál deesos dos calificativos aplicas a mi reciente acto de modestia?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Una formaindirecta de vanagloriarse; porque tú, en realidad, estás orgulloso de tusdefectos como escritor, puesto que los atribuyes a tu rapidez de pensamientos ya un descuido en la ejecución, cosa que consideras, si no muy estimable, almenos muy interesante. Siempre se aprecia mucho el poder de hacer cualquiercosa con rapidez, y no se presta aten­ción a la imperfección con la que sehace. Cuando esta mañana le dijiste a la señora Bennet que si alguna vez tedecidías a dejar Netherfield, te irías en cinco minu­tos, fue una especie deelogio, de cumplido hacia ti mismo; y, sin embargo, ¿qué tiene de elogiable mar­charseprecipitadamente dejando, sin duda, asuntos sin resolver, lo que no puede serbeneficioso para ti ni para nadie?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡No!––exclamó Bingley––. Me parece demasiado recordar por la noche las tonteríasque se dicen por la mañana. Y te doy mi palabra, estaba convencido de que loque decía de mí mismo era verdad, y lo sigo estando ahora. Por lo menos, noadopté innecesaria­mente un carácter precipitado para presumir delante de lasdamas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Sí, creo queestabas convencido; pero soy yo el que no está convencido de que te fueses tanacelerada­mente. Tu conducta dependería de las circunstancias, como la decualquier persona. Y si, montado ya en el caballo, un amigo te dijese:«Bingley, quédate hasta la próxima semana», probablemente lo harías, probable­menteno te irías, y bastaría sólo una palabra más para que te quedaras un mes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Con esto sóloha probado ––dijo &lt;/span&gt;Elizabeth–– &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;que Bingley nohizo justicia a su temperamento. Lo ha favorecido usted más ahora de lo que éllo había hecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Estoyenormemente agradecido ––dijo Bingley­ por convertir lo que dice mi amigo en uncumplido. Pero me temo que usted no lo interpreta de la forma que mi amigopretendía; porque él tendría mejor opinión de mí si, en esa circunstancia, yome negase en rotundo y partiese tan rápido como me fuese po­sible.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Consideraríaentonces el señor Darcy reparada la imprudencia de su primera intención con laobstina­ción de mantenerla?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No soy yo,sino Darcy, el que debe explicarlo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Quieres quedé cuenta de unas opiniones que tú me atribuyes, pero que yo nunca hereconocido. Vol­viendo al caso, debe recordar, señorita Bennet, que el supuestoamigo que desea que se quede y que retrase su plan, simplemente lo desea y selo pide sin ofrecer ningún argumento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––El cederpronto y fácilmente a la persuasión de un amigo, no tiene ningún mérito parausted. ––El ceder sin convicción dice poco en favor de la inteligencia deambos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Me da lasensación, señor Darcy, de que usted nunca permite que le influyan el afecto ola amistad. El respeto o la estima por el que pide puede hacernos ceder a lapetición sin esperar ninguna razón o argu­mento. No estoy hablando del casoparticular que ha supuesto sobre el señor Bingley. Además, deberíamos, quizá,esperar a que se diese la circunstancia para discutir entonces sucomportamiento. Pero en general y en casos normales entre amigos, cuando unoquiere que el otro cambie alguna decisión, ¿vería usted mal que esa personacomplaciese ese deseo sin esperar las razones del otro?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿No seríaaconsejable, antes de proseguir con el tema, dejar claro con más precisión quéimportancia tiene la petición y qué intimidad hay entre los amigos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Perfectamente––dijo Bingley––, fijémonos en todos los detalles sin olvidarnos de compararestatura y tamaño; porque eso, señorita Bennet, puede tener más peso en ladiscusión de lo que parece. Le aseguro que si Darcy no fuera tan alto comparadoconmigo, no le tendría ni la mitad del respeto que le tengo. Confieso que noconozco nada más imponente que Darcy en determinadas ocasiones y endeterminados lugares, especialmente en su casa y en las tardes de domingocuando no tiene nada que hacer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El señor Darcysonrió; pero &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;se dio cuentade que se había ofendido bastante y contuvo la risa. La señorita Bingley semolestó mucho por la ofensa que le había hecho a Darcy y censuró a su hermanopor decir tales tonterías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Conozco tusistema, Bingley ––dijo su amigo––. No te gustan las discusiones y quieresacabar ésta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Quizá. Lasdiscusiones se parecen demasiado a las disputas. Si tú y la señorita Bennetposponéis la vues­tra para cuando yo no esté en la habitación, estaré muyagradecido; además, así podréis decir todo lo que queráis de mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Por mi parte––dijo &lt;/span&gt;Elizabeth––, &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;no hay objeciónen hacer lo que pide, y es mejor que el señor Darcy acabe la carta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Darcy siguió suconsejo y acabó la carta. Concluida la tarea, se dirigió a la señorita Bingleyy a &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;para que les deleitasen conalgo de música. La señorita Bingley se apresuró al piano, pero antes de sentarseinvitó cortésmente a &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;a tocar enprimer lugar; ésta, con igual cortesía y con toda sinceridad rechazó lainvitación; entonces, la señorita Bingley se sentó y comenzó el concierto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;cantó con suhermana, y, mientras se empleaban en esta actividad, &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;no podía evitar darse cuenta, cada vez quevolvía las páginas de unos libros de música que había sobre el piano, de lafrecuencia con la que los ojos de Darcy se fijaban en ella. Le era difícilsuponer que fuese objeto de admira­ción ante un hombre de tal categoría; y aunsería más extraño que la mirase porque ella le desagradara. Por fin, sólo pudoimaginar que llamaba su atención por­que había algo en ella peor y másreprochable, según su concepto de la virtud, que en el resto de los presentes.Esta suposición no la apenaba. Le gustaba tan poco, que la opinión que tuviesesobre ella, no le preocupaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Después detocar algunas canciones italianas, la señorita Bingley varió el repertorio conun aire esco­cés más alegre; y al momento el señor Darcy se acercó a &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y le dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Leapetecería, señorita Bennet, aprovechar esta oportunidad para bailar un reel?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ella sonrió yno contestó. Él, algo sorprendido por su silencio, repitió la pregunta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Oh! ––dijoella––, ya había oído la pregun­ta. Estaba meditando la respuesta. Sé que ustedquerría que contestase que sí, y así habría tenido el placer de criticar misgustos; pero a mí me encanta echar por tierra esa clase de trampas y defraudara la gente que está premeditando un desaire. Por lo tanto, he decidido decirleque no deseo bailar en absoluto. Y, ahora, desáireme si se atreve.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No me atrevo,se lo aseguro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ella, que creyóhaberle ofendido, se quedó asom­brada de su galantería. Pero había tal mezclade dulzu­ra y malicia en los modales de &lt;/span&gt;Elizabeth,&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;queera difícil que pudiese ofender a nadie; y Darcy nunca había estado tanensimismado con una mujer como lo estaba con ella. Creía realmente que si nofuera por la &lt;i&gt;inferioridad &lt;/i&gt;de su familia, se vería en peligro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La señoritaBingley vio o sospechó lo bastante para ponerse celosa, y su ansiedad porque serestableciese su querida amiga &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;se incrementócon el deseo de librarse de &lt;/span&gt;Elizabeth.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Intentabaprovocar a Darcy para que se desilusiona­se de la joven, hablándole de susupuesto matrimonio con ella y de la felicidad que esa alianza le traería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Espero ––ledijo al día siguiente mientras pa­seaban por el jardín–– que cuando ese deseadoaconte­cimiento tenga lugar, hará usted a su suegra unas cuantas advertenciaspara que modere su lengua; y si puede conseguirlo, evite que las hijas menoresanden detrás de los oficiales. Y, si me permite mencionar un tema tan delicado,procure refrenar ese algo, rayando en la presunción y en la impertinencia, quesu dama posee.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Tiene algomás que proponerme para mi felici­dad doméstica?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––¡Oh, sí! Dejeque los retratos de sus tíos, los &lt;/span&gt;Phillips,&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;seancolgados en la galería de Pemberley. Póngalos al lado del tío abuelo suyo, eljuez. Son de la misma profesión, aunque de distinta categoría. En cuanto alretrato de su &lt;/span&gt;Elizabeth, &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;no debepermitir que se lo hagan, porque ¿qué pintor podría hacer justicia a sushermosos ojos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Desde luego,no sería fácil captar su expresión, pero el color, la forma y sus bonitaspestañas podrían ser reproducidos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En ese momento,por otro sendero del jardín, salie­ron a su paso la señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y &lt;/span&gt;Elizabeth.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No sabía queestabais paseando ––dijo la señorita Bingley un poco confusa al pensar que pudiesenha­berles oído.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Os habéisportado muy mal con nosotras ––respondió la señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst–– &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;al no decirnosque ibais a salir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y, tomando elbrazo libre del señor Darcy, dejó que &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;paseasesola. En el camino sólo cabían tres. El señor Darcy se dio cuenta de taldescortesía y dijo inmediatamente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Este paseo noes lo bastante ancho para los cua­tro, salgamos a la avenida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero &lt;/span&gt;Elizabeth, &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;que no tenía la menor intención de continuarcon ellos, contestó muy sonriente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No, no;quédense donde están. Forman un grupo encantador, está mucho mejor así. Unacuarta persona lo echaría a perder. Adiós.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Se fuealegremente regocijándose al pensar, mien­tras caminaba, que dentro de uno odos días más estaría en su casa. &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;se encontrabaya tan bien, que aquella misma tarde tenía la intención de salir un par dehoras de su cuarto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;CAPÍTULO XI&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cuando lasseñoras se levantaron de la mesa después de cenar, &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;subió a visitar a su hermana y al ver queestaba bien abrigada la acompañó al salón, donde sus amigas le dieron labienvenida con grandes demostraciones de contento. &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;nunca las había visto tan amables como en lahora que transcurrió hasta que llegaron los caballeros. Hablaron de todo.Describieron la fiesta con todo detalle, contaron anécdotas con mucha gracia yse burlaron de sus conocidos con humor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero en cuantoentraron los caballeros, &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;dejó de ser elprimer objeto de atención. Los ojos de la señori­ta Bingley se volvieroninstantáneamente hacia Darcy y no había dado cuatro pasos cuando ya tenía algoque decirle. El se dirigió directamente a la señorita Bennet y la felicitócortésmente. También el señor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;le hizo una ligera inclinación de cabeza, diciéndoleque se alegraba mucho; pero la efusión y el calor quedaron reservados para elsaludo de Bingley, que estaba muy contento y lleno de atenciones para con ella.La prime­ra media hora se la pasó avivando el fuego para que &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;no notase el cambio de un habitación a la otra, y lerogó que se pusiera al lado de la chimenea, lo más lejos posible de la puerta.Luego se sentó junto a ella y ya casi no habló con nadie más. &lt;/span&gt;Elizabeth, &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;enfrente, con su labor, contemplaba la escenacon satisfacción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cuandoterminaron de tomar el té, el señor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;recordó a su cuñada la mesa de juego, pero fue envano; ella intuía que a Darcy no le apetecía jugar, y el señor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;vio su peticiónrechazada inmediatamente. Le aseguró que nadie tenía ganas de jugar; elsilencio que siguió a su afirmación pareció corroborarla. Por lo tanto, alseñor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;no le quedabaotra cosa que hacer que tumbarse en un sofá y dormir. Darcy cogió un libro, laseñorita Bingley cogió otro, y la señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;ocupada principalmente en jugar con suspulseras y sortijas, se unía, de vez en cuando, a la conversación de su hermanocon la señorita Bennet.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La señorita Bingleyprestaba más atención a la lectura de Darcy que a la suya propia. No paraba dehacerle preguntas o mirar la página que él tenía delan­te. Sin embargo, noconsiguió sacarle ninguna conversación; se limitaba a contestar y seguíaleyendo. Final­mente, angustiada con la idea de tener que entretener­se con sulibro que había elegido solamente porque era el segundo tomo del que leíaDarcy, bostezó larga­mente y exclamó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Quéagradable es pasar una velada así! Bien mirado, creo que no hay nada tan divertidocomo leer. Cualquier otra cosa en seguida te cansa, pero un libro, nunca.Cuando tenga&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;sup&gt;––&lt;/sup&gt;una casa propia seré desgra­ciadísima si no tengo unagran biblioteca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Nadie dijonada. Entonces volvió a bostezar, cerró el libro y paseó la vista alrededor dela habitación buscando en qué ocupar el tiempo; cuando al oír a su hermanomencionarle un baile a la señorita Bennet, se volvió de repente hacia él ydijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Piensasseriamente en dar un baile en Nether­field, Charles? Antes de decidirte teaconsejaría que consultases con los presentes, pues o mucho me enga­ño o hayentre nosotros alguien a quien un baile le parecería, más que una diversión, uncastigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Si terefieres a Darcy ––le contestó su hermano––, puede irse a la cama antes de queempiece, si lo pre­fiere; pero en cuanto al baile, es cosa hecha, y tan prontocomo Nicholls lo haya dispuesto todo, enviaré las invitaciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Los bailes megustarían mucho más ––repuso su hermana–– si fuesen de otro modo, pero esaclase de reuniones suelen ser tan pesadas que se hacen insufri­bles. Sería másracional que lo principal en ellas fuese la conversación y no un baile.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Mucho másracional sí, &lt;/span&gt;&lt;st1:personname w:st="on"&gt;Carol&lt;/st1:personname&gt;ine; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;pero entonces ya no se parecería en nada a un baile.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La señoritaBingley no contestó; se levantó poco después y se puso a pasear por el salón.Su figura era elegante y sus andares airosos; pero Darcy, a quien iba dirigidotodo, siguió enfrascado en la lectura. Ella, desesperada, decidió hacer unesfuerzo más, y, vol­viéndose a &lt;/span&gt;Elizabeth,&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––SeñoritaEliza Bennet, déjeme que la convenza para que siga mi ejemplo y dé una vueltapor el salón. Le aseguro que viene muy bien después de estar tanto tiemposentada en la misma postura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;se quedó sorprendida, pero accedió inme­diatamente.La señorita Bingley logró lo que se había propuesto con su amabilidad; el señorDarcy levantó la vista. Estaba tan extrañado de la novedad de esta invitacióncomo podía estarlo la misma &lt;/span&gt;Elizabeth; &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;inconscientemente,cerró su libro. Seguidamente, le invitaron a pasear con ellas, a lo que senegó, explican­do que sólo podía haber dos motivos para que paseasen por elsalón juntas, y si se uniese a ellas interferiría en los dos. «¿Qué querrádecir?» La señorita Bingley se moría de ganas por saber cuál sería elsignificado y le preguntó a &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;si ella podíaentenderlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––En absoluto––respondió––; pero, sea lo que sea, es seguro que quiere dejarnos mal, y lamejor forma de decepcionarle será no preguntarle nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Sin embargo, laseñorita Bingley era incapaz de decepcionar a Darcy, e insistió, por lo tanto,en pedir que les explicase los dos motivos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No tengo elmás mínimo inconveniente en expli­carlo ––dijo tan pronto como ella le permitióhablar––. Ustedes eligen este modo de pasar el tiempo o porque tienen quehacerse alguna confidencia o para hablar de sus asuntos secretos, o porquesaben que paseando lucen mejor su figura; si es por lo primero, al ir conustedes no haría más que importunarlas; y si es por lo segundo, las puedoadmirar mucho mejor sentado junto al fuego.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Qué horror!––gritó la señorita Bingley––. Nun­ca he oído nada tan abominable. ¿Cómopodríamos darle su merecido?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Nada tanfácil, si está dispuesta a ello ––dijo &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––&lt;/span&gt;. &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Todos sabemos fastidiar y mortificarnos unos aotros. Búrlese, ríase de él. Siendo tan íntima amiga suya, sabrá muy bien cómohacerlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No sé, le doymi palabra. Le aseguro que mi gran amistad con él no me ha enseñado cuáles sonsus puntos débiles. ¡Burlarse de una persona flemática, de tanta sangre fría! Yen cuanto a reírnos de él sin más mi más, no debemos exponernos; podríadesafiarnos y tendríamos nosotros las de perder.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––¡Que nopodemos reírnos del señor Darcy! ––exclamó &lt;/span&gt;Elizabeth––.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esun privilegio muy extraño, y espero que siga siendo extraño, no me gustaríatener muchos conocidos así. Me encanta reírme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––La señoritaBingley ––respondió Darcy–– me ha dado más importancia de la que merezco. Elmás sabio y mejor de los hombres o la más sabia y mejor de las acciones, puedenser ridículos a los ojos de una perso­na que no piensa en esta vida más que enreírse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Estoy deacuerdo ––respondió &lt;/span&gt;Elizabeth––, &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;hay gente así,pero creo que yo no estoy entre ellos. Espero que nunca llegue a ridiculizar loque es bueno o sabio. Las insensateces, las tonterías, los caprichos y las inconsecuenciasson las cosas que verdaderamente me divierten, lo confieso, y me río de ellassiempre que puedo. Pero supongo que éstas son las cosas de las que ustedcarece.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Quizá no seaposible para nadie, pero yo he pasa­do la vida esforzándome para evitar estas debilidadesque exponen al ridículo a cualquier persona inteligente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Como lavanidad y el orgullo, por ejemplo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Sí, enefecto, la vanidad es un defecto. Pero el orgullo, en caso de personas deinteligencia superior, creo que es válido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;tuvo que volverse para disimular una sonrisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Supongo quehabrá acabado de examinar al señor Darcy ––dijo la señorita Bingley , y leruego que me diga qué ha sacado en conclusión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Estoyplenamente convencida de que el señor Darcy no tiene defectos. Él mismo loreconoce clara­mente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No ––dijoDarcy––, no he pretendido decir eso. Tengo muchos defectos, pero no tienen quever con la inteligencia. De mi carácter no me atrevo a responder; soy demasiadointransigente, en realidad, demasiado intransigente para lo que a la gente leconviene. No puedo olvidar tan pronto como debería las insensate­ces y losvicios ajenos, ni las ofensas que contra mí se hacen. Mis sentimientos no seborran por mu­chos esfuerzos que se hagan para cambiarlos. Quizá se me puedaacusar de rencoroso. Cuando pierdo la buena opinión que tengo sobre alguien, espara siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Ése esrealmente un defecto ––replicó &lt;/span&gt;Eliza­beth––.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Elrencor implacable es verdaderamente una sombra en un carácter. Pero ha elegidousted muy bien su defecto. No puedo reírme de él. Por mi parte, está usted asalvo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Creo que entodo individuo hay cierta tendencia a un determinado mal, a un defecto innato,que ni siquiera la mejor educación puede vencer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Y ese defectoes la propensión a odiar a todo el mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Y el suyorespondió él con una sonrisa–– es el interpretar mal a todo el mundointencionadamente. ––Oigamos un poco de música ––propuso la señori­ta Bingley,cansada de una conversación en la que no tomaba parte––. &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Louisa, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿no teimportará que despier­te al señor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Hurst?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Su hermana noopuso la más mínima objeción, y abrió el piano; a Darcy, después de unosmomentos de recogimiento, no le pesó. Empezaba a sentir el peligro de prestarledemasiada atención a &lt;/span&gt;Elizabeth.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;CAPÍTULO XII&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De acuerdo consu hermana, &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;escribió a sumadre a la mañana siguiente, pidiéndole que les mandase el coche aquel mismodía. Pero la señora Bennet había calculado que sus hijas estarían en Netherfieldhasta el martes en que haría una semana justa que &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;había llegado allí, y no estaba dispuesta a queregresara antes de la fecha citada. Así, pues, su respuesta no fue muyfavorable o, por lo menos, no fue la respuesta que &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;hubie­ra deseado, pues estaba impaciente porvolver a su casa. La señora Bennet les contestó que no le era posible enviarlesel coche antes del martes; en la posdata añadía que si el señor Bingley y suhermana les insistían para que se quedasen más tiempo, no lo dudasen, puespodía pasar muy bien sin ellas. Sin embargo, &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;estaba dispuesta a no seguir allí por mucho que se lo pidieran;temiendo, al contrario, resultar molestas por quedarse más tiempo innecesaria­mente,rogó a &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;que le pidiese el coche aBingley en seguida; y, por último, decidieron exponer su proyecto de salir deNetherfield aquella misma mañana y pedir que les prestasen el coche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La noticiaprovocó muchas manifestaciones de preocupación; les expresaron reiteradamentesu deseo de que se quedasen por los menos hasta el día siguien­te, y no hubomás remedio que demorar la marcha hasta entonces. A la señorita Bingley le pesódespués haber propuesto la demora, porque los celos y la antipatía que sentíapor una de las hermanas era muy superior al afecto que sentía por la otra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al señor de lacasa le causó mucha tristeza el saber que se iban a ir tan pronto, e intentóinsistentemente convencer a &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;de que no seríabueno para ella, porque todavía no estaba totalmente recuperada; pero &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;era firme cuando sabía que obraba como debía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A Darcy lepareció bien la noticia. &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;había estado yabastante tiempo en Netherfield. Le atraía más de lo que él quería y la señoritaBingley era descortés con ella, y con él más molesta que nunca. Se propusotener especial cuidado en que no se le escapa­se ninguna señal de admiración ninada que pudiera hacer creer a &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;que tuvieraninguna influencia en su felicidad. Consciente de que podía haber sugeri­dosemejante idea, su comportamiento durante el último día debía ser decisivo paraconfirmársela o quitársela de la cabeza. Firme en su propósito, apenas ledirigió diez palabras en todo el sábado y, a pesar de que los dejaron solosdurante media hora, se metió de lleno en su libro y ni siquiera la miró.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El domingo,después del oficio religioso de la ma­ñana, tuvo lugar la separación tan gratapara casi todos. La cortesía de la señorita Bingley con &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;aumentó rápidamente en el último momento, asícomo su afecto por &lt;/span&gt;Jane. &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al despedirse,después de asegurar a esta última el placer que siempre le daría verla tanto enLongbourn como en Netherfield y darle un tierno abrazo, a la primera sólo ledio la mano. &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;se despidió detodos con el espíritu más alegre que nunca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La madre no fuemuy cordial al darles la bienveni­da. No entendía por qué habían regresado tanpronto y les dijo que hacían muy mal en ocasionarle semejante contrariedad,estaba segura de que &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;había cogidofrío otra vez. Pero el padre, aunque era muy lacónico al expresar la alegría,estaba verdaderamente contento de verlas. Se había dado cuenta de laimportancia que tenían en el círculo familiar. Las tertulias de la noche,cuando se reunían todos, habían perdido la animación e incluso el sentido conla ausencia de &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y &lt;/span&gt;Eli­zabeth.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hallaron a &lt;/span&gt;Mary, &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;como de costumbre, enfrascada en el estudio profundode la naturaleza humana; tenían que admirar sus nuevos resúmenes y escuchar lasobservaciones que había hecho recientemente sobre una moral muy pococonvincente. Lo que &lt;/span&gt;Catherine &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Lydia &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;tenían quecontarles era muy distinto. Se habían hecho y dicho muchas cosas en el regimientodesde el miércoles anterior; varios oficiales habían cenado re­cientemente consu tío, un soldado había sido azota­do&lt;i&gt;,&lt;/i&gt; y corría el rumor de que elcoronel Forster iba a casarse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;CAPÍTULO XIII&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Espero, querida––dijo el señor Bennet a su esposa; mientras desayunaban a la mañana si­guiente–,que hayas preparado una buena comida, porque tengo motivos para pensar que hoyse sumará uno más a nuestra mesa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––¿A quién terefieres, querido? No tengo noticia de que venga nadie, a no ser que a &lt;/span&gt;Charlotte &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lucas se le ocurra visitarnos, y me pareceque mis comidas son lo bastante buenas para ella. No creo que en su casa seanmejores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––La persona dela que hablo es un caballero, y forastero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Los ojos de laseñora Bennet relucían como chispas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––¿Un caballeroy forastero? Es el señor Bingley, no hay duda. ¿Por qué nunca dices ni palabrade estas cosas, &lt;/span&gt;Jane? &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¡Qué cuca eres!Bien, me alegraré mucho de verlo. Pero, ¡Dios mío, qué mala suerte! Hoy no sepuede conseguir ni un poco de pescado. &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Lydia, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;cariño, toca la campanilla; tengo que hablarcon &lt;/span&gt;Hill &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;al ins­tante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No es elseñor Bingley ––dijo su esposo––; se trata de una persona que no he visto en mivida. Estas palabras despertaron el asombro general; y él tuvo el placer de serinterrogado ansiosamente por su mujer y sus cinco hijas a la vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Después dedivertirse un rato, excitando su curiosi­dad, les explicó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Hace un mesrecibí esta carta, y la contesté hace unos quince días, porque pensé que setrataba de un tema muy delicado y necesitaba tiempo para reflexio­nar. Es de miprimo, el señor Collins, el que, cuando yo me muera, puede echaros de esta casaen cuanto le apetezca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Oh, querido!––se lamentó su esposa––. No puedo soportar oír hablar del tema. No menciones aese hombre tan odioso. Es lo peor que te puede pasar en el mundo, que tusbienes no los puedan heredar tus hijas. De haber sido tú, hace mucho tiempo queyo habría hecho algo al respecto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;intentaronexplicarle por qué no les pertenecía la herencia. Lo habían intentado muchasveces, pero era un tema con el que su madre perdía totalmente la razón; ysiguió quejándose amargamente de la crueldad que significaba desposeer de laherencia a una familia de cinco hijas, en favor de un hombre que a ninguno leimportaba nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ciertamente,es un asunto muy injusto ––dijo el señor Bennet––, y no hay nada que puedaprobar la culpabilidad del señor Collins por heredar Longbourn. Pero siescuchas su carta, puede que su modo de expresarse te tranquilice un poco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No, no laescucharé; y, además, me parece una impertinencia que te escriba, y unahipocresía. No soporto a esos falsos amigos. ¿Por qué no continúa pleiteandocontigo como ya lo hizo su padre?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Porque parecetener algún cargo de conciencia, como vas a oír:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;«Hunsford,cerca de Westerham, &lt;/span&gt;Kent, &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;15 de oc­tubre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;»Estimadoseñor:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;»El desacuerdosubsistente entre usted y mi padre, recientemente fallecido, siempre me hahecho sentir cierta inquietud, y desde que tuve la desgracia de perderlo, hedeseado zanjar el asunto, pero durante algún tiempo me retuvieron las dudas,temiendo ser irrespetuoso a su memoria, al ponerme en buenos términos conalguien con el que él siempre estaba en discordia, tan poco tiempo después desu muerte. Pero ahora ya he tomado una decisión sobre el tema, por ha­ber sidoordenado en Pascua, ya que he tenido la suerte de ser distinguido con elpatronato de la muy honora­ble &lt;/span&gt;ladyCatherine &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;de Bourgh, viuda de &lt;/span&gt;sir &lt;span lang="DE"&gt;Lewis &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;de Bourgh, cuyagenerosidad y beneficencia me ha elegi­do a mí para hacerme cargo de laestimada rectoría de su parroquia, donde mi más firme propósito será servir aSu Señoría con gratitud y respeto, y estar siempre dispuesto a celebrar losritos y ceremonias instituidos por la Iglesia de Inglaterra. Por otra parte,como sacerdote, creo que es mi deber promover y establecer la bendición de lapaz en todas las familias a las que alcance mi influencia; y basándome en estoespero que mi presente propósito de buena voluntad sea acogido de buen grado, yque la circunstancia de que sea yo el heredero de Longbourn sea olvidada por suparte y no le lleve a rechazar la rama de olivo que le ofrezco. No puedo sinoestar preocupado por perju­dicar a sus agradables hijas, y suplico que se medisculpe por ello, también quiero dar fe de mi buena disposición para hacertodas las enmiendas posibles de ahora en adelante. Si no se opone a recibirmeen su casa, espero tener la satisfacción de visitarle a usted y a su familia,el lunes 18 de noviembre a las cuatro, y puede que abuse de su hospitalidadhasta el sábado siguiente, cosa que puedo hacer sin ningún inconve­niente,puesto que &lt;/span&gt;lady Catherine &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;de Bourgh nopon­drá objeción y ni siquiera desaprobaría que estuviese ausente fortuitamenteel domingo, siempre que hubie­se algún otro sacerdote dispuesto para cumplircon las obligaciones de ese día. Le envío afectuosos saludos para su esposa ehijas, su amigo que le desea todo bien, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;William &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Collins.»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Por lo tanto,a las cuatro es posible que aparezca este caballero conciliador ––dijo el señorBennet mien­tras doblaba la carta––. Parece ser un joven educado y atento; nodudo de que su amistad nos será valiosa, especialmente si &lt;/span&gt;lady Catherine &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;es tan indulgente como paradejarlo venir a visitarnos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ya ves,parece que tiene sentido eso que dice sobre nuestras hijas. Si está dispuesto aenmendarse, no seré yo la que lo desanime.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––Aunque esdifícil ––observó &lt;/span&gt;Jane–– &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;adivinar quéentiende él por esa reparación que cree que nos mere­cemos, debemos dar créditoa sus deseos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;le impresionó mucho aquella extraor­dinariadeferencia hacia &lt;/span&gt;lady Catherine &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y aquella sanaintención de bautizar, casar y enterrar a sus feligreses siempre que fuesepreciso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Debe ser unpoco raro ––dijo––. No puedo ima­ginármelo. Su estilo es algo pomposo. ¿Y quéquerrá decir con eso de disculparse por ser el heredero de Longbourn? Supongoque no trataría de evitarlo, si pudiese. Papá, ¿será un hombre astuto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No, querida,no lo creo. Tengo grandes esperan­zas de que sea lo contrario. Hay en su cartauna mezcla de servilismo y presunción que lo afirma. Estoy impaciente porverle.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––En cuanto ala redacción ––dijo &lt;/span&gt;Mary––, &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;su carta noparece tener defectos. Eso de la rama de olivo no es muy original, pero, así ytodo, se expresa bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A &lt;/span&gt;Catherine &lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y a &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE"&gt;Lydia, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;ni la carta ni su autor les interesaban lomás mínimo. Era prácticamente imposi­ble que su primo se presentase con casacaescarlata, y hacía ya unas cuantas semanas que no sentían agrado por ningúnhombre vestido de otro color. En lo que a la madre respecta, la carta del señorCollins había extinguido su rencor, y estaba preparada para recibirle con talmoderación que dejaría perplejos a su marido y a sus hijas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El señorCollins llegó puntualmente a la hora anun­ciada y fue acogido con gran cortesíapor toda la familia. El señor Bennet habló poco, pero las señoras estaban muydispuestas a hablar, y el señor Collins no parecía necesitar que le animasen niser aficionado al silencio. Era un hombre de veinticinco años de edad, alto, demirada profunda, con un aire grave y estático y modales ceremoniosos. A poco dehaberse sentado, felicitó a la señora Bennet por tener unas hijas tan hermosas;dijo que había oído hablar mucho de su belleza, pero que la fama se habíaquedado corta en comparación con la realidad; y añadió que no dudaba que atodas las vería casadas a su debido tiempo. La galantería no fue muy del agradode todas las oyentes; pero la señora Bennet, que no se andaba con cumpli­dos,contestó en seguida:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Es usted muyamable y deseo de todo corazón que sea como usted dice, pues de otro modoquedarían las pobres bastante desamparadas, en vista de la extraña manera enque están dispuestas las cosas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Alude usted,quizá, a la herencia de esta pro­piedad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Ah! Enefecto, señor. No me negará usted que es una cosa muy penosa para mis hijas. Nole culpo; ya sabe que en este mundo estas cosas son sólo cuestión de suerte.Nadie tiene noción de qué va a pasar con las propiedades una vez que tienen queser heredadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Siento muchoel infortunio de sus lindas hijas; pero voy a ser cauto, no quiero adelantarmey parecer precipitado. Lo que sí puedo asegurar a estas jóvenes, es que hevenido dispuesto a admirarlas. De momento, no diré más, pero quizá, cuando nosconozcamos mejor...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Leinterrumpieron para invitarle a pasar al come­dor; y las muchachas se sonrieronentre sí. No sólo ellas fueron objeto de admiración del señor Collins: examinóy elogió el vestíbulo, el comedor y todo el mobiliario; y las ponderaciones quede todo hacía, habrían llegado al corazón de la señora Bennet, si no fuese porquese mortificaba pensando que Collins veía todo aquello como su futura propiedad.También elogió la cena y suplicó se le dijera a cuál de sus hermosas primascorrespondía el mérito de haberla preparado. Pero aquí, la señora Bennet leatajó sin miramiento diciéndole que sus medios le permitían te­ner una buenacocinera y que sus hijas no tenían nada que hacer en la cocina. El se disculpópor haberla molestado y ella, en tono muy suave, le dijo que no estaba nadaofendida. Pero Collins continuó excusándose casi durante un cuarto de hora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-8776535356393027998?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/8776535356393027998/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=8776535356393027998&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/8776535356393027998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/8776535356393027998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/12/orgullo-y-prejuicio-cap-10-13.html' title='Orgullo y Prejuicio ( cap. 10 a 13)'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-7210937616510830544</id><published>2011-12-10T13:01:00.000+01:00</published><updated>2011-12-10T13:01:00.216+01:00</updated><title type='text'>Orgullo y prejuicio (cap. 6 a 9)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;Por Jean Austen&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;CAPÍTULO VI&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;Las&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;señoras de Longbourn no tardaron en ir a visitar alas de Netherfield, y éstas devolvieron la visita como es costumbre. El encantode la señorita Bennet aumentó la estima que la señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y la señorita Bingleysentían por ella; y aunque encon­traron que la madre era intolerable y que novalía la pena dirigir la palabra a las hermanas menores, expre­saron el deseode profundizar las relaciones con ellas en atención a las dos mayores. Estaatención fue recibida por &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;con agrado,pero &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;seguía viendo arrogancia ensu trato con todo el mundo, exceptuando, con reparos, a su hermana; no podíangustarle. Aunque valoraba su amabilidad con &lt;/span&gt;Jane,&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;sabíaque probablemente se debía a la influencia de la admiración que el hermanosentía por ella. Era eviden­te, dondequiera que se encontrasen, que Bingleyadmi­raba a &lt;/span&gt;Jane; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y para &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;también era evidente que en su hermanaaumentaba la inclinación que desde el principio sintió por él, lo que lapredisponía a enamo­rarse de él; pero se daba cuenta, con gran satisfacción, deque la gente no podría notarlo, puesto que &lt;/span&gt;Jane&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;uniríaa la fuerza de sus sentimientos moderación y una constante jovialidad, queahuyentaría las sospe­chas de los impertinentes. Así se lo comentó a su amiga,la señorita Lucas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Tal vez seamejor en este caso ––replicó &lt;/span&gt;Charlot­te––&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;poderescapar a la curiosidad de la gente; pero a veces es malo ser tan reservada. Siuna mujer disimula su afecto al objeto del mismo, puede perder la oportu­nidadde conquistarle; y entonces es un pobre consue­lo pensar que los demás están enla misma ignorancia. Hay tanto de gratitud y vanidad en casi todos, loscariños, que no es nada conveniente dejarlos a la deriva. Normalmente todosempezamos por una ligera preferencia, y eso sí puede ser simplemente porque sí,sin motivo; pero hay muy pocos que tengan tanto corazón como para enamorarsesin haber sido estimu­lados. En nueve de cada diez casos, una mujer debemostrar más cariño del que siente. A Bingley le gusta tu hermana,indudablemente; pero si ella no le ayuda, la cosa no pasará de ahí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ella le ayudatanto como se lo permite su forma de ser. Si yo puedo notar su cariño hacia él,él, desde luego, sería tonto si no lo descubriese.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Recuerda,Eliza, que él no conoce el carácter de &lt;/span&gt;Jane&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;comotú.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Pero si unamujer está interesada por un hombre y no trata de ocultarlo, él tendrá queacabar por descubrirlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Tal vez sí,si él la ve lo bastante. Pero aunque Bingley y &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;están juntos a menudo, nunca es por mucho tiempo; y además como sólose ven en fiestas con mucha gente, no pueden hablar a solas. Así que &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;debería aprovechar al máximo cada minuto en el quepueda llamar su atención. Y cuando lo tenga seguro, ya tendrá tiempo––paraenamorarse de él todo lo que quiera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Tu plan esbueno ––contestó &lt;/span&gt;Elizabeth––, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;cuan­do lacuestión se trata sólo de casarse bien; y si yo estuviese decidida a conseguirun marido rico, o cual­quier marido, casi puedo decir que lo llevaría a cabo.Pero esos no son los sentimientos de &lt;/span&gt;Jane,&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;ellano actúa con premeditación. Todavía no puede estar segura de hasta qué punto legusta, ni el porqué. Sólo hace quince días que le conoce. Bailó cuatro vecescon él en Meryton; le vio una mañana en su casa, y desde entonces ha cenado ensu compañía cuatro veces. Esto no es suficiente para que ella conozca sucarácter.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No tal y comotú lo planteas. Si solamente hubiese cenado con él no habría descubierto otracosa que si tiene buen apetito o no; pero no debes olvidar que pasaron cuatroveladas juntos; y cuatro veladas pueden significar bastante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Sí; en esascuatro veladas lo único que pudieron hacer es averiguar qué clase de bailes lesgustaba a cada uno, pero no creo que hayan podido descubrir las cosas realmenteimportantes de su carácter.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Bueno ––dijo &lt;/span&gt;Charlotte––. &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Deseo de todo cora­zón que a&lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;le salgan las cosas bien; ysi se casase con él mañana, creo que tendría más posibilidades de ser feliz quesi se dedica a estudiar su carácter durante doce meses. La felicidad en elmatrimonio es sólo cuestión de suerte. El que una pareja crea que son iguales ose conozcan bien de antemano, no les va a traer la felicidad en absoluto. Lasdiferencias se van acentuando cada vez más hasta hacerse insoportables; siemprees mejor saber lo menos posible de la persona con la que vas a compartir tuvida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Me hacesreír, &lt;/span&gt;Charlotte; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no tienesentido. Sabes que no tiene sentido; además tú nunca actuarías de esa forma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ocupada enobservar las atenciones de Bingley para con su hermana, &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;estaba lejos de sospechar que también estabasiendo objeto de interés a los ojos del amigo de Bingley. Al principio, elseñor Darcy apenas se dignó admitir que era bonita; no había demostrado ningunaadmiración por ella en el baile; y la siguiente vez que se vieron, él sólo se fijóen ella para criticarla. Pero tan pronto como dejó claro ante sí mismo y antesus amigos que los rasgos de su cara apenas le gustaban, empezó a darse cuentade que la bella expresión de sus ojos oscuros le daban un aire deextraordinaria inteligencia. A este descubrimiento si­guieron otros igualmentemortificantes. Aunque detec­tó con ojo crítico más de un fallo en la perfectasimetría de sus formas, tuvo que reconocer que su figura era grácil y esbelta;y a pesar de que afirmaba que sus maneras no eran las de la gente refinada, sesentía atraído por su naturalidad y alegría. De este asunto&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;ella no tenía&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;la más remota idea.&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Para ella&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Darcy era&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;el&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;hombre que&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;se hacía&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;antipático donde­quiera que fuese y el hombre que no la había conside­radolo bastante hermosa como para sacarla a bailar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Darcy empezó aquerer conocerla mejor. Como paso previo para hablar con ella, se dedicó aescucharla hablar con los demás. Este hecho llamó la atención de &lt;/span&gt;Elizabeth. &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ocurrió un día en casa de &lt;/span&gt;sir &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lucas donde se había reunido un amplio grupo degente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Qué querráel señor Darcy ––le dijo ella a &lt;/span&gt;Charlotte––,&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;queha estado escuchando mi&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;conversa­cióncon el coronel Forster?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ésa es unapregunta que sólo el señor Darcy puede contestar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Si lo vuelvea hacer le daré a entender que sé lo que pretende. Es muy satírico, y si noempiezo siendo impertinente yo, acabaré por tenerle miedo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Poco después seles volvió a acercar, y aunque no parecía tener intención de hablar, laseñorita Lucas desafió a su amiga para que le mencionase el tema, lo queinmediatamente provocó a &lt;/span&gt;Elizabeth, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que se vol­vióa él y le dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿No creeusted, señor Darcy, que me expresé muy bien hace un momento, cuando le insistíaal co­ronel Forster para que nos diese un baile en Meryton?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Con gran energía;pero ése es un tema que siem­pre llena de energía a las mujeres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Es ustedsevero con nosotras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ahora nostoca insistirte a ti ––dijo la señorita Lu­cas––. Voy a abrir el piano y yasabes lo que sigue, Eliza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Qué clase deamiga eres? Siempre quieres que cante y que toque delante de todo el mundo. Sime hubiese llamado Dios por el camino de la música, serías una amiga deincalculable valor; pero como no es así, preferiría no tocar delante de genteque debe estar acostumbrada a escuchar a los mejores músicos ––pero como laseñorita Lucas insistía, añadió––: Muy bien, si así debe ser será ––y mirandofríamente a Darcy dijo––: Hay un viejo refrán que aquí todo el mundo conoce muybien, «guárdate el aire para enfriar la sopa»&lt;i&gt;, &lt;/i&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-style: italic;"&gt;y&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;yo lo guardaré para mi canción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El concierto de&lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;fue agradable, pero noextraordinario. Después de una o dos canciones y antes de que pudiese complacerlas peticiones de al­gunos que querían que cantase otra vez, fue reemplazada alpiano por su hermana &lt;/span&gt;Mary, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que como era lamenos brillante de la familia, trabajaba duramente para adquirir conocimientosy habilidades que siempre esta­ba impaciente por demostrar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Mary &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no tenía ni talento ni gusto; y aunque la vanidad lahabía hecho aplicada, también le había dado un aire pedante y modales afectadosque deslucirían cualquier brillantez superior a la que ella había alcan­zado. A&lt;/span&gt;Elizabeth, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;aunque había tocado la mitadde bien, la habían escuchado con más agrado por su soltura y sencillez; &lt;/span&gt;Mary, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;al final de su largo concierto, no obtuvo más queunos cuantos elogios por las melodías escocesas e irlandesas que había tocado aruegos de sus hermanas menores que, con alguna de las Lucas y dos o tresoficiales, bailaban alegremente en un extremo del salón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Darcy, a quienindignaba aquel modo de pasar la velada, estaba callado y sin humor parahablar; se hallaba tan embebido en sus propios pensamientos que no se fijó enque &lt;/span&gt;sir William &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lucas estaba asu lado, hasta que éste se dirigió a él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Quéencantadora diversión para la juventud, señor Darcy! Mirándolo bien, no haynada como el baile. Lo considero como uno de los mejores refina­mientos de lassociedades más distinguidas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;sup&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ciertamente,señor, y también tiene la ventaja de estar de moda entre las sociedades menosdistinguidas del mundo; todos los salvajes bailan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Sir William &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;esbozó una sonrisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Su amigobaila maravillosamente ––continuó des­pués de una pausa al ver a Bingley unirseal grupo–– y no dudo, señor Darcy, que usted mismo sea un exper­to en lamateria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Me vio bailaren Meryton, creo, señor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Desde luegoque sí, y me causó un gran placer verle. ¿Baila usted a menudo en &lt;/span&gt;Saint &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;James? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Nunca, señor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;¿No cree quesería un cumplido para con ese lugar? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Es uncumplido que nunca concedo en ningún lugar, si puedo evitarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Creo quetiene una casa en la capital. El señor Darcy asintió con la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Pensé algunasveces en fijar mi residencia en la ciudad, porque me encanta la alta sociedad;pero no estaba seguro de que el aire de Londres le sentase bien a &lt;/span&gt;lady &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lucas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Sir William &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;hizo una pausa con laesperanza de una respuesta, pero su compañía no estaba dispuesto a hacerninguna. Al ver que &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se lesacercaba, se le ocurrió hacer algo que le pareció muy galante de su parte y lallamó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Mi queridaseñorita Eliza, ¿por qué no está bai­lando? Señor Darcy, permítame que lepresente a esta joven que puede ser una excelente pareja. Estoy segu­ro de queno puede negarse a bailar cuando tiene ante usted tanta belleza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;st1:personname w:st="on"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Tom&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;ó a &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;de la mano con la intención de pasársela aDarcy; quien, aunque extremadamente sorprendido, no iba a rechazarla; pero &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;le volvió la espalda y le dijo a &lt;/span&gt;sir William &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;un tanto desconcertada:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––De veras,señor, no tenía la menor intención de bailar. Le ruego que no suponga que he venidohasta aquí para buscar pareja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El señor Darcy,con toda corrección le pidió que le concediese el honor de bailar con él, perofue en vano. &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;estabadecidida, y ni siquiera &lt;/span&gt;sir William, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;con todos susargumentos, pudo persuadirla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Usted es excelenteen el baile, señorita Eliza, y es muy cruel por su parte negarme lasatisfacción de verla; y aunque a este caballero no le guste este entretenimiento,estoy seguro de que no tendría incon­veniente en complacernos durante mediahora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––El señor Darcyes muy educado ––dijo &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;sonriendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Lo es, enefecto; pero considerando lo que le induce, querida Eliza, no podemos dudar desu corte­sía; porque, ¿quién podría rechazar una pareja tan encantadora?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;les miró con coquetería y se retiró. Suresistencia no le había perjudicado nada a los ojos del caballero, que estabapensando en ella con satisfacción cuando fue abordado por la señorita Bingley. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Adivino porqué está tan pensativo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Creo que no.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Está pensandoen lo insoportable que le sería pasar más veladas de esta forma, en unasociedad como ésta; y por supuesto, soy de su misma opinión. Nunca he estadomás enojada. ¡Qué gente tan insípida y qué alboroto arman! Con loinsignificantes que son y qué importancia se dan. Daría algo por oír suscríticas sobre ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Susconjeturas son totalmente equivocadas. Mi mente estaba ocupada en cosas másagradables. Estaba meditando sobre el gran placer que pueden causar un par deojos bonitos en el rostro de una mujer her­mosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La señoritaBingley le miró fijamente deseando que le dijese qué dama había inspirado talespensamientos. El señor Darcy, intrépido, contestó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––La señorita &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Bennet.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡La señoritaBennet! Me deja atónita. ¿Desde cuándo es su favorita? Y dígame, ¿cuándo tendréque darle la enhorabuena?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ésa esexactamente la pregunta que esperaba que me hiciese. La imaginación de una damava muy rápido y salta de la admiración al amor y del amor al matrimonio en unmomento. Sabía que me daría la enhorabuena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Si lo tomatan en serio, creeré que es ya cosa hecha. Tendrá usted una suegra encantadora,de veras, y ni que decir tiene que estará siempre en Pemberley con ustedes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Él la escuchabacon perfecta indiferencia, mientras ella seguía disfrutando con las cosas quele decía; y al ver, por la actitud de Darcy, que todo estaba a salvo, dejócorrer su ingenio durante largo tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;CAPÍTULO VII&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;La&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;propiedad del señor Bennet consistía casi enteramente en una haciendade dos mil libras al año, la cual, desafortunadamente para sus hijas, estabadestinada, por falta de herederos varones, a un pariente lejano; y la fortunade la madre, aunque abundante para su posición, difícilmente podía suplir a lade su marido. Su padre había sido abogado en Meryton y le había dejado cuatromil libras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;La señoraBennet tenía una hermana casada con un tal señor &lt;/span&gt;Phillips &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que había sido empleado de su padre y le había sucedido en losnegocios, y un hermano en Londres que ocupaba un respetable lugar en el co­mercio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El pueblo deLongbourn estaba sólo a una milla de Meryton, distancia muy conveniente paralas señoritas, que normalmente tenían la tentación de ir por allí tres o cuatroveces a la semana para visitar a su tía y, de paso, detenerse en unasombrerería que había cerca de su casa. Las que más frecuentaban Meryton eranlas dos menores, &lt;/span&gt;Catherine &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que solíanestar más ociosas que sus hermanas, y cuando no se les ofrecía nada mejor,decidían que un paseíto a la ciudad era necesario para pasar bien la mañana yasí tener conver­sación para la tarde; porque, aunque las noticias no solíanabundar en el campo, su tía siempre tenía algo que contar. De momento estabanbien provistas de chismes y de alegría ante la reciente llegada de unregimiento militar&lt;i&gt; &lt;/i&gt;que iba a quedarse todo el invier­no y tenía en Merytonsu cuartel general.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ahora lasvisitas a la señora &lt;/span&gt;Phillips &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;proporciona­banuna información de lo más interesante. Cada día añadían algo más a lo que yasabían acerca de los nombres y las familias de los oficiales. El lugar donde sealojaban ya no era un secreto y pronto empezaron a conocer a los oficiales enpersona.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El señor &lt;/span&gt;Phillips &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;los conocía a todos, lo que consti­tuía parasus sobrinas una fuente de satisfacción insos­pechada. No hablaba de otra cosaque no fuera de oficiales. La gran fortuna del señor Bingley, de la que tantole gustaba hablar a su madre, ya no valía la pena comparada con el uniforme deun alférez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Después de oíruna mañana el entusiasmo con el que sus hijas hablaban del tema, el señorBennet observó fríamente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Por todo lo quepuedo sacar en limpio de vuestra manera de hablar debéis de ser las muchachasmás tontas de todo el país. Ya había tenido mis sospechas algunas veces, peroahora estoy convencido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Catherine &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se quedó desconcertada y no contestó. &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;con absolutaindiferencia, siguió expresando su admiración por el capitán &lt;/span&gt;Carter, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y dijo que esperaba verle aquel mismo día,pues a la mañana siguiente se marchaba a Londres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Me dejapasmada, querido ––dijo la señora Ben­net––, lo dispuesto que siempre estás acreer que tus hijas son tontas. Si yo despreciase a alguien, sería a las hijasde los demás, no a las mías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Si mis hijasson tontas, lo menos que puedo hacer es reconocerlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Sí, pero yaves, resulta que son muy listas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Presumo queese es el único punto en el que no estamos de acuerdo. Siempre deseé coincidircontigo en todo, pero en esto difiero, porque nuestras dos hijas menores sontontas de remate.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Mi queridoseñor Bennet, no esperarás que estas niñas &lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;sub&gt;.&lt;/sub&gt;tengan tanto sentidocomo sus padres. Cuando tengan nuestra edad apostaría a que piensan enoficiales tanto como nosotros. Me acuerdo de una época en la que me gustó muchoun casaca roja, y la verdad es que todavía lo llevo en mi corazón. Y si unjoven coronel con cinco o seis mil libras anuales quisiera a una de mis hijas,no le diría que no. Encontré muy bien al coronel Forster la otra noche en casade &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;sir William.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Mamá ––dijo &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: DE;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;la tía dice queel coronel Forster y el capitán &lt;/span&gt;Carter &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;ya no van tantoa casa de los Watson como antes. Ahora los ve mucho en la biblioteca de Clarke.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La señoraBennet no pudo contestar al ser interrum­pida por la entrada de un lacayo quetraía una nota para la señorita Bennet; venía de Netherfield y el criadoesperaba respuesta. Los ojos de la señora Bennet brillaban de alegría y estabaimpaciente por que su hija acabase de leer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Bien, &lt;/span&gt;Jane, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;¿de quién es?, ¿de qué se trata?, ¿qué dice? Dateprisa y dinos, date prisa, cariño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Es de laseñorita Bingley ––dijo &lt;/span&gt;Jane, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y entonces leyóen voz alta:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;«Mi queridaamiga:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Si tienes compasiónde nosotras, ven a cenar hoy con &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Louisa &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y conmigo, si no, estaremos en peligro de odiarnosla una a la otra el resto de nuestras vidas, porque dos mujeres juntas todo eldía no pueden acabar sin pelearse. Ven tan pronto como te sea posi­ble, despuésde recibir esta nota. Mi hermano y los otros señores cenarán con los oficiales.Saludos,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;st1:personname w:st="on"&gt;Carol&lt;/st1:personname&gt;ine &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Bingley.»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Con losoficiales! ––exclamó &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia––. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;¡Qué raro que la tía no nos lo haya dicho!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Cenar fuera!––dijo la señora Bennet––. ¡Qué mala suerte!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Puedo llevarel carruaje? ––preguntó &lt;/span&gt;Jane. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No, querida;es mejor que vayas a caballo, porque parece que va a llover y así tendrás quequedarte a pasar la noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Sería un buenplan ––dijo &lt;/span&gt;Elizabeth––, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;si estuvie­rassegura de que no se van a ofrecer para traerla a casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Oh, losseñores llevarán el landó del señor Bin­gley a Meryton y los &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no tienencaballos propios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Preferiría iren el carruaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Pero querida,tu padre no puede prestarte los caba­llos. Me consta. Se necesitan en lagranja. ¿No es así, señor Bennet?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Se necesitanmás en la granja de lo que yo puedo ofrecerlos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Si puedesofrecerlos hoy ––dijo &lt;/span&gt;Elizabeth––, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;los deseos demi madre se verán cumplidos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Al final animóal padre para que admitiese que los caballos estaban ocupados. Y, por fin, &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se vio obligada a ir a caballo. Su madre la acompañóhasta la puerta pronosticando muy contenta un día pésimo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Sus esperanzasse cumplieron; no hacía mucho que se había ido &lt;/span&gt;Jane, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;cuando empezó a llover a cántaros. Las hermanas se quedaronintranquilas por ella, pero su madre estaba encantada. No paró de llover entoda la tarde; era obvio que &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no podríavolver...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Verdaderamente,tuve una idea muy acertada ––repetía la señora Bennet.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Sin embargo,hasta la mañana siguiente no supo nada del resultado de su oportunaestratagema. Ape­nas había acabado de desayunar cuando un criado de Netherfieldtrajo la siguiente nota para &lt;/span&gt;Elizabeth:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;«Mi queridaLizzy:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;No me encuentromuy bien esta mañana, lo que, supongo, se debe a que ayer llegue calada hastalos huesos. Mis amables amigas no quieren ni oírme hablar de volver a casahasta que no esté mejor. Insisten en que me vea el señor &lt;/span&gt;Jones; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;por lo tanto, no os alarméis si os enteráisde que ha venido a visitarme. No tengo nada más que dolor de garganta y dolorde cabeza. Tuya siempre,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Jane.»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Bien, querida––dijo el señor Bennet una vez &lt;/span&gt;Eli­zabeth&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;huboleído la nota en alto––, si &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;contrajera unaenfermedad peligrosa o se muriese sería un con­suelo saber que todo fue porconseguir al señor Bin­gley y bajo tus órdenes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Oh! No tengomiedo de que se muera. La gente no se muere por pequeños resfriados sinimportancia. Tendrá buenos cuidados. Mientras esté allí todo irá de maravilla.Iría a verla, si pudiese disponer del coche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Elizabeth, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que estaba verdaderamente preocupada, tomó ladeterminación de ir a verla. Como no podía disponer del carruaje y no era buenaamazona, caminar era su única alternativa. Y declaró su decisión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Cómo puedesser tan tonta? exclamó su ma­dre––. ¿Cómo se te puede ocurrir tal cosa? ¡Con elbarro que hay! ¡Llegarías hecha una facha, no estarías presentable!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Estaríapresentable para ver a &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que es todo loque yo deseo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Es unaindirecta para que mande a buscar los caballos, Lizzy? ––dijo su padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No, enabsoluto. No me importa caminar. No hay distancias cuando se tiene un motivo.Son sólo tres millas. Estaré de vuelta a la hora de cenar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Admiro laactividad de tu benevolencia ––obser­vó &lt;/span&gt;Mary––;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;perotodo impulso del sentimiento debe estar dirigido por la razón, y a mi juicio,el esfuerzo debe ser proporcional a lo que se pretende.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Iremoscontigo hasta Meryton ––dijeron &lt;/span&gt;Catheri­ne&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia. &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;aceptó su compañía y las tres jóvenessalieron juntas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Si nos damosprisa ––dijo &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;mientras caminaba––, tal vez podamos ver al capitán &lt;/span&gt;Carter &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;antes de que se vaya.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;En Meryton sesepararon; las dos menores se diri­gieron a casa de la esposa de uno de losoficiales y &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;continuó sucamino sola. Cruzó campo tras campo a paso ligero, saltó cercas y sorteó charcoscon impaciencia hasta que por fin se encontró ante la casa, con los tobillosempapados, las medias sucias y el rostro encendido por el ejercicio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;La pasaron alcomedor donde estaban todos reuni­dos menos &lt;/span&gt;Jane,&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;ydonde su presencia causó gran sorpresa. A la señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y a la señorita Bingley lesparecía increíble que hubiese caminado tres millas sola, tan temprano y con untiempo tan espantoso. &lt;/span&gt;Eliza­beth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;quedóconvencida de que la hicieron de menos por ello. No obstante, la recibieron conmucha corte­sía, pero en la actitud del hermano había algo más que cortesía:había buen humor y amabilidad. El señor Darcy habló poco y el señor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;nada de nada.El primero fluctuaba entre la admiración por la luminosi­dad que el ejerciciole había dado a su rostro y la duda de si la ocasión justificaba el que hubiesevenido sola desde tan lejos. El segundo sólo pensaba en su desayuno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Las preguntasque &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;hizo acerca de su hermana nofueron contestadas favorablemente. La señorita Bennet había dormido mal, y,aunque se había levantado, tenía mucha fiebre y no estaba en condicio­nes desalir de su habitación. &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se alegró deque la llevasen a verla inmediatamente; y &lt;/span&gt;Jane,&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;quese había contenido de expresar en su nota cómo deseaba esa visita, por miedo a serinconveniente o a alarmar­los, se alegró muchísimo al verla entrar. A pesar detodo no tenía ánimo para mucha conversación. Cuan­do la señorita Bingley lasdejó solas, no pudo formular más que gratitud por la extraordinaria amabilidadcon que la trataban en aquella casa. &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;laatendió en silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Cuando acabó eldesayuno, las hermanas Bingley se reunieron con ellas; y a &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;empezaron a pare­cerle simpáticas al ver elafecto y el interés que mostra­ban por &lt;/span&gt;Jane.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Vinoel médico y examinó a la paciente, declarando, como era de suponer, que habíacogido un fuerte resfriado y que debían hacer todo lo posible por cuidarla. Lerecomendó que se metiese otra vez en la cama y le recetó algunas medicinas.Siguieron las instrucciones del médico al pie de la letra, ya que la fiebrehabía aumentado y el dolor de cabeza era más agudo. &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no abandonó la habitación ni un solo instantey las otras señoras tampoco se ausentaban por mucho tiempo. Los señores estabanfuera porque en realidad nada tenían que hacer allí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Cuando dieronlas tres, &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;comprendió quedebía marcharse, y, aunque muy en contra de su voluntad, así lo expresó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;La señoritaBingley le ofreció el carruaje; &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;sóloestaba esperando que insistiese un poco más para aceptarlo, cuando &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;comunicó su deseo de marchar­se con ella; por lo quela señorita Bingley se vio obligada a convertir el ofrecimiento del landó enuna invitación para que se quedase en Netherfield. &lt;/span&gt;Eliza­beth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;aceptó muy agradecida, y mandaron un criado aLongbourn para hacer saber a la familia que se queda­ba y para que le enviasenropa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;CAPÍTULO VIII&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;A las cinco lasseñoras se retiraron para vestirse y a las seis y media llamaron a &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;para que bajara a cenar. Ésta no pudocontestar favorablemente a las atentas preguntas que le hicieron y en lascuales tuvo la satisfacción de distinguir el interés especial del señorBingley. &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no había mejo­rado nada; aloírlo, las hermanas repitieron tres o cuatro veces cuánto lo lamentaban, lohorrible que era tener un mal resfriado y lo que a ellas les molestaba estarenfermas. Después ya no se ocuparon más del asunto. Y su indiferencia hacia &lt;/span&gt;Jane, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;en cuanto no la tenían delante, volvió a despertaren &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;la antipatía que enprincipio había sentido por ellas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;En realidad,era a Bingley al único del grupo que ella veía con agrado. Su preocupación por &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;era evidente, y las atenciones que tenía con &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;eran lo que evitaba que se sintiese como unaintrusa, que era como los demás la consideraban. Sólo él parecía darse cuentade su presencia. La señorita Bingley estaba absorta con el señor Darcy; suhermana, más o menos, lo mismo; en cuanto al señor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que estaba sentado al ladode &lt;/span&gt;Elizabeth, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;era un hom­bre indolente queno vivía más que para comer, be­ber y jugar a las cartas. Cuando supo que &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;prefería un plato sencillo a un &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ragout,&lt;/i&gt; ya no tuvo nada de qué hablarcon ella. Cuando acabó la cena, &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;volvióinmediatamente junto a &lt;/span&gt;Jane. &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Nada más salirdel comedor, la señorita Bingley empezó a criticarla. Sus modales eran, enefecto, pésimos, una mezcla de orgullo e impertinencia; no tenía conversa­ción,ni estilo, ni gusto, ni belleza. La señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;opinaba lo mismo y añadió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––En resumen,lo único que se puede decir de ella es que es una excelente caminante. Jamásolvidaré cómo apareció esta mañana. Realmente parecía medio salvaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;En efecto, &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Louisa. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Cuando la vi,casi no pude contenerme. ¡Qué insensatez venir hasta aquí! ¿Qué necesidad habíade que corriese por los campos sólo porque su hermana tiene un resfriado? ¡Cómotraía los cabellos, tan despeinados, tan desaliñados!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Sí. ¡Y lasenaguas! ¡Si las hubieseis visto! Con más de una cuarta de barro. Y el abrigoque se había puesto para taparlas, desde luego, no cumplía su co­metido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Tu retratopuede que sea muy exacto, &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Louisa &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––dijo Bingley––, pero todo eso a mí me pasóinadverti­do. Creo que la señorita &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Bennettenía un aspecto inmejorable al entrar en el salón esta mañana. Casi no me dicuenta de que llevaba las faldas sucias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Estoy segurade que usted sí que se fijó, señor Darcy ––dijo la señorita Bingley––; y mefiguro que no le gustaría que su hermana diese semejante espec­táculo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Claro que no.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Caminar tresmillas, o cuatro, o cinco, o las que sean, con el barro hasta los tobillos ysola, completa­mente sola! ¿Qué querría dar a entender? Para mí, eso demuestrauna abominable independencia y presun­ción, y una indiferencia por el decoropropio de la gente del campo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Lo quedemuestra es un apreciable cariño por su hermana ––dijo Bingley.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Me temo,señor Darcy ––observó la señorita Bingley a media voz––, que esta aventurahabrá afecta­do bastante la admiración que sentía usted por sus bellos ojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––En absoluto––respondió Darcy––; con el ejerci­cio se le pusieron aun más brillantes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;A estaintervención siguió una breve pausa, y la señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;empezó de nuevo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Le tengo granestima a &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Bennet, es en verdad unamuchacha encantadora, y desearía con todo mi corazón que tuviese mucha suerte.Pero con semejantes padres y con parientes de tan poca clase, me temo que no vaa tener muchas oportunidades.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Creo que tehe oído decir que su tío es abogado en Meryton.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Sí, y tieneotro que vive en algún sitio cerca de Cheapside.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Colosal!añadió su hermana. Y las dos se echa­ron a reír a carcajadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Aunque todoCheapside estuviese lleno de tíos suyos ––exclamó Bingley––, no por ello seríanlas Bennet menos agradables.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Pero lesdisminuirá las posibilidades de casarse con hombres que figuren algo en elmundo ––respon­dió Darcy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Bingley no hizoningún comentario a esta observa­ción de Darcy. Pero sus hermanas asintieronencanta­das, y estuvieron un rato divirtiéndose a costa de los vulgaresparientes de su querida amiga.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Sin embargo, enun acto de renovada bondad, al salir del comedor pasaron al cuarto de laenferma y se sentaron con ella hasta que las llamaron para el café. &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se encontraba todavía muy mal, y &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no la dejaría hasta más tarde, cuando sequedó tranquila al ver que estaba dormida, y entonces le pareció que debía irabajo, aunque no le apeteciese nada. Al entrar en el salón los encontró a todosjugando al &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;loo, &lt;/i&gt;e inmediatamente lainvitaron a que les acompañase. Pero ella, temiendo que estuviesen jugandofuerte, no aceptó, y, utilizando a su hermana como excusa, dijo que seentretendría con un libro durante el poco tiempo que podría permanecer abajo.El señor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;lamiró con asombro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Prefieresleer a jugar?––le dijo––. Es muy extraño. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––La señorita &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Bennet ––dijo la señorita Bingley–– desprecialas cartas. Es una gran lectora y no encuentra placer en nada más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––No merezco niese elogio ni esa censura excla­mó &lt;/span&gt;Elizabeth––.&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Nosoy una gran lectora y encuentro placer en muchas cosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Como, porejemplo, en cuidar a su hermana ––intervino Bingley––, y espero que ese placeraumen­te cuando la vea completamente repuesta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se lo agradeció de corazón y se dirigió a unamesa donde había varios libros. Él se ofreció al instante para ir a buscarotros, todos los que hubiese en su biblioteca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Desearía quemi colección fuese mayor para bene­ficio suyo y para mi propio prestigio; perosoy un hombre perezoso, y aunque no tengo muchos libros, tengo más de los quepueda llegar a leer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;le aseguró que con los que había en lahabitación tenía de sobra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Me extraña––dijo la señorita Bingley–– que mi padre haya dejado una colección de librostan peque­ña. ¡Qué estupenda biblioteca tiene usted en Pember­ley, señor Darcy!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Tiene que serbuena ––contestó––; es obra de muchas generaciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Y ademásusted la ha aumentado considerable­mente; siempre está comprando libros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No puedocomprender que se descuide la biblio­teca de una familia en tiempos como éstos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Descuidar!Estoy segura de que usted no descui­da nada que se refiera a aumentar la bellezade ese noble lugar. Charles, cuando construyas tu casa, me conformaría con quefuese &lt;/span&gt;la &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;mitad de bonita que Pemberley.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ojalá pueda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Pero yo teaconsejaría que comprases el terreno cerca de Pemberley y que lo tomases comomodelo. No hay condado más bonito en Inglaterra que &lt;/span&gt;Derbyshire.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ya lo creoque lo haría. Y compraría el mismo Pemberley si Darcy lo vendiera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Hablo deposibilidades, Charles. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Sinceramente,&lt;/span&gt;&lt;st1:personname w:st="on"&gt;Carol&lt;/st1:personname&gt;ine, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;preferiría conseguir Pem­berley comprándolo queimitándolo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;estaba demasiado absorta en lo que ocu­rríapara poder prestar la menor atención a su libro; no tardó en abandonarlo, seacercó a la mesa de juego y se colocó entre Bingley y su hermana mayor paraobservar la partida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Ha crecidola señorita Darcy desde la primavera? ––preguntó la señorita Bingley––. ¿Seráya tan alta como yo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Creo que sí.Ahora será de la estatura de la señori­ta &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Bennet,o más alta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Qué ganastengo de volver a verla! Nunca he conocido a nadie que me guste tanto. ¡Quéfigura, qué modales y qué talento para su edad! Toca el piano de un modoexquisito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Me asombra––dijo Bingley–– que las jóvenes tengan tanta paciencia para aprender tanto, ylleguen a ser tan perfectas como lo son todas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;––¡Todas &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;las jóvenesperfectas! Mi querido Charles, ¿qué dices?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Sí, todas.Todas pintan, forran biombos y hacen bolsitas de malla. No conozco a ningunaque no sepa hacer todas estas cosas, y nunca he oído hablar de una damita porprimera vez sin que se me informara de que era perfecta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Tu lista delo que abarcan comúnmente esas perfecciones ––dijo Darcy–– tiene mucho deverdad. El adjetivo se aplica a mujeres cuyos conocimientos no son otros quehacer bolsos de malla o forrar biombos. Pero disto mucho de estar de acuerdoconti­go en lo que se refiere a tu estimación de las damas en general. De todaslas que he conocido, no puedo alardear de conocer más que a una media docenaque sean realmente perfectas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ni yo, desdeluego ––dijo la señorita Bingley. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 35.4pt; text-align: left; text-indent: 0.05pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Entoncesobservó &lt;/span&gt;Elizabeth–– &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;debe ser que suconcepto de la mujer perfecta es muy exigente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 35.4pt; text-align: left; text-indent: 0.05pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Sí, es muyexigente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Oh, desdeluego! exclamó su fiel colaborado­ra––. Nadie puede estimarse realmenteperfecto si no sobrepasa en mucho lo que se encuentra normalmente. Una mujerdebe tener un conocimiento profundo de música, canto, dibujo, baile y lenguasmodernas. Y además de todo esto, debe poseer un algo especial en su aire ymanera de andar, en el tono de su voz, en su trato y modo de expresarse; puesde lo contrario no merecería el calificativo más que a medias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Debe poseertodo esto ––agregó Darcy––, y a ello hay que añadir algo más sustancial en eldesarrollo de su inteligencia por medio de abundantes lecturas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No mesorprende ahora que conozca sólo a seis mujeres perfectas. Lo que me extraña esque conozca a alguna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¿Tan severaes usted con su propio sexo que duda de que esto sea posible?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Yo nunca hevisto una mujer así. Nunca he visto tanta capacidad, tanto gusto, tantaaplicación y tanta elegancia juntas como usted describe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;La señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y la señoritaBingley protestaron contra la injusticia de su implícita duda, afirmando queconocían muchas mujeres que respondían a dicha descripción, cuando el señor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;las llamó alorden quejándose amargamente de que no prestasen atención al juego. Como laconversación parecía haber termina­do, &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;notardó en abandonar el salón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––dijo la señorita Bingleycuando la puerta se hubo cerrado tras ella–– es una de esas muchachas quetratan de hacerse agradables al sexo opuesto desacreditando al suyo propio; nodiré que no dé resultado con muchos hombres, pero en mi opinión es un trucovil, una mala maña.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Indudablemente––respondió Darcy, a quien iba dirigida principalmente esta observación–– hayvileza en todas las artes que las damas a veces se rebajan a emplear paracautivar a los hombres. Todo lo que tenga algo que ver con la astucia esdespreciable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;La señoritaBingley no quedó lo bastante satisfecha con la respuesta como para continuarcon el tema. &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se reunió denuevo con ellos sólo para decirles que su hermana estaba peor y que no podíadejarla. Bingley decidió enviar a alguien a buscar inmediatamente al doctor &lt;/span&gt;Jones; &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;mientras que sus hermanas, convencidas de quela asistencia médica en el campo no servía para nada, propusieron enviar aalguien a la capital para que trajese a uno de los más eminentes doctores. &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no quiso ni oír hablar de esto último, perono se oponía a que se hiciese lo que decía el hermano. De manera que se acordóman­dar a buscar al doctor &lt;/span&gt;Jones &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;temprano a lamañana siguiente si &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no seencontraba mejor. Bingley estaba bastante preocupado y sus hermanas estaban muyafligidas. Sin embargo, más tarde se consolaron cantando unos dúos, mientrasBingley no podía en­contrar mejor alivio a su preocupación que dar órde­nes asu ama de llaves para que se prestase toda atención posible a la enferma y a suhermana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;CAPÍTULO IX&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Elizabeth pasóla mayor parte de la noche en la habitación de su hermana, y por la mañana tuvoel placer de poder enviar una respuesta satisfactoria a las múltiples preguntasque ya muy temprano venía recibiendo, a través de una sirvienta de Bingley; ytambién a las que más tarde recibía de las dos elegantes damas de compañía delas hermanas. A pesar de la mejoría, &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;pidióque se mandase una nota a Longbourn, pues quería que su madre viniese a visitara &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;para que ella misma juzgasela situación. La nota fue despachada inmediatamente y la respuesta a sucontenido fue cumplimentada con la misma rapidez. La señora Bennet, acompañadade sus dos hijas menores, llegó a Netherfield poco después del desayuno de lafamilia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Si hubieseencontrado a &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;en peligroaparente, la señora Bennet se habría disgustado mucho; pero que­dándosesatisfecha al ver que la enfermedad no era alarmante, no tenía ningún deseo deque se recobrase pronto, ya que su cura significaría marcharse de Ne­therfield.Por este motivo se negó a atender la petición de su hija de que se la llevase acasa, cosa que el médico, que había llegado casi al mismo tiempo, tampoco juzgóprudente. Después de estar sentadas un rato con &lt;/span&gt;Jane, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;apareció la señorita Bingley y las invitó a pasar al comedor. La madrey las tres hijas la siguie­ron. Bingley las recibió y les preguntó por &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;con la esperanza de que la señora Bennet no hubieseencon­trado a su hija peor de lo que esperaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Puesverdaderamente, la he encontrado muy mal ––respondió la señora Bennet––. Tanmal que no es posible llevarla a casa. El doctor &lt;/span&gt;Jones &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;dice que no debemos pensar en trasladarla. Tendremos que abusar unpoco más de su amabilidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Trasladarla!––exclamó Bingley––. ¡Ni pensarlo! Estoy seguro de que mi hermana también seopondrá a que se vaya a casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Puede ustedconfiar, señora ––repuso la señorita Bingley con fría cortesía––, en que a laseñorita Bennet no le ha de faltar nada mientras esté con nosotros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Estoy segura––añadió––­ de que, a no ser por tan buenos amigos, no sé qué habría sido deella, porque está muy enferma y sufre mucho; aunque eso sí, con la mayorpaciencia del mundo, como hace siempre, por­que tiene el carácter más dulce queconozco. Muchas veces les digo a mis otras hijas que no valen nada a su lado.¡Qué bonita habitación es ésta, señor Bingley, y qué encantadora vista tiene alos senderos de jar­dín! Nunca he visto un lugar en todo el país compara­ble aNetherfield. Espero que no pensará dejarlo re­pentinamente, aunque lo hayaalquilado por poco tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Yo todo lohago repentinamente ––respondió Bingley––. Así que si decidiese dejarNetherfield, probablemente me iría en cinco minutos. Pero, por ahora, meencuentro bien aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Eso esexactamente lo que yo me esperaba de usted ––dijo &lt;/span&gt;Elizabeth.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Empieza usteda comprenderme, ¿no es así? ––exclamó Bingley&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;volviéndose hacia ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––¡Oh, sí! Lecomprendo perfectamente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Desearíatomarlo como un cumplido; pero me temo que el que se me conozca fácilmente eslamen­table.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Es como es.Ello no significa necesariamente que un carácter profundo y complejo sea más omenos estimable que el suyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Lizzy––exclamó su madre––, recuerda dónde estás y deja de comportarte con esaconducta intolera­ble a la que nos tienes acostumbrados en casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––No sabía quese dedicase usted a estudiar el carácter de las personas ––prosiguió Bingleyinmediata­mente––. Debe ser un estudio apasionante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Sí; y loscaracteres complejos son los más apasio­nantes de todos. Por lo menos, tienenesa ventaja. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––El campo––dijo Darcy–– no puede proporcionar muchos sujetos para tal estudio. En unpueblo se mueve uno en una sociedad invariable y muy limitada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Pero la gentecambia tanto, que siempre hay en ellos algo nuevo que observar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ya lo creoque sí ––exclamó la señora Bennet, ofendida por la manera en la que habíahablado de la gente del campo––; le aseguro que eso ocurre lo mismo en el campoque en la ciudad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Todo el mundose quedó sorprendido. Darcy la miró un momento y luego se volvió sin decirnada. La señora Bennet creyó que había obtenido una victoria aplastante sobreél y continuó triunfante:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Por mi parteno creo que Londres tenga ninguna ventaja sobre el campo, a no ser por lastiendas y los lugares públicos. El campo es mucho más agradable. ¿No es así,señor Bingley?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Cuando estoyen el campo ––contestó–– no deseo irme, y cuando estoy en la ciudad me pasa lomismo. Cada uno tiene sus ventajas y yo me encuentro igual­mente a gusto en losdos sitios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Claro, porqueusted tiene muy buen carácter. En cambio ese caballero ––dijo mirando aDarcy&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;–no parece que tenga muy buenaopinión del campo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Mamá, estásmuy equivocada ––intervino &lt;/span&gt;Eliza­beth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;sonrojándosepor la imprudencia de su madre––, interpretas mal al señor Darcy. Él sóloquería decir que en el campo no se encuentra tanta variedad de gente como en laciudad. Lo que debes reconocer que es cierto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Ciertamente,querida, nadie dijo lo contrario, pero eso de que no hay mucha gente en estavecindad, creo que hay pocas tan grandes como la nuestra. Yo he llegado a cenarcon veinticuatro familias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Nada, si nofuese su consideración por &lt;/span&gt;Eliza­beth, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;podría haberhecho contenerse a Bingley. Su hermana fue menos delicada, y miró a Darcy conuna sonrisa muy expresiva. &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;quiso deciralgo para cambiar de conversación y le preguntó a su madre si &lt;/span&gt;Charlotte &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lucas había estado en Longbourn desde queella se había ido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Sí, nosvisitó ayer con su padre. ¡Qué hombre tan agradable es &lt;/span&gt;sir William! &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;¿Verdad, señor Bingley? ¡Tandistinguido, tan gentil y tan sencillo! Siempre tiene una palabra agradablepara todo el mundo. Esa es la idea que yo tengo de lo que es la buenaeducación; esas personas que se creen muy importantes y nunca abren la boca, notienen idea de educación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Cenó &lt;/span&gt;Charlotte &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;con vosotros?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––No, se fue acasa. Creo que la necesitaban para hacer el pastel de carne. Lo que es yo,señor Bingley, siempre tengo sirvientes que saben hacer su trabajo. Mis hijasestán educadas de otro modo. Pero cada cual que se juzgue a sí mismo. Las Lucasson muy buenas chicas, se lo aseguro. ¡Es una pena que no sean boni­tas! No esque crea que &lt;/span&gt;Charlotte &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;sea muy fea; enfin, sea como sea, es muy amiga nuestra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Parece unajoven muy agradable ––dijo Bingley. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Oh! sí, perodebe admitir que es bastante feúcha. La misma &lt;/span&gt;lady &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lucas lo dice muchas veces, y me envidia por la belleza de &lt;/span&gt;Jane. &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;No me gusta alabar a mis propias hijas, pero laverdad es que no se encuen­tra a menudo a alguien tan guapa como &lt;/span&gt;Jane. &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Yo no puedo ser imparcial, claro; pero es que lodice todo el mundo. Cuando sólo tenía quince años, había un caballero que vivíaen casa de mi hermano &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Gardiner &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;en la ciudad, y que estaba tan enamorado de &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que mi cuñada aseguraba que se declararía antes deque nos fuéramos. Pero no lo hizo. Probablemente pensó que era demasiado joven.Sin embargo, le escribió unos versos, y bien bonitos que eran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Y así terminósu amor ––dijo &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;con impa­ciencia––.Creo que ha habido muchos que lo vencie­ron de la misma forma. Me preguntoquién sería el primero en descubrir la eficacia de la poesía para acabar con elamor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Yo siempre heconsiderado que la poesía es el &lt;i&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-weight: bold;"&gt;alimento&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;del amor ––dijo Darcy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––De un granamor, sólido y fuerte, puede. Todo nutre a lo que ya es fuerte de por sí. Perosi es solo una inclinación ligera, sin ninguna base, un buen soneto la acabaríamatando de hambre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Darcy se limitóa sonreír. Siguió un silencio general que hizo temer a &lt;/span&gt;Elizabeth &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que su madre volviese a hablar de nuevo. Laseñora Bennet lo deseaba, pero no sabía qué decir, hasta que después de unapequeña pausa empezó a reiterar su agradecimiento al señor Bingley por suamabilidad con &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y se disculpópor las molestias que también pudiera estar causando Lizzy. El señor Bingleyfue cortés en su respuesta, y obligó a su hermana menor a ser cortés y a decirlo que la ocasión requería. Ella hizo su papel, aunque con poca gracia, pero laseñora Bennet, quedó satisfe­cha y poco después pidió su carruaje. Al oír esto,la más joven de sus hijas se adelantó para decir algo. Las dos muchachitashabían estado cuchicheando durante toda la visita, y el resultado de ello fueque la más joven debía recordarle al señor Bingley que cuando vino al campo porprimera vez había prometido dar un baile en Netherfield.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;era fuerte, muycrecida para tener quince años, tenía buena figura y un carácter muy alegre.Era la favorita de su madre que por el amor que le tenía la había presentado ensociedad a una edad muy tempra­na. Era muy impulsiva y se daba muchaimportancia, lo que había aumentado con las atenciones que recibía de losoficiales, a lo que las cenas de su tía y sus modales &lt;i&gt;sencillos &lt;/i&gt;contribuían.Por lo tanto, era la más adecuada para dirigirse a Bingley y recordarle supromesa; añadiendo que sería una vergüenza ante el mundo si no lo mantenía. Surespuesta a este repenti­no ataque fue encantadora a los oídos de la señoraBennet.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;––Le aseguroque estoy dispuesto a mantener mi compromiso, en cuanto su hermana esté bien;usted misma, si gusta, podrá señalar la fecha del baile: No querrá estarbailando mientras su hermana está en­ferma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se dio porsatisfecha:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Oh! sí, serámucho mejor esperar a que &lt;/span&gt;Jane &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;esté bien; ypara entonces lo más seguro es que el capitán &lt;/span&gt;Carter &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;estará de nuevo en Meryton. Y cuando usted haya dado su baile––agregó––, insistiré para que den también uno ellos. Le diré al coronelForster que sería lamentable que no lo hiciese.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Por fin laseñora Bennet y sus hijas se fueron, y &lt;/span&gt;Elizabeth&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;volvióal instante con &lt;/span&gt;Jane, &lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;dejando que lasdos damas y el señor Darcy hiciesen sus comentarios acerca de su comportamientoy el de su familia. Sin embargo, Darcy no pudo compartir con los demás lacensura hacia &lt;/span&gt;Elizabeth, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;"&gt;a pesar de laagudeza de la señorita Bingley al hacer chistes sobre ojos bonitos&lt;/span&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-7210937616510830544?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/7210937616510830544/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=7210937616510830544&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/7210937616510830544'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/7210937616510830544'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/12/orgullo-y-prejuicio-cap-6-9.html' title='Orgullo y prejuicio (cap. 6 a 9)'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-3013996006907693825</id><published>2011-12-03T12:58:00.001+01:00</published><updated>2011-12-03T12:59:55.422+01:00</updated><title type='text'>Orgullo y Prejuicio (cap. 1 a 5)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;Por Jean Austen&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;CAPÍTULO I&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es una verdad mundialmentereconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita unaesposa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Sin embargo,poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condicionescuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada enlas mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le considerande su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Mi queridoseñor Bennet ––le dijo un día su esposa––, ¿sabías que, por fin, se haalquilado Nether­field &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Park?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El señor Bennetrespondió que no.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Pues así es––insistió ella––; la señora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;ha estado aquíhace un momento y me lo ha contado todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El señor Bennetno hizo ademán de contestar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿No quieressaber quién lo ha alquilado? ––se im­pacientó su esposa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Eres tú laque quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Esta sugerenciale fue suficiente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Pues sabrás,querido, que la señora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;dice queNetherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra;que vino el lunes en un&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;landó de cuatrocaballos para ver el lugar; y que se quedó tan encantado con él queinmediatamente llegó a un acuerdo con el señor &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Morris; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que antes de San Miguel vendrá a ocuparlo; y que algunos de suscriados estarán en la casa a finales de la semana que viene.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Cómo sellama? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Bingley.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Está casadoo soltero?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Oh!,soltero, querido, por supuesto. Un hombre soltero y de gran fortuna; cuatro ocinco mil libras al año. ¡Qué buen partido para nuestras hijas!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Y qué? ¿Enqué puede afectarles?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Mi queridoseñor Bennet ––contestó su esposa––, ¿cómo puedes ser tan ingenuo? Debes saberque estoy pensando en casarlo con una de ellas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Es ese elmotivo que le ha traído?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Motivo!Tonterías, ¿cómo puedes decir eso? Es muy posible que se enamore de una deellas, y por eso debes ir a visitarlo tan pronto como llegue.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––No veo larazón para ello. Puedes ir tú con las muchachas o mandarlas a ellas solas, quetal vez sea mejor; como tú eres tan guapa como cualquiera de ellas, a lo mejorel señor Bingley te prefiere a ti.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Querido, meadulas. Es verdad que en un tiempo no estuve nada mal, pero ahora no puedopretender ser nada fuera de lo común. Cuando una mujer tiene cinco hijascreciditas, debe dejar de pensar en su propia belleza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––En talescasos, a la mayoría de las mujeres no les queda mucha belleza en qué pensar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Bueno,querido, de verdad, tienes que ir a visitar al señor Bingley en cuanto seinstale en el vecindario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––No te logarantizo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Pero piensaen tus hijas. Date cuenta del partido que sería para una de ellas. &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Sir &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Willam y &lt;/span&gt;&lt;span&gt;lady &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lucas estándecididos a ir, y sólo con ese propósito. Ya sabes que normalmente no visitan alos nuevos vecinos. De veras, debes ir, porque para nosotras será imposiblevisitarlo si tú no lo haces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Eresdemasiado comedida. Estoy seguro de que el señor Bingley se alegrará mucho deveros; y tú le llevarás unas líneas de mi parte para asegurarle que cuenta conmi más sincero consentimiento para que contraiga matrimonio con una de ellas;aunque pondré alguna palabra en favor de mi pequeña Lizzy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Me niego aque hagas tal cosa. Lizzy no es en nada mejor que las otras, no es ni la mitadde guapa que &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Jane, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;ni la mitad dealegre que &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Perotú siempre la prefieres a ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Ninguna delas tres es muy recomendable ––le respondió––. Son tan tontas e ignorantes comolas demás muchachas; pero Lizzy tiene algo más de agu­deza que sus hermanas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;––¡Señor Bennet! ¿Cómo puedeshablar así de tus hijas? Te encanta disgustarme. No tienes compasión de mispobres nervios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Te equivocas,querida. Les tengo mucho respeto a tus nervios. Son viejos amigos míos. Hacepor lo menos veinte años que te oigo mencionarlos con mucha consideración.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡No sabescuánto sufro!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Pero tepondrás bien y vivirás para ver venir a este lugar a muchos jóvenes de esos decuatro mil libras al año.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––No serviríade nada si viniesen esos veinte jóve­nes y no fueras a visitarlos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Si depende deeso, querida, en cuanto estén aquí los veinte, los visitaré a todos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El señor Bennetera una mezcla tan rara entre ocurrente, sarcástico, reservado y caprichoso,que la experiencia de veintitrés años no habían sido suficien­tes para que suesposa entendiese su carácter. Sin embargo, el de ella era menos difícil, erauna mujer de poca inteligencia, más bien inculta y de temperamento desigual. Sumeta en la vida era casar a sus hijas; su consuelo, las visitas y el cotilleo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;CAPÍTULO II&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El señor Bennetfue uno de los primeros en presentar sus respetos al señor Bingley. Siem­pretuvo la intención de visitarlo, aunque, al final, siempre le aseguraba a suesposa que no lo haría; y hasta la tarde después de su visita, su mujer no seenteró de nada. La cosa se llegó a saber de la siguiente manera: observando elseñor Bennet cómo su hija se colocaba un sombrero, dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Espero que alseñor Bingley le guste, Lizzy. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Cómo podemossaber qué le gusta al señor Bingley ––dijo su esposa resentida–– si todavía nohemos ido a visitarlo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Olvidas, mamá––dijo &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth–– &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que lo vere­mosen las fiestas, y que la señora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;ha prometidopresentárnoslo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––No creo quela señora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;haga semejante cosa. Ellatiene dos sobrinas en quienes pensar; es egoísta e hipócrita y no merece miconfianza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Ni la míatampoco ––dijo el señor Bennet–– y me alegro de saber que no dependes de susservicios. La señora Bennet no se dignó contestar; pero incapaz de contenerseempezó a reprender a una de sus hijas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Por el amorde Dios, Kitty no sigas tosiendo así! Ten compasión de mis nervios. Me losestás des­trozando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span&gt;––Kitty &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no es nada discreta tosiendo ––dijo supadre––. Siempre lo hace en momento inoportuno. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––A mí no medivierte toser ––replicó &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Kitty &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;queján­dose.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Cuándo es tupróximo baile, Lizzy? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––De mañana enquince días.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Sí, así es––exclamó la madre––. Y la señora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no volveráhasta un día antes; así que le será imposible presentarnos al señor Bingley,porque to­davía no le conocerá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Entonces, señora Bennet,puedes tomarle la de­lantera a tu amiga y presentárselo tú a ella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Imposible,señor Bennet, imposible, cuando yo tampoco le conozco. ¿Por qué te burlas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Celebro tudiscreción. Una amistad de quince días es verdaderamente muy poco. En realidad,al cabo de sólo dos semanas no se puede saber muy bien qué clase de hombre es.Pero si no nos arriesgamos noso­tros, lo harán otros. Al fin y al cabo, laseñora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y sus sobrinas puedenesperar a que se les presente su oportunidad; pero, no obstante, como creeráque es un acto de delicadeza por su parte el declinar la atención, seré yo elque os lo presente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Las muchachasmiraron a su padre fijamente. La señora Bennet se limitó a decir:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Tonterías,tonterías!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Quésignifica esa enfática exclamación? ––pre­guntó el señor Bennet––. ¿Consideraslas fórmulas de presentación como tonterías, con la importancia que tienen? Noestoy de acuerdo contigo en eso. ¿Qué dices tú, &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Mary? &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Que yo sé que eres una joven muy reflexiva, y que lees grandes librosy los resumes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span&gt;Mary &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;quiso decir algo sensato, pero no supo cómo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Mientras &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Mary &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;aclara sus ideas ––continuó él––, volvamos al señorBingley.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Estoy hartadel señor Bingley! ––gritó su esposa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Siento muchooír eso; ¿por qué no me lo dijiste antes? Si lo hubiese sabido esta mañana, nohabría ido a su casa. ¡Mala suerte! Pero como ya le he visitado, no podemosrenunciar a su amistad ahora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El asombro delas señoras fue precisamente el que él deseaba; quizás el de la señora Bennetsobrepasara al resto; aunque una vez acabado el alboroto que produ­jo laalegría, declaró que en el fondo era lo que ella siempre había figurado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Mi queridoseñor Bennet, que bueno eres! Pero sabía que al final te convencería. Estabasegura de que quieres lo bastante a tus hijas como para no descuidar esteasunto. ¡Qué contenta estoy! ¡Y qué broma tan graciosa, que hayas ido estamañana y no nos hayas dicho nada hasta ahora!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Ahora, &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Kitty, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;ya puedes toser cuanto quieras ––dijo elseñor Bennet; y salió del cuarto fatigado por el entusiasmo de su mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Qué padremás excelente tenéis, hijas! ––dijo ella una vez cerrada la puerta––. No sécómo podréis agradecerle alguna vez su amabilidad, ni yo tampoco, en lo que aesto se refiere. A estas alturas, os aseguro que no es agradable hacer nuevasamistades todos los días. Pero por vosotras haríamos cualquier cosa. &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;cariño, aunqueeres la más joven, apostaría a que el señor Bingley bailará contigo en elpróximo baile.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Estoytranquila ––dijo &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;firmemente––, por­que aunque soy la más joven, soy la más alta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El resto de latarde se lo pasaron haciendo conjetu­ras sobre si el señor Bingley devolveríapronto su visita al señor Bennet, y determinando cuándo podrían invitarle acenar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;CAPÍTULO III&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Por más que laseñora Bennet, con la ayuda de sus hijas, preguntase sobre el tema, no conse­guíasacarle a su marido ninguna descripción sa­tisfactoria del señor Bingley. Leatacaron de varias ma­neras: con preguntas clarísimas, suposiciones ingeniosas,y con indirectas; pero por muy hábiles que fueran, él las eludía todas. Y alfinal se vieron obligadas a aceptar la información de segunda mano de su vecina&lt;/span&gt;&lt;span&gt;lady &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lucas. Su impresión era muyfavorable, &lt;/span&gt;&lt;span&gt;sir Wi­lliam &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;había quedadoencantado con él. Era joven, guapísimo, extremadamente agradable y para colmopensaba asistir al próximo baile con un grupo de amigos. No podía haber nadamejor. El que fuese aficionado al baile era verdaderamente una ventaja a lahora de enamorarse; y así se despertaron vivas espe­ranzas para conseguir elcorazón del señor Bingley. ––Si pudiera ver a una de mis hijas viviendo feliz­menteen Netherfield, y a las otras igual de bien casadas, ya no desearía más en lavida&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;le dijo la señora Bennet a sumarido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Pocos díasdespués, el señor Bingley le devolvió la visita al señor Bennet y pasó con éldiez minutos en su biblioteca. Él había abrigado la esperanza de que se lepermitiese ver a las muchachas de cuya belleza había oído hablar mucho; pero novio más que al padre. Las señoras fueron un poco más afortunadas, porque tu­vieronla ventaja de poder comprobar desde una ven­tana alta que el señor Bingleyllevaba un abrigo azul y montaba un caballo negro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Poco después leenviaron una invitación para que fuese a cenar. Y cuando la señora Bennet teníaya planeados los manjares que darían crédito de su buen hacer de ama de casa,recibieron una respuesta que echaba todo a perder. El señor Bingley se veíaobliga­do a ir a la ciudad al día siguiente, y en consecuencia no podía aceptarel honor de su invitación. La señora Bennet se quedó bastante desconcertada. Nopodía imaginar qué asuntos le reclamaban en la ciudad tan poco tiempo despuésde su llegada a &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Hertfordshire; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y empezó atemer que iba a andar siempre revoloteando de un lado para otro sinestablecerse definitivamente y como es debido en Netherfield. &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Lady &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lucas apaciguó un poco sus temores llegando a laconclusión de que sólo iría a Londres para reunir a un grupo de amigos para lafiesta. Y pronto corrió el rumor de que Bingley iba a traer a doce damas y asiete caballeros para el baile. Las muchachas se afligieron por semejante nú­merode damas; pero el día antes del baile se consola­ron al oír que en vez de docehabía traído sólo a seis, cinco hermanas y una prima. Y cuando el día del baileentraron en el salón, sólo eran cinco en total: el señor Bingley, sus doshermanas, el marido de la mayor y otro joven.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El señorBingley era apuesto, tenía aspecto de caba­llero, semblante agradable y modalessencillos y poco afectados. Sus hermanas eran mujeres hermosas y de indudableelegancia. Su cuñado, el señor &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;casi no tenía aspecto de caballero; pero fue suamigo el señor Darcy el que pronto centró la atención del salón por sudistinguida personalidad, era un hombre alto, de bonitas facciones y de portearistocrático. Pocos minutos después de su entrada ya circulaba el rumor de quesu renta era de diez mil libras al año. Los señores declaraban que era unhombre que tenía mu­cha clase; las señoras decían que era mucho más guapo queBingley, siendo admirado durante casi la mitad de la velada, hasta que susmodales causaron tal disgusto que hicieron cambiar el curso de su buena fama;se descubrió que era un hombre orgulloso, que pretendía estar por encima detodos los demás y demostraba su insatisfacción con el ambiente que le rodeaba;ni si­quiera sus extensas posesiones en &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Derbyshire&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;podíansalvarle ya de parecer odioso y desagradable y de que se considerase que novalía nada comparado con su amigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El señorBingley enseguida trabó amistad con las principales personas del salón; eravivo y franco, no se perdió ni un solo baile, lamentó que la fiesta acabase tantemprano y habló de dar una él en Netherfield. Tan agradables cualidadeshablaban por sí solas. ¡Qué diferencia entre él y su amigo! El señor Darcybailó sólo una vez con la señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y otra con la señorita Bingley, se negó a que le presentasena ninguna otra dama y se pasó el resto de la noche deambulando por el salón yhablando de vez en cuando con alguno de sus acompañantes. Su carácter estabadefinitivamente juzgado. Era el hombre más orgulloso y más anti­pático delmundo y todos esperaban que no volviese más por allí. Entre los más ofendidoscon Darcy estaba la señora Bennet, cuyo disgusto por su compor­tamiento sehabía agudizado convirtiéndose en una ofensa personal por haber despreciado auna de sus hijas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Había tan pocoscaballeros que &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Bennet se habíavisto obligada a sentarse durante dos bailes; en ese tiempo Darcy estuvo lobastante cerca de ella para que la muchacha pudiese oír una conversación entreél y el señor Bingley, que dejó el baile unos minutos para convencer a su amigode que se uniese a ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Ven, Darcy––le dijo––, tienes que bailar. No soporto verte ahí de pie, solo y con esaestúpida actitud. Es mejor que bailes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––No piensohacerlo. Sabes cómo lo detesto, a no ser que conozca personalmente a mi pareja.En una fiesta como ésta me sería imposible. Tus hermanas están comprometidas, ybailar con cualquier otra mu­jer de las que hay en este salón sería como uncastigo para mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––No deberíasser tan exigente y quisquilloso ––se quejó Bingley––. ¡Por lo que más quieras!Palabra de honor, nunca había visto a tantas muchachas tan encantadoras comoesta noche; y hay algunas que son especialmente bonitas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Tú estásbailando con la única chica guapa del salón ––dijo el señor Darcy mirando a lamayor de las Bennet.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Oh! ¡Ella esla criatura más hermosa que he visto en mi vida! Pero justo detrás de ti estásentada una de sus hermanas que es muy guapa y apostaría que muy agradable.Deja que le pida a mi pareja que te la presente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿Qué dices?––y, volviéndose, miró por un mo­mento a &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth,&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;hastaque sus miradas se cruzaron, él apartó inmediatamente la suya y dijo fríamente:––No está mal, aunque no es lo bastante guapa como para tentarme; y no estoy dehumor para hacer caso a las jóvenes que han dado de lado otros. Es mejor quevuelvas con tu pareja y disfrutes de sus sonrisas por­que estás malgastando eltiempo conmigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El señorBingley siguió su consejo. El señor Darcy se alejó; y &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se quedó allí con sus &lt;/span&gt;&lt;span&gt;no &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;muy cordiales sentimientos hacia él. Sin embargo,contó la historia a sus amigas con mucho humor porque era graciosa y muyalegre, y tenía cierta disposición a hacer divertidas las cosas ridículas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;En resumidascuentas, la velada transcurrió agrada­blemente para toda la familia. La señoraBennet vio cómo su hija mayor había sido admirada por los de Netherfield. Elseñor Bingley había bailado con ella dos veces, y sus hermanas estuvieron muyatentas con ella. &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Jane &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;estaba tansatisfecha o más que su madre, pero se lo guardaba para ella. &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se alegraba por &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Jane. Mary &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;había oído cómo la señorita Bingley decía deella que era la muchacha más culta del vecin­dario. Y &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Catherine &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Lydia &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;habían tenido la suerte de no quedarse nunca sinpareja, que, como les habían enseñado, era de lo único que debían preocuparseen los bailes. Así que volvieron contentas a Longbourn, el pueblo donde vivíany del que eran los principales habitantes. Encontraron al señor Bennet aúnlevanta­do; con un libro delante perdía la noción del tiempo; y en esta ocasiónsentía gran curiosidad por los aconteci­mientos de la noche que habíadespertado tanta expec­tación. Llegó a creer que la opinión de su esposa sobreel forastero pudiera ser desfavorable; pero pronto se dio cuenta de que lo queiba a oír era todo lo con­trario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Oh!, miquerido señor Bennet ––dijo su esposa al entrar en la habitación––. Hemostenido una velada encantadora, el baile fue espléndido. Me habría gusta­do quehubieses estado allí. &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Jane &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;despertó taladmira­ción, nunca se había visto nada igual. Todos comenta­ban lo guapa queestaba, y el señor Bingley la encon­tró bellísima y bailó con ella dos veces.Fíjate, queri­do; bailó con ella dos veces. Fue a la única de todo el salón ala que sacó a bailar por segunda vez. La primera a quien sacó fue a la señoritaLucas. Me contrarió bastante verlo bailar con ella, pero a él no le gustó nada.¿A quién puede gustarle?, ¿no crees? Sin embargo pareció quedarse prendado de &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Jane &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;cuando la vio bailar. Así es que preguntó quién era,se la presen­taron y le pidió el siguiente baile. Entonces bailó el tercero conla señorita &lt;/span&gt;&lt;span&gt;King, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;el cuarto conMaría Lucas, el quinto otra vez con &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Jane,&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;elsexto con Lizzy y el &lt;i&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-weight: bold;"&gt;boulanger...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Si hubiesetenido alguna compasión de mí ––gritó el marido impaciente–– no habría gastadotanto! ¡Por el amor de Dios, no me hables más de sus parejas! ¡Ojalá se hubiesetorcido un tobillo en el primer baile!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Oh, queridomío! Me tiene fascinada, es increí­blemente guapo, y sus hermanas sonencantadoras. Llevaban los vestidos más elegantes que he visto en mi vida. Elencaje del de la señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Aquí fueinterrumpida de nuevo. El señor Bennet protestó contra toda descripción deatuendos. Por lo tanto ella se vio obligada a pasar a otro capítulo del relato,y contó, con gran amargura y algo de exagera­ción, la escandalosa rudeza delseñor Darcy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Pero puedoasegurarte ––añadió–– que Lizzy no pierde gran cosa con no ser su tipo, porquees el hombre más desagradable y horrible que existe, y no merece las simpatíasde nadie. Es tan estirado y tan engreído que no hay forma de soportarle. Nohacía más que pasearse de un lado para otro como un pavo real. Ni siquiera eslo bastante guapo para que merezca la pena bailar con él. Me habría gustado quehubieses estado allí y que le hubieses dado una buena lección. Le detesto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;CAPÍTULO IV&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-weight: bold;"&gt;Cuando&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Jane &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;se quedaron solas, la primera, que había sidocautelosa a la hora de elogiar al señor Bingley, expresó a su hermana lo muchoque lo admiraba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Es todo loque un hombre joven debería ser ––dijo ella––, sensato, alegre, con sentido delhumor; nunca había visto modales tan desenfadados, tanta naturalidad con unaeducación tan perfecta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Y también esguapo ––replicó &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth––&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;lo cual nunca está de más enun joven. De modo que es un hombre completo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Me sentí muyadulada cuando me sacó a bailar por segunda vez. No esperaba semejantecumplido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¿No te loesperabas? Yo sí. Ésa es la gran diferen­cia entre nosotras. A ti los cumplidossiempre te cogen de sorpresa, a mí, nunca. Era lo más natural que te sacase abailar por segunda vez. No pudo pasarle inadvertido que eras cinco veces másguapa que todas las demás mujeres que había en el salón. No agradez­cas sugalantería por eso. Bien, la verdad es que es muy agradable, apruebo que teguste. Te han gustado muchas personas estúpidas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Lizzy,querida!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Oh! Sabesperfectamente que tienes cierta ten­dencia a que te guste toda la gente. Nuncaves un defecto en nadie. Todo el mundo es bueno y agradable a tus ojos. Nuncate he oído hablar mal de un ser humano en mi vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––No quisieraser imprudente al censurar a alguien; pero siempre digo lo que pienso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Ya lo sé; yes eso lo que lo hace asombroso. Estar tan ciega para las locuras y tonteríasde los demás, con el buen sentido que tienes. Fingir candor es algo bastantecorriente, se ve en todas partes. Pero ser cándido sin ostentación nipremeditación, quedarse con lo bueno de cada uno, mejorarlo aun, y no decirnada de lo malo, eso sólo lo haces tú. Y también te gustan sus hermanas, ¿no esasí? Sus modales no se parecen en nada a los de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Al principiodesde luego que no, pero cuando charlas con ellas son muy amables. La señoritaBingley va a venir a vivir con su hermano y ocuparse de su casa. Y, o mucho meequivoco, o estoy segura de que encontraremos en ella una vecina encantadora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span&gt;Elizabeth &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;escuchaba en silencio, pero no estabaconvencida. El comportamiento de las hermanas de Bingley no había sido apropósito para agradar a nadie. Mejor observadora que su hermana, con un temperamentomenos flexible y un juicio menos pro­penso a dejarse influir por los halagos, &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;estaba poco dispuesta a aprobar a lasBingley. Eran, en efecto, unas señoras muy finas, bastante alegres cuan­do nose las contrariaba y, cuando ellas querían, muy agradables; pero orgullosas y engreídas.Eran bastante bonitas; habían sido educadas en uno de los mejores colegios dela capital y poseían una fortuna de veinte mil libras; estaban acostumbradas agastar más de la cuenta y a relacionarse con gente de rango, por lo que secreían con el derecho de tener una buena opinión de sí mismas y una pobreopinión de los demás. Pertenecían a una honorable familia del norte deInglaterra, cir­cunstancia que estaba más profundamente grabada en su memoriaque la de que tanto su fortuna como la de su hermano había sido hecha en elcomercio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El señorBingley heredó casi cien mil libras de su padre, quien ya había tenido laintención de com­prar una mansión pero no vivió para hacerlo. El se­ñor Bingleypensaba de la misma forma y a veces pa­recía decidido a hacer la eleccióndentro de su condado; pero como ahora disponía de una buena casa y de lalibertad de un propietario, los que conocían bien su carácter tranquilo dudabanel que no pasase el resto de sus días en Netherfield y dejase la compra para lageneración venidera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Sus hermanasestaban ansiosas de que él tuviera una mansión de su propiedad. Pero aunque enla actuali­dad no fuese más que arrendatario, la señorita Bingley no dejaba poreso de estar deseosa de presidir su mesa; ni la señora &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que se había casado con unhombre más elegante que rico, estaba menos dispuesta a consi­derar la casa desu hermano como la suya propia siempre que le conviniese.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;A los dos añosescasos de haber llegado el señor Bingley a su mayoría de edad, una casual recomenda­ciónle indujo a visitar la posesión de Netherfield. La vio por dentro y por fueradurante media hora, y se dio por satisfecho con las ponderaciones del propieta­rio,alquilándola inmediatamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ente él y Darcyexistía una firme amistad a pesar de tener caracteres tan opuestos. Bingleyhabía ganado la simpatía de Darcy por su temperamento abierto y dócil y por sunaturalidad, aunque no hubiese una forma de ser que ofreciese mayor contraste ala suya y aunque él parecía estar muy satisfecho de su carácter. Bingley sabíael respeto que Darcy le tenía, por lo que confiaba plenamente en él, así comoen su buen crite­rio. Entendía a Darcy como nadie. Bingley no era nada tonto,pero Darcy era mucho más inteligente. Era al mismo tiempo arrogante, reservadoy quisqui­lloso, y aunque era muy educado, sus modales no le hacían nadaatractivo. En lo que a esto respecta su amigo tenía toda la ventaja, Bingleyestaba seguro de caer bien dondequiera que fuese, sin embargo Darcy era siempreofensivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El mejorejemplo es la forma en la que hablaron de la fiesta de Meryton. Bingley nuncahabía conocido a gente más encantadora ni a chicas más guapas en su vida; todoel mundo había sido de lo más amable y atento con él, no había habidoformalidades ni rigidez, y pronto se hizo amigo de todo el salón; y en cuanto ala señorita Bennet, no podía concebir un ángel que fuese más bonito. Por elcontrario, Darcy había visto una colección de gente en quienes había pocabelleza y ninguna elegancia, por ninguno de ellos había sentido el más mínimointerés y de ninguno había recibido atención o placer alguno. Reconoció que laseñorita Bennet era hermosa, pero sonreía demasiado. La seño­ra &lt;/span&gt;&lt;span lang="DE" style="mso-ansi-language: DE;"&gt;Hurst &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;y su hermana loadmitieron, pero aun así les gustaba y la admiraban, dijeron de ella que erauna muchacha muy dulce y que no pondrían inconveniente en conocerla mejor.Quedó establecido, pues, que la señorita Bennet era una muchacha muy dulce ypor esto el hermano se sentía con autorización para pensar en ella como ycuando quisiera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;h1 style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;CAPÍTULO V&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/h1&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;A pocadistancia de Longbourn vivía una fami­lia con la que los Bennet tenían especialamis­tad. &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Sir William &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lucas habíatenido con ante­rioridad negocios en Meryton, donde había hecho una regular fortunay se había elevado a la categoría de caballero por petición al rey durante sualcaldía. Esta distinción se le había subido un poco a la cabeza y empezó a nosoportar tener que dedicarse a los nego­cios y vivir en una pequeña ciudadcomercial; así que dejando ambos se mudó con su familia a una casa a una millade Meryton, denominada desde entonces Lucas &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Lodge,&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;dondepudo dedicarse a pensar con placer en su propia importancia, y desvinculado desus negocios, ocuparse solamente de ser amable con todo el mundo. Porque aunqueestaba orgulloso de su rango, no se había vuelto engreído; por el contrario,era todo atenciones para con todo el mundo. De naturaleza inofensivo, sociabley servicial, su presenta­ción en &lt;/span&gt;&lt;span&gt;St. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;James le habíahecho además, cortés.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;La señora Lucasera una buena mujer aunque no lo bastante inteligente para que la señora Bennetla consi­derase una vecina valiosa. Tenían varios hijos. La mayor, una joveninteligente y sensata de unos veinte años, era la amiga íntima de &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Que las Lucas ylas Bennet se reuniesen para charlar después de un baile, era algoabsolutamente necesario, y la mañana después de la fiesta, las Lucas fueron aLongbourn para cambiar impresiones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Tú empezastebien la noche, &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Charlotte &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––dijo laseñora Bennet fingiendo toda amabilidad posible hacia la señorita Lucas––. Fuistela primera que eligió el señor Bingley.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Sí, peropareció gustarle más la segunda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡Oh! Terefieres a &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Jane, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;supongo, porquebailó con ella dos veces. Sí, parece que le gustó; sí, creo que sí. Oí algo, nosé, algo sobre el señor Robinson. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Quizá serefiera a lo que oí entre él y el señor Robinson, ¿no se lo he contado? Elseñor Robinson le preguntó si le gustaban las fiestas de Meryton, si no creíaque había muchachas muy hermosas en el salón y cuál le parecía la más bonita detodas. Su respuesta a esta última pregunta fue inmediata: «La mayor de lasBennet, sin duda. No puede haber más que una opi­nión sobre ese particular.»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––¡No me digas!Parece decidido a... Es como si... Pero, en fin, todo puede acabar en nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Lo que yo oífue mejor que lo que oíste tú, ¿verdad, &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth?&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––dijo&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Charlotte––. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Merece más la pena oír alseñor Bingley que al señor Darcy, ¿no crees? ¡Pobre Eliza! Decir sólo: «No estámal. »&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Te suplicoque no le metas en la cabeza a Lizzy que se disguste por Darcy. Es un hombretan desagra­dable que la desgracia sería gustarle. La señora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;me dijo que había estado sentado a su lado y que nohabía despegado los labios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;sup&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;¿Estás segura,mamá? ¿No te equivocas? Yo vi al señor Darcy hablar con ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Sí, claro;porque ella al final le preguntó si le gustaba Netherfield, y él no tuvo másremedio que contestar; pero la señora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;dijoque a él no le hizo ninguna gracia que le dirigiese la palabra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––La señoritaBingley me dijo ––comentó Jane­ que él no solía hablar mucho, a no ser con susamigos íntimos. Con ellos es increíblemente agradable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––No me creouna palabra, querida. Si fuese tan agradable habría hablado con la señora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Pero ya me imagino qué pasó. Todo el mundo dice queel orgullo no le cabe en el cuerpo, y apostaría a que oyó que la señora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;no tiene coche y que fue al baile en uno de alquiler.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––A mí no meimporta que no haya hablado con la señora &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Long&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––dijola señorita Lucas––, pero desearía que hubiese bailado con Eliza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Yo que tú,Lizzy ––agregó la madre––, no baila­ría con él nunca más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Creo, mamá,que puedo prometerte que nunca bailaré con él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––El orgullo––dijo la señorita Lucas–– ofende siem­pre, pero a mí el suyo no me resulta tanofensivo. Él tiene disculpa. Es natural que un hombre atractivo, con familia,fortuna y todo a su favor tenga un alto concepto de sí mismo. Por decirlo dealgún modo, tiene derecho a ser orgulloso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Es muy cierto––replicó &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Elizabeth––, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;podría per­donarlefácilmente su orgullo si no hubiese mortifica­do el mío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––El orgullo––observó &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Mary, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;que se preciabamu­cho de la solidez de sus reflexiones––, es un defecto muy común. Por todo loque he leído, estoy convenci­da de que en realidad es muy frecuente que lanaturale­za humana sea especialmente propensa a él, hay muy pocos que noabriguen un sentimiento de autosuficien­cia por una u otra razón, ya sea real oimaginaria. La vanidad y el orgullo son cosas distintas, aunque mu­chas vecesse usen como sinónimos. El orgullo está relacionado con la opinión que tenemosde nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensarande nosotros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Si yo fuesetan rico como el señor Darcy, ­exclamó un joven Lucas que había venido con sushermanas––, no me importaría ser orgulloso. Tendría una jauría de perros decaza, y bebería una botella de vino al día.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;––Pues beberíasmucho más de lo debido ––dijo la señora Bennet–– y si yo te viese te quitaríala botella inmediatamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin: 0cm 9.9pt 6pt 0cm; text-align: left; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;El niño dijoque no se atrevería, ella que sí, y así siguieron discutiendo hasta que se diopor finalizada la visita.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-3013996006907693825?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/3013996006907693825/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=3013996006907693825&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/3013996006907693825'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/3013996006907693825'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/12/orgullo-y-prejuicio-cap-1-5.html' title='Orgullo y Prejuicio (cap. 1 a 5)'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-3329798379479408705</id><published>2011-11-26T17:29:00.001+01:00</published><updated>2011-11-26T17:46:48.217+01:00</updated><title type='text'>La Samotracia quería volar</title><content type='html'>&lt;h3 class="post-title entry-title"&gt;&amp;nbsp;&lt;/h3&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;Me acuerdo de la ubicación privilegiada de la Victoria Alada de Samotracia en el descanso de la escalinata principal de Louvre. Bueno, una de las más populares porque la mayoría de los turistas  que solo van a ver las 5 cosas más importantes, entran por ella para ir más rápido y así visitar la ciudad luz en dos días. Cosa que yo con más de 25 años de visita aun no he conseguido y aun no la conozco en todo su esplendor, siempre queda algo por descubrir. Menos mal, París es París. &lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;La Samotracia en el Louvre, es otro cantar. &lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;Siempre he tenido la sensación que esta en una pista de despegue esperando un buen viento para hinchar las alas y volar, por eso cuando leí la noticia en Le Figaro, ese domingo lluvioso, no me extraño. Sabía que alguna vez algo así iba a pasar o fantaseaba con ello.&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que la vi, apoyada en el descanso de esa escalera de cuatro tramos, majestuosa, como dando la bienvenida a todo ser viviente que entrara por esos peldaños, me enamoró. Aunque tengo que reconocer, que&amp;nbsp; ha sido mi estatua preferida de la antigüedad, ya desde pequeña le tenia cariño cuando veía una foto de ella. &lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&lt;br /&gt;Por el &amp;nbsp;descanso&amp;nbsp;que&amp;nbsp;es su morada, &amp;nbsp;suben la mayoría de los visitantes al edificio, por ahí se va a la sección de pintura, no es de extrañar que la dirección decidiera ponerla ahí, a una de las esculturas más conocidas por el publico y mas significativa en la historia del arte.&lt;br /&gt;Pero el turista normal, ¿sabia su historia? ¿Se daba cuenta que estaba atrapada en su propia fama? ¿Qué quería volver a ser libre?&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&lt;br /&gt;Con solo verla una vez, &amp;nbsp;me di cuenta que se sentía enjaulada algo parecido a un gran escaparate sin cristales, pero como si los tuviera.&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&lt;br /&gt;Ella, la que había precedido la quilla de un barco Helénico, surcando ese mar azul profundo que es el Egeo, donde el viento acariciaba sus alas casi extendidas y plegaba sus ropajes aun más con la erosión, que los cincelados por las manos del escultor creador.&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&lt;br /&gt;¿En que tormenta sello su destino?, perdiéndose por los siglos en las profundidades oscuras del mar hasta que unos cazadores de tesoros la encontraran y pusieran en su jaula de cristal imaginaria que era el museo.&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&lt;br /&gt;Ahora los turistas pasaban, se sacaban fotos con ella, la tocaban pero ¿la entendían? ¿Comprendían que&amp;nbsp;quería escapar?&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&lt;br /&gt;“Cuando los guardas del museo entraron ese fin de semana a abrir las salas, se dieron cuenta que la estatua ya no estaba, que había desaparecido. Dos ventanas de la parte superior del gran espacio de la escalera estaban abiertas...”&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&lt;br /&gt;Yo sonreí al terminar de leer la noticia, cerré el diario y termine el café. Ya no quería leer más, de las sospechas de la policía sobre los autores del robo, si había o no testigos. &lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content"&gt;&lt;br /&gt;Para mí, al fin la Victoria alada era libre, al fin era feliz.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-3329798379479408705?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/3329798379479408705/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=3329798379479408705&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/3329798379479408705'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/3329798379479408705'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/11/la-samotracia-queria-volar.html' title='La Samotracia quería volar'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-8356139793163878440</id><published>2011-11-19T10:58:00.000+01:00</published><updated>2011-11-19T10:58:00.175+01:00</updated><title type='text'>La ciudad Flotante (cap. 37, 38 y FIn)</title><content type='html'>Por Julio Verne&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXXVII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Niágara no es un río, ni siquiera un riachuelo. Es una sangría natural de desagüe, un canal de 36 millas de largo, que vierte en el lago Ontario las aguas de los lagos Superior, de Michigan, del Hurón y del Erie. La diferencia de nivel entre este último y el Ontario, repartida con uniformi¬dad de pendiente en todo el trayecto, no hubiera podido for¬mar ni un rápido, pero sólo las caídas absorben su mitad; de esto procede su fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este curso de agua separa los Estados Unidos del Cana¬dá. La orilla izquierda es americana, pero la derecha es in¬glesa. A un lado, policemen; al otro, ni su sombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día 12 de abril, al amanecer, Pitferge y yo bajábamos por las anchas calles de Niágara Falls, pueblo formado al lado de las cascadas, a 300 millas de Albany, especie de pe¬queña ciudad «de aguas» edificada en lugar pintoresco, con buenas fondas y agradables casas de campo que los yanquis y canadienses habitan en la buena estación. El tiempo era hermoso; brillaba el sol en un cielo que respiraba frío. Oíanse lejanos mugidos. En el horizonte se distinguían vapores que no debían ser nubes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Es la catarata? pregunté a Pitferge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Paciencia! contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto llegamos a orillas del Niágara. Las aguas del río, transparentes y poco profundas, corrían tranquilas; por algu¬nos puntos asomaban puntas de rocas negruzcas. Los mugi¬dos se hacían más y más fuertes, pero aún no veíamos la ca¬tarata. Un puente de maderos que descansaban en arcos de hierro, unía la orilla izquierda con una isla situada en el centro del río. El doctor me condujo a él. Agua arriba se extendía el río hasta perderse de vista, agua abajo, es decir, a nuestra derecha, se conocía el primer desnivel de un rá¬pido; más allá, a media milla del puente, desaparecía el te¬rreno por completo, hallándose el aire lleno de nubes de agua en polvo. Aquello era el salto americano. Más lejos se pin¬taba un paisaje tranquilo, algunas colinas, casas de campo, árboles secos, es decir, la orilla canadiense.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡No miréis! ¡No miréis! me gritaba el doctor . ¡Re¬servaos! ¡Cerrad los ojos y no los abráis hasta que yo os avise!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo no hacía caso de aquel tipo original, y miraba. Pasado el puente, pisamos la isla. Era Goat Island, la isla de la Cabra, un trozo de 70 fanegas, cubierto de árboles, surca¬do por soberbias calles de árboles, por donde pueden circu¬lar carruajes, arrojados como un ramillete, entre los dos sal¬tos de agua, americano y canadiense, separados por una dis-tancia de 300 yardas. Corríamos por debajo de aquellos grandes árboles, trepando las pendientes y dejándonos resba¬lar para descender. Redoblaba el estruendo de las aguas; nubes gigantescas de húmedos vapores rodaban por el es¬pacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Mirad! exclamó el doctor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir de un bosquecillo, el Niágara acababa de apare¬cer ante nuestros ojos en todo su esplendor. En aquel punto formaba un recodo brusco, y redondeándose para formar el salto canadiense, el horse shoe fall, herradura, caía desde una altura de 158 pies, con una anchura de dos millas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Naturaleza, en aquel lugar, uno de los más hermo¬sos del mundo, lo ha combatido todo para encantar la vista. El recodo del Niágara favorece singularmente los efectos de luz y sombra. El sol, hiriendo aquellas aguas bajo todos los ángulos, diversifica caprichosamente sus colores; de fijo, quien no haya visto aquel efecto, no lo admitirá sin dificul¬tad. En efecto, cerca de Goat Island, la espuma es blanca, es nieve inmaculada, es una corriente de plata líquida que se precipita en el vacío. En el centro de la catarata, las aguas tienen un admirable color verde, que revela cuán gruesa es allí la capa de agua; así el buque Detroit, que calaba veinte pies, pudo bajar la catarata sin tocar. Al contrario, hacia la orilla canadiense, los torbellinos, como metalizados bajo los rayos luminosos, resplandecían, como si fueran de oro derre¬tido que se precipitara al abismo. Debajo, el río es invisible. Los vapores revolotean en espeso torbellino. Vi, sin embargo, enormes carámbanos acumulados por los fríos del invierno, que afectan formas de monstruos que, con sus bocas abier¬tas, absorben en cada hora los cien millones de toneladas que derrama en ellas el inagotable Niágara. Media milla agua arriba de la catarata, el río corre pacífico, presentando una superficie sólida que las primeras brisas de.abril aún no logran derretir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ahora al centro del torrente! me dijo el doctor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué quería decir? Yo no le entendía, pero me señaló una torre edificada sobre un peñasco, a algunos centenares de pies de la orilla, al borde mismo del precipicio. Aquel «audaz» monumento, levantado en 1833 por un tal Judge Porter, se llama «Terrapintower».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descendimos por las rampas laterales del Goat Island. Al llegar a la altura del curso superior del Niágara, vi un puente, formado por algunas tablas echadas sobre puntas de peñas, que unían la torre a la orilla. Aquel puente costeaba el abismo, a algunos pasos sólo de distancia. El torrente mugía por debajo. Nos aventuramos sobre aquellos maderos, y al cabo de algunos instantes, llegamos a la principal roca de las que soportan el «Terrapintower». Aquella torre redonda, de 45 pies de altura, es de piedra. En lo más alto de ella se desarrolla un balcón circular, rodeando un tejado cubierto de estuco rojizo. La escalera de caracol es de madera. En sus escalones están escritos millares de nom¬bres. El que llega a lo alto de la torre, se agarra a la baran¬dilla del balcón, y mira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La torre está en plena catarata. Desde su cumbre, las miradas penetran en el abismo, hundiéndose hasta la gar¬ganta de aquellos monstruos que beben el torrente. Se siente cómo tiembla la roca que sostiene la torre. En torno de ella se descubren desmoronamientos espantosos, como si el lecho del río cediera. No se oye hablar. De aquellos remolinos de agua, salen truenos. Las líneas líquidas humean y silban, como saetas. La espuma llega a lo alto del monumento. El agua pulverizada se eleva por los aires, formando un espléndido arco iris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un simple efecto de óptica, parece que la torre se mueve con terrible velocidad, pero retrocediendo, afortuna¬damente, porque, si la ilusión fuese al contrario, el vértigo sería irresistible, nadie podría mirar aquel abismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jadeantes, fatigados, entramos un momento al piso alto de la torre. Allí, el doctor creyó oportuno decirme:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este Terrapintower, amigo mío, caerá algún día al abismo; tal vez mucho antes de lo que se cree.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De veras?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es indudable. El gran salto canadiense retrocede, in¬sensiblemente, pero retrocede. En 1833, cuando se cons¬truyó la torre, distaba de la catarata mucho más que hoy. Los geólogos sostienen que hace 35.000 años, la catarata estaba en Queenstown, siete millas aguas arriba de la po¬sición que hoy ocupa. Según mister Bakewell, retrocede un metro por año; según sir Charles Lyell, un pie nada más. Llegará, pues, un momento en que la peña que sos¬tiene la torre, corroída por las aguas, se deslizará por las pendientes de la catarata. Pues bien, acordaos. El día en que el Terrapintower vaya a parar al abismo, habrá dentro de la torre algunos excéntricos que se bañarán en el Niá¬gara con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré al doctor, como preguntándole si sería alguno de aquellos excéntricos; pero me indicó que le siguiera, y volvimos a contemplar el horse shoe fall y el paisaje que le rodea. Distínguese desde allí, un poco encorvado, el salto americano, separado por la punta de la isla, en que se forma también una pequeña catarata central, de 100 pies de anchura. El salto americano, igualmente admirable, es recto y no sinuoso, y su altura es de 164 pies. Pero, para poderlo ver en todo su desarrollo, es preciso colocarse enfrente de ella, en la orilla canadiense.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el día, vagamos por las márgenes del Niá¬gara, irresistiblemente atraídos por aquella torre en donde los mugidos de las aguas, la niebla de los vapores, el juego de los rayos solares, la embriaguez y los perfumes de la ca¬tarata, mantienen al espectador en perpetuo éxtasis. Des¬pués regresamos a Goat Island para examinar la gran cas¬cada desde todos los puntos de vista, sin cansarnos nunca de verla. El doctor hubiera querido llevarme a la Gruta de los Vientos, ahuecada detrás de la catarata central y a la cual se llega por una escalera practicada en la punta de la isla, pero en aquella temporada, estaba prohibido acercarse a ella, a causa de los frecuentes hundimientos que se producían, desde hacía algún tiempo, en aquellas peñas quebradizas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las cinco estábamos de vuelta en Cataract House. Des¬pués de comer rápidamente, fuimos otra vez a Goat Island. El doctor quiso volver a ver las Tres Hermanas, deliciosos islotes situados a lo último de la isla. Llegada la noche, me llevó de nuevo al tembloroso penasco de Terrapintower.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sol se había puesto tras las sombrías colinas. Los últimos resplandores del día habían desaparecido. La luna brillaba en todo su esplendor. La sombra de la torre se proyectaba, alargándose sobre el abismo. Aguas arriba, las aguas tranquilas se deslizaban bajo la ligera bruma. La orilla canadiense, y sumida en tinieblas, contrastaba con las masas más iluminadas del Coast Island y del pueblo Niágara Falls. Bajo nuestros pies, el antro, aumentado por la penumbra, parecía un abismo infinito, en el cual mugía la formidable catarata. ¡Qué impresión! ¡Qué artista podrá reproducirla, con la pluma o el pincel! Una luz movediza apareció en el horizonte... Era el farol de un tren que pasaba por el puente del Niágara, colgado a dos millas de nosotros. Permanecimos así hasta la medianoche, mudos, inmóviles, en lo alto de aquella torre, irresistiblemente inclinados sobre el torrente que nos fascinaba. Finalmente, así que los rayos de la luna hirieron, según cierto ángulo, el polvo líquido, distinguí una faja láctea, una cinta diáfa¬na que temblaba en la sombra. Era un arco iris lunar, una pálida irradiación del astro de la noche, cuyo tibio res¬plandor se descomponía al atravesar las brumas de la catarata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXXVIII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El programa del doctor marcaba, para el día siguiente, 13 de abril, una visita a la orilla canadiense. Un paseo. Bas¬taba leguir las alturas que foitnan la derecha del Niagara por espacio de dos millas, para llegar al puente colgante. Salimos a las siete de la mañana. Desde el sendero sinuoso que costea la orilla derecha, se distinguían las aguas tran¬quilas del río, que ya se había repuesto de los remolinos de su caída.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las siete y media llegamos a Suspension Bridge. Es el único puente que conduce al Great Western y al New York Central Railroad, el único que da entrada al Canadá en los confines del Estado de Nueva York. Está formado por dos tableros; por el superior pasan los trenes y por el inferior, situado a 23 metros por debajo del primero, pasan los carruajes ordinarios y los peatones. La imagina¬ción se niega a seguir en su atrevido trabajo al ingeniero John A. Roebling, de Trendon (Nueva Jersey), que se de¬terminó a construir un viaducto en tales condiciones: un puente colgante que da paso a trenes de ferrocarril, si-tuado a 250 pies sobre el Niágara, transformado de nuevo en rápido. El Suspension Bridge tiene 800 pies de largo y 24 de ancho. Tirantes de hierro, sujetos en las orillas, le preservan del balanceo. Los cables que lo sostienen, for¬mado cada uno por 4.000 alambres, tienen diez pulgadas de diámetro y pueden soportar un peso de 12.400 toneladas. Inaugurado en 1855, costó 500.000 dólares. Cuando llegá¬bamos a la mitad del puente, pasó un tren sobre nuestras cabezas, sentimos cómo el tablero se hundía más de un metro bajo nuestros pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un poco aguas abajo de este puente está el sitio por donde Blondin pasó el Niágara, por una cuerda tirante, de orilla a orilla; no lo atravesó, pues, por encima de las cataratas. Pero no por eso era la empresa menos arriesga¬da. Pero si mister Blondin nos asombra por su audacia, ¿no debe admirarnos más el amigo que, montado en su espalda le acompañaba en aquel paseo aéreo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debía ser un glotón dijo el doctor , porque Blon¬din hacía las tortillas admirablemente, sobre su cuerda tirante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos ya en la orilla canadiense; subimos por la orilla izquierda del Niágara, para ver las cascadas bajo otro aspecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Media hora después, entrábamos en una fonda inglesa, donde el doctor hizo servir un desayuno conveniente. Re¬corrí el libro de los viajeros, en el cual figuran multitud de nombres. Entre ellos estaban los siguientes: Roberto Peel, lady Franklin, conde de Paris, principe de Joinville, Luis Napole6n (1846), Barnum, Mauricio Sand (1865), Agas¬sis (1854), Almonte, principe Hohenlohe, Rothschild, lady Engin, Burkardt (1862), etc...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminado el almuerzo, el doctor dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ahora vamos a ver las cataratas por debajo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le seguí. Un negro nos condujo a un vestuario donde nos dio un pantalón y una esclavina impermeables y un soinbrero de hule. Así vestidos, el negro nos guió por un sendero resbaladizo, surcado por desagües ferrugino¬sos, obstruidos en muchos puntos por piedras negras con afiladas aristas, hasta que llegamos al nivel inferior del Niágara. Pasamos después, por entre vapores de agua pul¬verizada, a colocarnos debajo de la gran catarata, que caía por delante de nosotros como el telón de un teatro por delante de los actores. ¡Pero qué teatro! ¡Qué co¬rrientes tan impetuosas formaban las capas de aire, vio-lentamente desalojadas! Mojados, ciegos, ensordecidos, no podíamos vernos ni oírnos, en aquella caverna tan her¬méticamente cerrada por las láminas líquidas de la cata¬rata, como si la Naturaleza la hubiera cubierto con un muro de granito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las nueve, habíamos regresado ya a la fonda, donde abandonamos nuestros mojados ropajes. Vuelto a la orilla, lancé un grito de sorpresa y de alegría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Corsican!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El capitán me oyó y se acercó a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Vos aquí! exclamó . ¡Qué alegría!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y Fabián? ¿Y Elena? pregunté, mientras nos es¬trechábamos las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí están, todo lo bien que es posible. Fabián lleno de esperanza, y Elena recobrando poco a poco la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ¿cómo os encuentro en el Niágara?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Niágara respondió Corsican es el punto de cita veraniega de los ingleses y los americanos. Aquí se respira; aquí, ante el sublime espectáculo de las cataratas, se recobra la salud. Este hermoso paisaje impresionó a Elena, y por eso hicimos alto aquí, en la margen del Niá¬gara. Mirad esa casa de campo, Clifton House, en medio de los árboles, a media ladera. En ella vivimos, en familia, con la hermana de Fabián, que se ha consagrado a nuestra pobre amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ha reconocido Elena a Fabián?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, aún no respondió el capitán . Sabéis, sin em¬bargo, que, en el momento de caer Harry Drake herido mortalmente, Elena tuvo un instante de lucidez. Su razón se abrió paso al través de las tinieblas que la envolvían. Pero aquella lucidez desaparecio pronto. No obstante, des¬de que se halla en medio de este aire puro, en este medio tranquilo, el doctor ha notado una mejoría sensible en el estado de Elena. Está serena, su sueño no es inquieto, en sus ojos se ve como un esfuerzo para recobrar algo, de lo pasado o del porvenir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ah, querido amigo! le dije . La curaréis. Pero ¿dónde están Fabián y su prometida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Mirad! dijo Corsican, extendiendo el brazo hacia el Niágara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la dirección indicada, distinguí a Fabián, que aún no nos había visto. Estaba en pie sobre una roca, sin separar su mirada de Elena, que estaba sentada a algunos pasos de él. Aquel sitio de la orilla derecha se llama «Table Rock». Es una especie de promontorio peñascoso, volado sobre el río que muge a doscientos pies por debajo. En otro tiem¬po, la superficie volada era mayor. Pero derrumbamien¬tos sucesivos de enormes trozos de piedra han reducido su superficie a algunos metros cuadrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Élena contemplaba la Naturaleza, sumida en mudo éx¬tasis. Desde aquel sitio, el aspecto de los saltos de agua es motsu lime, dicen los guías, y tienen razón. Es una vista de conjunto de ambas cataratas: a la derecha se ve la canadiense, cuya cresta, coronada de vapores, cierra por este lado el paisaje como un horizonte de mar; enfrente se ve el salto americano, y encima el elegante pueblo de Niágara Falls, medio perdido entre los árboles, y toda la perspectiva del río, que se esconde entre sus elevadas ori¬llas; debajo, el torrente que lucha con los témpanos des¬prendidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quise distraer a Fabián. Corsican, el doctor y yo nos habíamos acercado a Table Rock. Elena conservaba la inmovilidad de una estatua. ¿Qué impresión dejaba aquella escena en su espíritu? ¿Renacía, poco a poco, su razón, bajo la influencia de aquel grandioso espectáculo? Vi que, de pronto, Fabián dio un paso hacia ella. Elena, levantándose bruscamente, había avanzado hacia el abis¬mo, tendiendo al antro sus brazos, pero, de repente, se había detenido, pasando la mano por su frente como si quisiera borrar de ella alguna imagen. Fabián, pálido como un cadáver, pero sereno, se había colocado de un salto entre Elena y el precipicio. Elena había sacudido su rubia cabellera; su cuerpo encantador se estremecía. ¿Veía a Fabián? No. Parecía una muerta que volvía a la vida y que trataba de reconocer la existencia en tomo suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corsican y yo no nos atrevíamos a dar un paso; sin embargo, tan cerca de Fabián y Elena estaba el antro, que temíamos un desastre. Pero el doctor Pitferge nos contuvo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejad a Fabián dijo ; dejadle hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oíanse los sollozos que brotaban del pecho de la joven. De sus labios brotaron palabras inarticuladas. Parecía que trataba de hablar y no podía. Por fin, oímos estas palabras:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Dios mío! ¡Dios todopoderoso! ¿Dónde estoy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces tuvo conciencia de que había alguien junto a ella, y volviéndose a medias, apareció a nosotros transfor¬mada; una expresión nueva vivía en sus ojos. Fabián, tem-bloroso, permanecía delante de ella, mudo, con los brazos abiertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Fabián! ¡Fabián! exclamó por fin Elena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabián la recibió en sus brazos, en los cuales cayó ina¬nimada. El joven lanzó un grito desgarrador, pues creía muerta a su prometida. Pero el doctor intervino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tranquilizaos dijo a Fabián ; esta crisis la salvará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elena fue transportada a Clifton House, y depositada en su lecho, donde, pasado el desmayo, quedó sumida en plácido sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabián, animado por el doctor y lleno de esperanza (¡Elena le había reconocido!) se acercó a nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡La salvaremos! me dijo . ¡La salvaremos! Todo los días espero la resurrección de su alma. Hoy,, mañana tal vez, ¡mi Elena me será devuelta! ¡Ah! ¡Cielo clemente! ¡Bendito seas! Permaneceremos aquí cuanto tiempo sea preciso por ella. ¿No es verdad, Arquibaldo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El capitán apretó con efusión a Fabián contra su pecho. Fabián se volvió hacia mí y al doctor. Nos prodigó sus muestras de cariño. Nos envolvía en su esperanza. ¡Y ja¬más estuvo mejor fundada! La curación de Elena estaba próxima...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero forzoso era para nosotros partir. Apenas nos que¬daba una hora para llegar a Niágara Falls. En el momento que nos separamos de tan queridos amigos, Elena dormía aún. Fabián nos abrazó. Corsican nos ofreció darnos, por telegrama, noticias de Elena, y a las doce habíamos salido de Clifton House.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXXIX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos instantes después, bajábamos por una cuesta muy larga de la orilla canadiense, que nos condujo a la orilla del río, casi enteramente obstruido por los hielos. Una barca nos esperaba para llevarnos «a América». Un viajero, ingeniero de Kentucky, que reveló al doctor su nombre y profesión, estaba ya embarcado. Nos sentamos junto a él sin perder momento; ya separando los témpa¬nos, ya rompiéndolos, la barca llegó al medio del río, don¬de tenía el paso más expedito. Desde allí dirigimos la última mirada a la admirable catarata del Niágara. Nuestro compañero la examinaba atentamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué hermosa es! le dije . ¡Es admirable!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí me respondió ; pero ¡cuánta fuerza motriz des¬perdiciada! ¿Qué molino podría poner en movimiento, con semejante salto de agua?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás he experimentado más feroz deseo de echar un ingeniero al agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la otra orilla un pequeño ferrocarril, casi vertical, movido por un canal desviado de la catarata americana, nos llevó a la altura, en pocos segundos. A la una y media tomábamos el expreso que, a las dos y cuarto, nos dejaba en Buffalo. Después de visitar esta reciente y hermosa ciu¬dad, después de haber probado el agua del lago Erie, to¬mamos el ferrocarril central, a las seis de la tarde. Al otro día, llegamos a Albany, y el ferrocarril del Hudson que corre a flor de agua a lo largo de la orilla, nos dejaba en Nueva York, a las pocas horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empleé el día siguiente en recorrer, acompañado del infatigable doctor, la ciudad, el río del Este y Brooklyn Llegada la noche, me despedí del buen doctor con verda¬dera pena, pues comprendía que dejaba en él un verdadero amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El martes, 16 de abril, era el día marcado para la salida del Great Eastern; a las once me personé en el embar¬cadero número 37, donde el ténder, ya con muchos pasa¬jeros a su bordo, me esperaba. ¡Me embarqué! En el mo¬mento en que el ténder iba a desatracar sentí que me co¬gían por el brazo. Me sorprendió agradablemente ver que era el doctor Pitferge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Vos! exclamé . ¿Regresáis a Europa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, mi querido amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el Great Eastern.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí me dijo sonriendo . He reflexionado y parto. Pensadlo bien: este será tal vez el último viaje del Great¬-Eastern, el viaje del cual no se vuelve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La campana iba a tocar para la salida, cuando uno de los camareros del «Fifth Avenue Hotel», corriendo a todo correr, me entregó un telegrama de Niágara Falls. «Elena ha resucitado. Ha recobrado la razón por completo. El doc¬tor responde de ella.» Así me decía el capitán Corsican.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comuniqué tan grata nueva al doctor Pitferge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Responde de ella! ¡Responde de ella! replicó gru¬ñendo mi compañero de viaje . Yo también respondo. Pero ¿qué prueba eso? ¡Quien respondiera de mí, de vos, de to¬dos nosotros, amigos míos, tal vez se equivocara!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doce días después, llegamos a Brest, y al día siguiente a París. La travesía de regreso se había hecho sin accidente, con gran sentimiento de Pitferge, que esperaba siempre su naufragio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hallarine sentado delante de mi mesa, si no hubiera tenido a la vista estos apuntes de cada día, el Great¬-Eastern, la ciudad flotante que había habitado por espacio de un mes, el encuentro de Elena y Fabián, el incomparable Niágara, todo me hubiera parecido un sueño. ¡Ah, cuán hermosos son los viajes «hasta cuando se vuelve de ellos», diga el doctor lo que quiera!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por espacio de ocho meses, permanecí sin oír hablar de aquel tipo original. Pero un día, el correo me trajo una carta de timbres multicolores, que empezaba con estas pa¬labras:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«A bordo del Cornogny, arrecifes de Aukland. Por fin hemos naufragado ... »&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y terminaba con éstas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«¡Qué bien me encuentro! Vuestro de todo corazón&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dean Pitferge.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-8356139793163878440?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/8356139793163878440/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=8356139793163878440&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/8356139793163878440'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/8356139793163878440'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/11/la-ciudad-flotante-cap-37-38-y-fin.html' title='La ciudad Flotante (cap. 37, 38 y FIn)'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-5313834969451024463</id><published>2011-11-12T10:57:00.000+01:00</published><updated>2011-11-12T10:57:00.128+01:00</updated><title type='text'>La ciudad Flotante (cap. 34,35 y 36)</title><content type='html'>Por Julio Verne&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXXIV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro día, martes 9 de abril, a las once de la mañana, el Great Eastern levaba anclas y aparejaba para entrar en el Hudson. El práctico maniobraba con incomparable golpe de vista. La tempestad se había disipado durante la noche. Las últimas nubes desaparecían en el extremo hori¬zonte. El mar estaba animado por una escuadrilla de goletas, que se dirigían a la costa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las once y media llegó la Sanidad. Era un barco peque¬ño de vapor, que llevaba a su bordo la comisión sanitaria de Nueva York. Provisto de un balancín que subía y bajaba, su velocidad era grande; aquel buque me dio la muestra de los pequeños ténders americanos, todos del mismo modelo. Unos veinte de ellos nos rodearon muy pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tardamos en pasar más allá del Light Boat, faro flo¬tante que marca los pasos del Hudson. Pasamos rozando la punta de Sandy Hook, lengua arenosa terminada por un paso; algunos grupos de espectadores nos aclamaron desde dicha punta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que el Great Eastern hubo costeado la bahía interior formada por la punta de Sandy Hook, en medio de una es¬cuadrilla de pescadores, distinguí las florecientes y verdes alturas de Nueva Jersey, los enormes fuertes de la bahía, y luego la línea baja de la gran ciudad, que se prolonga entre el Hudson y el río del Este, como Lyon entre el Saona y el Ródano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la una, después de pasar a lo largo de los muelles de Nueva York, el Great Eastern fondeaba en el Hudson, aga¬rrando las uñas de sus anclas los cables telegráficos del río, que estuvo a punto de romper, más adelante, al levarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezó entonces el desembarco de todos aquellos compa¬ñeros de viaje, de todos aquellos compatriotas de una trave¬sía, que ya no debía volver a encontrar: los californianos, los mormones, los sudistas, los dos novios... Esperé a Fabián. Esperé a Corsican.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El capitán Anderson supo, por mi, los pormenores del desafío efectuado a bordo. Los médicos extendieron su cer¬tificado. No teniendo la justicia nada que ver en la muerte de Harry Drake, se habían dado las órdenes oportunas para que los últimos deberes para con él se llevaran a cabo en tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel instante el estadista Cokburu, que no me ha¬bía hablado en todo el viaje, se acercó a mí y me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Sabéis cuántas vueltas han dado las ruedas durante la travesía?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le respondí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cien mil setecientas veintitrés!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué me contáis? ¿Y la hélice?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Seiscientas ocho mil ciento treinta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el estadista se alejó sin decirme adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabián y Corsican se reunieron conmigo. El primero me estrechó la mano con efusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Elena me dijo , Elena recobrará la razón! ¡Ha te¬nido un momento de lucidez! ¡Ah! ¡Dios es justo! ¡Le devol¬verá el juicio por completo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hablar así, Fabián sonreía al porvenir. En cuanto a Corsican, me abrazó sin ceremonias, pero con rudeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta la vista me gritó al tomar puesto en el ténder en que se hallaban Fabián y Elena, bajo la custodia de la hermana del capitán Macelwin, que había salido a recibirle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ténder se alejó, llevando aquel primer grupo de pasa¬jeros al desembarcadero de la Aduana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le miré alejarse. Al ver a Elena entre Fabián y su herma¬na, no me quedó duda de que el amor, los cariñosos cuida¬dos, llegarían a conseguir que aquella pobre alma extraviada por el dolor recobrara su modo natural de ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto recibí un abrazo. Me lo daba el doctor Pit¬ferge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué vais a hacer? me dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puesto que el Great Eastern no parte hasta dentro de ciento noventa y dos horas, y debo volver a embarcarme en él, tengo ocho días que pasar en América. Esos ocho días, bien aprovechados, bastan para ver Nueva York, el Hudson, el valle del Mohawk, el lago Erie, el Niágara y todo ese país cantado por Cooper.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ah! ¡Vais al Niágara! gritó Pitferge . A fe mía no me desagradará verlo otra vez, y si mi proposición no os pareciera indiscreta...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las ocurrencias del doctor me hacían mucha gracia. Me interesaba. Era un guía ya encontrado y de mucha instruc¬ción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tocad estos cinco le dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las tres, después de haber remontado el Broadway, a bordo del ténder, nos alojamos en dos habitaciones del «Fifth Avenue Hotel».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXXV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ibamos a pasar ocho días en América! El Great Eastern debía zarpar el 16 de abril, y el día 9, a las tres de la tarde, había puesto mi planta en el suelo de la Unión. ¡Ocho días! Hay turistas frenéticos, «viajeros exprés», a quienes hubieran bastado para visitar a toda América. Yo no abrigaba tamafia pretensión, ni siquiera la de visitar Nueva York detenidamente para escribir, después de tan extrarrápido examen, un libro sobre las costumbres y el carácter de los americanos. Pero la constitución y el aspecto físico de Nueva York están pronto vistos. No ofrece mayor variedad que un tablero de damas. Calles que se cortan perpendicularmente, llamadas «avenidas» si son longitudinales y «streets» si son transversales; estas diversas vías de comunicación están nu¬meradas correlativamente, sistema muy práctico, pero muy monótono; ómnibus americanos recorriendo todas las aveni¬das. Visto un barrio está vista toda la ciudad, a excepción del laberinto de callejuelas que constituyen la parte sur de la ciudad, donde se apiña la población mercantil. Nueva York es una lengua de tierra, y toda su actividad está concentrada en la punta de esta «lengua» A un lado se desarrolla el Hud¬son y al otro el río del Este; ambos ríos son dos brazos de mar, surcados por buques, y cuyos ferry boats unen la ciu¬dad, a la derecha con Brooklyn, a la izquierda con las már¬genes de Nueva Jersey. Una sola arteria corta oblicuamente la simétrica aglomeración de los barrios de Nueva York, llevando a ellos la vida. Es el antiguo Broadway, el Strand de Londres, el bulevar Montmartre de París; casi impracticable en su parte baja, donde afluye la multitud, y casi desierto en su parte elevada, una calle en que se codean los casuchos y los palacios de mármol; un verdadero río de coches de al¬quiler, de ómnibus, de caballos, de mozos de cuerda, con aceras por orillas, y sobre el cual ha sido preciso echar puentes para dejar paso a los peatones. Broadway es Nue¬va York, y por allí paseamos el doctor Pitferge y yo, hasta que se hizo de noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de haber comido en «Fifth Avenue Hotel», donde nos sirvieron manjares liliputienses en platos de muñecas, fui a ciar término al día en el teatro de Barnum. Se representaba un drama que atraía a la multitud: New York Streets. En el cuarto acto figuraba un incendio y una bomba de vapor ser¬vida por verdaderos bomberos. Esto producía «Great atrac¬tion».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, por la mañana, dejé al doctor dedicarse a sus asuntos. Debíamos encontrarnos en la fonda a las dos. Fui al correo, Liberty Street, 51, a recoger las cartas que me esperaban, y después a Rowlingen Green, 2, a lo último del Broadway, a ver al cónsul de Francia, Mister Gauldrée Boi¬kein, que me acogió muy bien; luego a la casa de Hoffmann, donde cobré una letra, y por último, a casa de la hermana de Fabián, mistress R..., cuyas señas me habían dejado, Calle 36, número 25. Allí adquirí noticias de Elena y mis amigos. Si¬guiendo el consejo de los médicos, Corsican, Fabián y la her¬mana de éste habían salido de Nueva York, llevando consigo a la pobre Elena, a quien los aires y la tranquilidad del campo no podían dejar de ser favorables. Una carta de Corsican me anunciaba la repentina marcha. El valiente ca¬pitán había ido a buscarme al «Fifth Avenue Hotel», pero no me había encontrado. ¿A dónde irían al salir de Nueva York? No lo sabían. Al primer sitio que impresionara a Elena, y pensaban permanecer en él mientras durara el encanto. Cor¬sican se comprometía a tenerme al corriente, y esperaba que yo no partiera sin haber vuelto a abrazarlos a todos por última vez. Indudablemente, aunque sólo fuera por algunas horas, sería para mí una gran dicha hallarme junto a Fabián, Elena y Corsican. Pero ausentes ellos y alejado yo, no debía pensar en veros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las dos me encontraba de regreso en la fonda, donde encontré a Pitferge en el room, lugar lleno de gente como una Bolsa o un mercado, verdadera sala pública donde se mezclan los paseantes y los viajeros, y donde todo el que llega encuentra, gratis, agua de nieve, galleta y chester.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuándo partimos, doctor? le dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta tarde, a las seis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Tomamos el railroad del Hudson?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, el Saint John, un barco maravilloso, un mundo nuevo, un Great Eastern de río, uno de esos admirables apa¬ratos de locomoción que revientan con la mayor facilidad. Hubiera preferido enseñaros el Hudson de día, pero el Saint¬-John sólo navega de noche. Mañana, al amanecer, estaremos en Albany; a las seis tomaremos el «New York Central», railroad, y por la noche cenaremos en Niágara Falls.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acepté a ojos cerrados el programa. El aparato ascensor de la fonda, moviéndose por su rosca vertical, nos subió a nuestras habitaciones, y nos bajó, algunos momentos des¬pués, con nuestras maletas mochilas. Un coche de alquiler, de a 20 francos la carrera, nos condujo en un cuarto de hora al embarcadero del Hudson, delante del cual el Saint John ostentaba ya, por penacho, gruesos torbellinos de humo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXXVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Saint John y el Dear Richmond, su lemejante, eran los mejores buques del río. Eran edificios más que bar¬cos, con dos o tres pisos con terrazas, corredores y gale¬rías. Un barco de esta especie parece la habitación flotante de un plantador. El conjunto está dominado por una veinte¬na de botes empavesados y ligados entre sí por armaduras de hierro, que consolidan el conjunto de la construcción. Los dos enormes tambores están pintados al fresco, como los tímpanos de la iglesia de san Marcos de Venecia. Detrás de cada rueda se alza la chimenea de las dos calderas, que se hallan colocadas exteriormente y no en los flancos del vapor, precaución útil en el caso de una explosión. Entre los dos tambores se mueve el mecanismo, de extremada sencillez: un cilindro con su émbolo, que mueve un largo balancín, que sube y baja como un enorme martillo de fragua y una sola biela que comunica el movimiento al árbol de las macizas ruedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cubierta del Saint John estaba ya atestada de viajeros. El doctor y yo tomamos posesión de un camarote que comu¬nicaba con un salón inmediato, especie de galería de Diana, cuya redondeada bóveda descansaba en una columnata corintia. Por todas partes comodidad y lujo: tapices, alfombras, divanes, objetos de arte, pinturas, espejos y luces de gas, fabricado a bordo, en un pequeño gasómetro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel momento, la colosal máquina se estremeció. Em¬prendíamos la marcha. Subí a las terrazas superiores. En la proa había una casa brillantemente pintada: era la cámara de los timoneles. Cuatro hombres vigorosos estaban junto a los radios de la doble rueda del gobernalle. Después de un paseo de algunos minutos, bajé a cubierta entre las calderas ya rojas, de donde se escapaban pequeñas llamas azules, al impulso del aire que despedían los ventiladores. Del Hudson, no me era posible ver nada. La niebla que avanzaba con la noche, «podía cortarse con cuchillo». El Saint John se hin¬chaba en la sombra como un formidable mastodonte. Apenas se distinguían las lucecillas de los pueblos situados a orillas del do y los faroles de los barcos de vapor que remontaban las oscuras aguas, dando terribles silbidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las ocho, entré en el salón. El doctor me llevó a cenar a una magnífica fonda instalada en el entrepuente y servida por un ejército de criados negros. Dean Pitferge me hizo saber que el número de viajeros pasaba de 4.000, entre los cuales se contaban 1.500 emigrantes, alojados en la parte baja del barco. Terminada la cena, fuimos a acostarnos a nuestro cómodo camarote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las once, me despertó un especie de choque. El barco se había parado, pues el capitán no, se atrevía a navegar al través de tan densas tinieblas. Anclado en el canal, el enorme buque se durmió tranquilamente sobre sus anclas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Saint John prosiguió su marcha a las cuatro de la mañana. Me levanté y fui a la galería de proa. La lluvia había cesado; las nubes se elevaban; aparecieron las aguas del río y después las orillas; la derecha accidentada, cubierta de ár¬boles verdes y de arbustos que le daban el aspecto de un largo cementerio; en último término, altas colinas limitaban el horizonte con una graciosa línea. Al contrario, en la: orilla izquierda sólo había terrenos llanós y fangosos. En el cauce núsmo del río, muchas goletas aparejaban para aprovechar la primera brisa, y los vapores remontaban la rápida co¬rriente del Hudson.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pitferge había ido a buscarme a la galería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buenos días, compañero me dijo después de aspirar con fuerza el aire fresco ; sabed que esta maldita niebla ha modificado mi programa, pues no llegaremos a Albany a tiempo de tomar el primer tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es lástima, doctor, porque no tenemos tiempo de sobra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Bahi Todo se reduce a llegar por la noche a Niágara Falls, en vez de llegar por la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La modificación me desagradaba, pero forzoso era resig¬narse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Efectivamente, el Saint John no quedó amarrado al mue¬lle de Albany antes de las ocho. El tren de la mañana ya había salido; teníamos que aguardar el tren de la una y cua¬renta. Podíamos, pues, visitar sosegadamente la curiosa ciu¬dad que forma el centro legislativo del Estado de Nueva York, la ciudad baja, comercial y populosa, establecida en la orilla derecha del Hudson, y la ciudad alta, con sus casas de ladrillo, sus establecimientos útiles y su famoso museo de fósiles. Parece que uno de los grandes barrios de Nueva York se ha trasladado a la ladera de aquella colina, sobre la cual se desarrolla en anfiteatro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la una, después de almorzar, estábamos en la estación, estación libre, sin vallas ni guardas. El tren paraba en medio de la calle, como un ómnibus. Se sube cuando se quiere a aquellos vagones sostenidos en la parte delantera y en la tra¬sera, por un sistema giratorio de cuatro ruedas. Los carruajes comunican entre sí por pasillos que permiten al viajero pa-sear de extremo a extremo del tren. A la hora marcada, sin que hubiéramos visto a ningún empleado, sin un toque de campana, sin aviso de ningún género, la jadeante locomotora nos arrastró con velocidad de 12 leguas por hora. No está¬bamos almacenados como en los coches de los ferrocarriles de Europa, sino que podíamos pasear, comprar libros y periódicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las bibliotecas y los vendedores ambulantes marchan con el viajero. El tren volaba por entre campos sin barreras, bos¬ques en que se habían hecho cortas recientes, a riesgo de tro-pezar con troncos de árboles; ciudades nuevas con anchas calles surcadas por rails, pero que aún carecían de casas, ciudades cuyos nombres son los más poéticos de la historia antigua: Roma, Palmira, Siracusa. Todo el valle del Mo¬hawk, desfiló ante nuestros ojos; asi entablé conocimiento con el país que pertenece a Fenimore como el Sob Roy a Walter Scott. Brilló por un momento, en el horizonte, el lago Ontario, teatro de las escenas de la obra maestra de Cooper.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las once de la noche pasamos al tren de Rochester, y atravesamos las rápidas corrientes de Tennesse, que huían en forma de cascadas, bajo los vagones. A las dos de la madru¬gada llegamos a Niágara Falls; el doctor me condujo a una fonda soberbia, llamada «Cataract House».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-5313834969451024463?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/5313834969451024463/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=5313834969451024463&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/5313834969451024463'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/5313834969451024463'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/11/la-ciudad-flotante-cap-3435-y-36.html' title='La ciudad Flotante (cap. 34,35 y 36)'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-7393525299489034561</id><published>2011-11-05T10:54:00.003+01:00</published><updated>2011-11-05T10:56:26.638+01:00</updated><title type='text'>La ciudad Flotante (cap. 30, 31 y 32)</title><content type='html'>Por Julio Verne&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era ya posible alejar el desenlace del drama. Sólo algunas horas nos separaban del momento en que los dos adversarios habían de encontrarse. ¿Por qué Harry Drake no esperaba que su enemigo y él hubieran desembarcado? ¿Aquel buque, fletado por una compañía francesa, le parecía un terreno más a propósito para aquel desafío, que debía ser a muerte? ¿O quería deshacerse de Fabián antes que éste hubiera pisado el territorio americano y sospechara la existencia a bordo, de Elena, que Drake debía suponer ig¬norada de todo el mundo? Esto último debía de ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco importa dijo Corsican . Cuanto antes mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Os parece que suplique a Pitferge que asista al desa¬fío como médico?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, me parece bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corsican fue a ver a Fabián. La campana sonaba en aquel momento. ¿Qué significaba aquel toque inusitado? El timo¬nel me dijo que tocaba a muerto por el marinero. En efecto, iba a llevarse a cabo una triste ceremonia. El tiempo, hasta entonces tan hermoso, tendía a modificarse. Gruesas nubes subían pesadamente hacia el Sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al oír la campana, los pasajeros acudieron en tumulto hacia estribor. Los tambores, los obenques, las pasarelas, las bordas y hasta las lanchas, colgadas de sus pescantes, se lle-naron de espectadores. Oficiales, marineros y fogoneros fran¬cos de servicio, se alinearon sobre cubierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las dos apareció un grupo de marineros al extremo de la calle. Salía de la enfermería y pasó por delante de la má¬quina del gobernalle. El cuerpo del marinero, envuelto en un pedazo de lona cosido y fijo a una tabla, con una bala a los pies, iba en hombros de cuatro de sus companeros. El pabellón inglés cubría el cadáver. El grupo avanzó lentamen¬te por entre la concurrencia. Todos los asistentes se descu¬brieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegados más allá de la rueda de estribor, los que lleva¬ban el cadáver depositaron la tabla en el descansillo en que terminaba la escalera al llegar a la cubierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Delante de la fila de espectadores que ocupaban el tam¬bor, hallábanse el capitán Anderson y sus oficiales vestidos de gala. El capitán tenía en la mano un libro de oraciones. Se descubrió, y por espacio de algunos minutos, en medio de un silencio profundo, que ni la brisa turbaba, leyó con voz gra¬ve la oración de los difuntos. En aquella atmósfera pesada, tempestuosa, sin el más leve ruido, sin un soplo de aire, se oían distintamente todas sus palabras. Algunos pasajeros respondían en voz baja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A una señal del capitán, el cadáver, levantado por los que lo habían llevado, se deslizó hacia el mar. Sobrenadó un instante, desapareciendo después en medio de un círculo de espuma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel momento la voz del vigía gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Tierra!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXXI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella tierra, anunciada en el momento en que el mar se cerraba sobre el cuerpo del pobre marinero, era amarilla y baja. Aquella línea de dunas poco elevadas era Long Island, la isla larga, gran banco de arena, vivificado por la vegetación que cubre la costa americana, desde la punta de Montkank hasta Brooklyn, dependencia de Nueva York. Numerosas goletas de cabotaje costeaban aquella isla, sembrada de casas de recreo. Es la campiña predilecta de los habitantes de Nueva York.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pasajeros saludaban con la mano a aquella tierra tan deseada, después de una travesía demasiado larga, y no exenta de accidentes penosos. Todos los anteojos estaban apuntados a aquella primera muestra del continente ameri¬cano, mirándola cada uno por distinto prisma, según sus sen¬timientos o deseos. Los yanquis saludaban en ella a su ma-dre patria. Los sudistas miraban con cierto desdén aquellas tierras del Norte: el desdén del vencido hacia el vencedor. Los canadienses la miraban como gentes a quienes falta poco para llamarse ciudadanos de la Unión. Los californianos, al rebasar todas las llanuras del Far West y franquear las Montañas Rocosas, ponían ya el pie en sus inagotables pla¬ceres. Los mormones, con la frente levantada y los labios fruncidos por el desprecio, apenas miraban aquellas playas, dirigiendo sus visuales más lejos, a su desierto inaccesible, a su Ciudad de los Santos, y a su Lago Salado. Para los dos prometidos, aquel continente era la Tierra de Promisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el cielo se oscurecía más y más. Todo el horizonte sur estaba ocupado. Las nubes se acercaban al cenit. La pe¬sadez del aire aumentaba. Un calor sofocante penetraba la atmósfera, como si el sol de julio cayera a plomo sobre ella. No terminaban aún los incidentes de aquella travesía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Queréis que os asombre? me dijo Pitferge, que se hallaba a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asombradme, doctor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien: antes de acabar el día tendremos tempestad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Tempestad en abril!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Great Eastern se burla de las estaciones repuso el doctor, encogiéndose de hombros . Es una tempestad hecha para él. Mirad esas nubes de mala facha que invaden el cielo. Parecen animales de los tiempos geológicos. Antes de mucho, se devorarán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confieso dije , que el horizonte está feo. Su aspec¬to es tempestuoso, y tres meses más allá, sería yo de vuestra opinion, querido doctor; pero ahora no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Repito dijo Pitferge, animándose , que dentro de pocas horas estallará la tempestad. La siento, como un storm¬glas. Mirad esos vapores que se condensan en lo alto del cielo. Observad esos cisnes, esas «colas de gato» que se ama¬san en una sola nube y esos gruesos anillos que aprietan el horizonte. Pronto habrá condensación rápida de vapores, y por consiguiente, producción de electricidad. Además, el ba¬rómetro ha caído de pronto a 721 milímetros, y los vientos reinantes son del Sudoeste, los únicos que provocan tem¬pestades en invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuestras observaciones podrán ser exactas, doctor respondí, como hombre que no quiere dar su brazo a torcer . Pero, ¿quién ha sufrido alguna vez, tempestades en esta latitud y en esta época?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se citan ejemplos en los anuarios. Los inviernos tem¬plados suelen marcarse por tempestades. Si os hubierais per¬mitido vivir en 1172, o siquiera en 1824, hubierais oído gru¬ñir el trueno, en febrero, en el primer caso, y en diciembre en el segundo. En enero de 1837, el rayo hizo estragos en Draumen, Noruega, y el año pasado los hizo en la Mancha, en el mes de febrero, echando a pique unas barcas de Tre¬port. Si me dejarais consultar la estadística os confundiría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, doctor, ya que os empeñáis... -a veremos. ¿Te¬néis miedo al trueno?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Yo! respondió el doctor . El trueno es mi amigo, es mi médico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Vuestro médico?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí. Tal como me veis, fui atacado por un rayo, en mi cama, el 31 de julio de 1867, en Kiew, cerca de Londres, y el rayo me curó una parálisis del brazo derecho, rebelde a todos los esfuerzos de la medicina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Os chanceáis?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada de eso. Es un tratamiento muy barato, tratamien¬to por la electricidad. Amiguito, muchos ejemplos, muy auténticos, demuestran que el rayo sabe más que los doc¬tores más sabios; su intervención es muy útil, en casos de¬sesperados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No importa dije , vuestro médico me inspira poca confianza, ¡no le llamaré jamás!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque no le habéis visto ejercer. Recuerdo un ejem¬plo. En 1817, en el Connecticut, un campesino que sufría un asma, tenido por incurable, fue herido del rayo, en sus tierras, y radicalmente curado. Un rayo pectoral. ¡Ahí tenéis!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor era capaz de reducir el rayo a píldoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Reíd, ignorante, reíd! ¡No entendéis una patotada de tiempo ni de medicina!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXXII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jean Pitferge se marchó y yo me quedé sobre cubierta viendo cómo subía la tempestad. Fabián seguía aún en su camarote. Corsican estaba con él. Fabián tomaba, sin duda alguna disposiciones para el caso de una desgracia. Me acordé entonces de que tenía una hermana en Nueva York y me horroricé al pensar que tal vez tendríamos que llevarle muerto al hermano que esperaba. Hubiera querido ver a Fabián, pero me parecía prudente no interrumpirlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las cuatro vimos otra tierra delante de la costa de Long Island. Era el islote de Tire Island, que tiene en st centro un faro que lo alumbra. En aquel momento los pasa-jeros habían invadido las toldillas. Todas las miradas se fijaban en la costa, que estaba a más de seis millas al Norte Esperábamos el momento en que la llegada del práctico de-cidiera la importante cuestión de la rifa. Los poseedores de cuartos de hora nocturnos habíamos abandonado toda pretensión, ya que los cuartos de hora de día, a excepción de los comprendidos entre las cuatro y las seis, tenían pocas probabilidades de ganar. Antes de la noche el práctico estaría a bordo, y asunto concluido. Todo el interés se hallaba pues, concentrado entre las siete u ocho personas a quiene,, la suerte había atribuido los próximos cuartos de hora, las cuales se aprovechaban para vender, comprar y volver a vender sus números con verdadera furia. Parecía que estábamos en Royal Exchangue de Londres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las cuatro y cuarto se divisó a estribor una goletilla con rumbo a nosotros. No cabía duda: era el práctico. Debía llegar a bordo antes de media hora. La lucha se empeñó, por consiguiente entre el segundo y tercero cuartos de hora, con¬tados entre las cuatro y las cinco de la tarde. Las peticiones y ofertas menudeaban. Después se hicieron apuestas insen¬satas sobre la persona del práctico; las traslado fielmente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Apuesto diez dólares a que el práctico es casado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Veinte a que es viudo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Treinta dólares a que usa bigote!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cincuenta a que sus patillas son rubias!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Sesenta a que tiene una berruga en la nariz!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ciento a que pondrá sobre cubierta el pie derecho antes que el izquierdo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡A que fuma!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡A que no!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cigarro puro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡No! ¡Sí! ¡No!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y otras mil apuestas más absurdas, pero que encontra¬ban mantenedores más absurdos aún.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretanto, la goleta se acercaba sensiblemente. Distin¬guíanse sus formas graciosas, algo elevadas por la proa, y con curvas prolongadas que le daban el aspecto de un yate de recreo. ¡Qué embarcaciones tan hermosas y sólidas son esos barcos pilotos de 50 a 60 toneladas, bien construidos para navegar, en términos,que pudiesen dar la vuelta al mun-do, sin envidiar a las carabelas de Magallanes! La que tenía¬mos a la vista, ligeramente inclinada, ostentaba todas sus velas, a pesar de la brisa, que empezaba a refrescar. El mar se deshacía en espuma, bajo su estrave. Llegada a dos ca¬bles del Great Eastern, se puso al pairo y echó al agua su bote. A una señal del capitán Anderson, las ruedas y la hélice se detuvieron por primera vez después de catorce días de movimiento. Un hombre descendió de la goleta al bote; cuatro remeros bogaron hacia el Great Eastern. Se echó una escala de cuerda por el flanco del coloso, al cual atracó la cáscara de nuez del práctico. Este trepó agilmente y saltó a cubierta. Los gritos de alegría de los gananciosos, las excla¬maciones de los que perdían le acogieron, y las apuestas y la rifa se resolvieron por estas circunstancias:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El práctico era casado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tenía berruga,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía bigote rubio,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había saltado con los pies juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, por último, eran las cuatro y treinta y seis minutos, en el momento en que pisaba el Great Eastern.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El poseedor del vigésimo tercero cuarto de hora, ganaba pues, 96 dólares. Era el capitán Corsican, que no se ocupa ba de semejante ganancia. No tardó en aparecer sobre cu¬bierta, cuando se enteró de lo ocurrido, rogó al capitán Anderson que entregase sus ganancias a la viuda del pobre marinero tan desgraciadamente muerto por el golpe de mar. El comandante le apretó la mano, sin decir una palabra. Un instante después, un marinero se acercó a Corsican.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caballero le dijo , los compañeros me envían a de¬ciros que sois un hombre de bien. Os dan las gracias en nom¬bre del pobre Wilson, que no puede dároslas en persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corsican, conmovido, estrechó la mano del marinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El práctico, de aspecto poco marino, con sombrero de hule, pantalón negro, levita parda con forro encarnado y un gran paraguas, era a la sazón el amo del buque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al saltar sobre cubierta, soltó un paquete de periódicos, a los cuales se precipitaron con avidez los viajeros. Aquellos papeles, que contenían noticias de Europa y de América, eran el lazo político y civil que se estrechaba entre el Great¬-Eastern y ambos continentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-7393525299489034561?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/7393525299489034561/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=7393525299489034561&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/7393525299489034561'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/7393525299489034561'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/11/l.html' title='La ciudad Flotante (cap. 30, 31 y 32)'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-2362577979293603847</id><published>2011-10-25T18:33:00.000+02:00</published><updated>2011-10-25T18:33:00.575+02:00</updated><title type='text'>La ciudad flotante (cap. 25, 26 y 27)</title><content type='html'>de Julio Verne&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas el Great Eastern hubo virado de bordo, apenas presentó su popa a las olas, cesaron los balances. A la agitación sucedió la inmovilidad absoluta. El almuerzo estaba servido. La mayor parte de los pasajeros, tranquilizada por la inmovilidad del buque descendió a los dining-¬rooms, donde, durante el almuerzo, no se experimentó un sacudimiento ni un choque. Ni un plato cayó al suelo; ni una copa derramó sobre el mantel su contenido, a pesar de no haberse dispuesto las mesas de suspensión. Pero, tres cuartos de hora más tarde, empezó la danza de los muebles; las sus¬pensiones se mecieron en el aire, las porcelanas chocaron entre sí, encima de los aparadores. El Great Eastern acababa de emprender nuevamente su interrumpida marcha al Oeste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subí a cubierta, acompañado de Pitferge, que encontró allí al de las muñecas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caballero le dijo , toda vuestra gentecilla se ha fas¬tidiado. He ahí unas muñecas que no tartamudearán en los Estados de la Unión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Bah¡ respondió el industrial parisiense . La paco¬tilla estaba asegurada y no se ha ahogado con ella mi se¬creto. Volveremos a hacer muñecas como esas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo visto, mi compatriota no se ahogaba en poca agua. Nos saludó amablemente y nos dirigimos hacia la popa, donde un timonel nos dijo que las cadenas del gobernalle se habían enredado, durante el tiempo transcurrido entre el pri¬mer golpe de mar y el segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si semejante accidente hubiera sobrevenido en el mo¬mento de la evolución me dijo Pitferge , no sé lo que hubiera pasado, porque el mar se precipitaba en el buque a torrentes. Las bombas de vapor han empezado ya a sacar agua, pero aun queda mucha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y el pobre marinero? le pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está gravemente herido en la cabeza. ¡Pobre mucha¬cho! Es un pescador, casado, padre de dos niños y hace su primer viaje a ultramar. El médico del buque no responde de su vida, lo cual me hace temer por ella. En fin, pronto lo veremos. Se ha dicho que el golpe de mar se ha llevado al¬gunas personas, pero, afortunadamente, no es cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Hemos emprendido otra vez nuestro camino?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, el camino al Oeste, contra viento y marea , aña¬dió, cogiéndose a un guarda mancebo para no rodar por el suelo . ¿Sabéis lo que haría yo con el Great Eastern, si fue¬ra mío? Pues haría de él un barco de lujo a diez mil francos el pasaje. No habría a bordo más que millonarios, gente que no tuviera prisa. Tardaríamos más de un mes en la travesía de Inglaterra a América. Jamás cortaríamos olas al sesgo. Siempre viento en popa o de proa, y nunca balances ni ar¬fadas. Mis pasajeros estarían libres de mareo y les pagaría cien libras por cada náusea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa es una idea realizable le dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Sí! replicó . ¡Se podría ganar dinero, o perderlo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El buque continuaba avanzando a pequeña velocidad, dando a lo sumo, seis vueltas de rueda, con objeto de man¬tenerse. El oleaje era terrible, pero el estrave cortaba nor-malmente las olas y no embarcaba agua. No era ya una montaña de metal que avanzaba contra otra de agua, sino una roca sedentaria que recibía indiferente los besos de las olas. Una lluvia copiosísima nos obligó a buscar refugio en el gran salón. El efecto del chaparrón fue calmar el viento y la mar. El cielo aclaró por el Oeste y las últimas gruesas nubes se deshicieron en el horizonte opuesto. A las diez, la tempestad daba su último resoplido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las doce, las observaciones pudieron hacerse con cierta exactitud, y dieron:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lat. 410 50' N. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Long. 510 67' O. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Car. 193 millas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta considerable disminución en el camino recorrido no podía atribuirse más que a la tempestad, que había combati¬do al buque por la noche y al amanecer, tempestad tan terri-ble que uno de los viajeros verdadero habitante de aquel Atlántico que había atravesado 43 veces , no había visto otra igual. El maquinista confesó que, durante aquellos tres días que pasó el Great Eastern en el hueco de las olas, no había sufrido tan fuertes ataques. Pero seamos justos: si no marcha más que medianamente, este admirable steam ship, ofrece en cambio seguridad completa contra los furores del mar. Resiste como una mole maciza, debiendo esta rigidez a la homogeneidad perfecta de su construcción, a su doble qui¬lla y a lo maravillosamente ajustadas que están sus piezas. Su resistencia es absoluta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero repetimos, igualmente, que, por grande que sea su fuerza, no es prudente oponerla a una mar desencadenada. Por grande que sea, por resistente que se le suponga, un bu¬que no queda deshonrado por huir de la tempestad. Un ca¬pitán no debe olvidar jamás que la vida de un hombre vale más que una satisfacción del amor propio. Obstinarse es peligroso, empeñarse es censurable, y un ejemplo reciente, una catástrofe sobrevenida a un vapor correo oceánico, prueba que un capitán no debe luchar exageradamente contra el mar, aun cuando se vea alcanzado por un vapor de una com¬pañía rival.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las bombas proseguían sacando el lago interior de Great Eastern, parecido a un estanque en medio de una isla. Poderosas y rápidamente movidas por el vapor, devol-vieron al mar lo que era suyo. Había cesado la lluvia; el viento refrescaba de nuevo; el cielo, barrido por la tempes¬tad, estaba puro. Entrada la noche, seguía paseando sobre cubierta. Los salones despedían largas fajas de luz por sus ventanas abiertas. Hacia la popa, hasta los límites de la mi¬rada, se proyectaba un fosforescente remolino, rayado irre-gularmente por la cresta luminosa de las olas. Reflejándose en aquellas capas blanquecinas, las estrellas desaparecian y aparecían como en medio de nubes impelidas por una fuerte brisa. Alrededor y a lo lejos se extendía la noche oscura. Hacia la popa gruñía el trueno de las ruedas, y bajo mis pies, sentía los chasquidos de las cadenas del gobernalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegado al gran salón, me sorprendió hallar en él una compacta multitud de espectadores. ¡Cuánto aplauso! A pe¬sar de los desastres del día, el entertainment de costumbre desarrollaba las sorpresas de su programa. Del marinero he¬rido, moribundo, nadie se acordaba. Reinaba grande anima¬ción. Los pasajeros acogían con satisfacción marcada la pri¬mera representación de una compañía de ministrels, en las tablas del Great Eastern. Estos ministrels son cancioneros ambulantes, negros o ennegrecidos según su origen, que re¬corren las ciudades inglesas dando conciertos grotescos. En aquella ocasión, los cantores eran marineros o camareros pintados de negro. Llevaban trajes de desecho, galletas en lugar de botones, tenían anteojos formados por botellas apa¬readas y rabeles hechos con cuerdas y vejigas. Aquellos gaz¬napiros, muy granujas por cierto, cantaban coplas burlonas e improvisaban discursos razonados con equívocos y retrué-canos. Al verse aplaudidos, exageraban.sus contorsiones y gestos. Para terminar, un bailarín, ágil como un mono, eje¬cutó un paso que entusiasmó a la concurrencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero por interesante que fuera el programa de los mi¬nistrels, no divertía a todos los pasajeros. Muchos se di¬vertían de otro modo, apretándose en torno de las mesas del salón de proa. Allí se jugaba en grande. Los gananciosos defendían las ganancias hechas durante la travesía; los des¬graciados trataban de reponerse, pues el tiempo apremiaba, por medio de golpes de audacia. Salía de aquella sala un violento ruido. Oíase la voz del banquero cantando los gol¬pes, las imprecaciones de los que perdían, el retintín del oro, el crujir de los billetes de Banco. A lo mejor reinaba profun¬do silencio, pasado el cual, aumentaban en intensidad y nú¬mero los gritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo horror al juego, por cuyo motivo apenas me eran conocidos los abonados del smoking room. El juego es un placer siempre grosero, a veces malsano. El hombre ata¬cado de esta enfermedad no puede menos de padecer otras. Es un vicio que nunca va solo. La sociedad de los jugadores, mezclada siempre a todas las sociedades, no me agrada. Allí dominaba Harry Drake, en medio de sus secuaces. Allí pre¬ludiaban su vida de aventuras algunos vagos que iban a América a hacer fortuna. Como yo evitaba siempre el con¬tacto de aquella gentuza, pasé por delante de la puerta, sin intención de entrar, cuando me detuvo un tumulto de gritos e injurias. Escuché, y con grande asombro mío, creí recono¬cer la voz de Fabián. ¿Qué hacía allá? ¿Iba a buscar a su enemigo? ¿Estaba a punto de estallar la tan temida catás¬trofe?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empujé con fuerza la puerta. El alboroto estaba en su apogeo. Entre el montón de jugadores, vi a Fabián que es¬taba en pie, frente a Harry Drake, en pie también. Sin duda Drake acababa de insultar groseramente a Fabián, porque la mano de éste se levantó y, si no cruzó la cara de su adver¬sario, fue porque Corsican se interpuso, deteniéndole con rápido ademán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Fabián, dirigiéndose a Drake, le dijo con acento fríamente burlón:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dais el bofetón por recibido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí respondió Drake . ¡Aquí está mi tarjeta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La inevitable fatalidad había puesto frente a frente a aquellos dos mortales enemigos. Ya era tarde para sepa¬rarlos. Las cosas debían seguir su curso. Corsican me miró: sus ojos en abstracta expresión, revelaban menos emoción que tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabián había cogido la tarjeta que Drake había dejado sobre la mesa. La tenía entre las puntas de los dedos, como un objeto que no se sabe por dónde cogerlo. Corsican esta¬ba pálido. Mi corazón latía con violencia. Fabián miro, por fin, la tarjeta, y leyó el nombre que contenía. Un rugido bro¬tó de su pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Harry Drake! exclamó . ¡Vos! ¡Vos! ¡Vos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo mismo, capitán Macelwin respondió tranquila¬mente el rival de Fabián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡No nos había engañado! Si Fabián había ignorado hasta aquel momento el nombre de Drake, éste se hallaba sobra¬damente informado de la presencia de Fabián en el Great Eastern.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XXVII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, corrí en busca de Corsican y le hallé en el gran salón. Había pasado la noche junto a Fabián, que aún no se había repuesto de la terrible emoción que le había causado el nombre del marido de Elena. ¿Acaso una secreta intención le hacía comprender que Drake no estaba sólo a bordo? ¿La presencia de aquel hombre le reve¬laba la de Elena? ¿Adivinaba que la pobre loca era la niña a quien adoraba hacía tantos años? Corsican no pudo decír¬melo, porque Fabián no había pronunciado una palabra en toda la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corsican sentía, hacia Fabián, una especie de pasión fra¬ternal. Desde la infancia, su intrépida naturaleza le había seducido. Estaba desesperado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He intervenido demasiado tarde me dijo . ¡Antes que Fabián levantara su mano sobre Drake, he debido abofe¬tear a ese miserable!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inútil violencia le dije . Drake no os hubiera segui¬do al terreno a que pretendíais llevarle. Buscaba a Fabián, y era inevitable la catástrofe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenéis razón me dijo . Ese canalla ha conseguido su objeto. Conocía todo lo pasado, todo el amor de Fabián. Tal vez Elena, privada de su razón, le ha revelado sus más secretos pensamientos. Tal vez, antes de su matrimonio, la leal Elena le contó lo que ignoraba de su vida de niña y de joven. Impulsado por sus malos instintos, hallándose en con¬tacto con Fabián, ha buscado este lance, reservándose el pa¬pel de ofendido. Ese tuno debe de ser un espadachín consu¬mado, un matón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí respondí . Cuenta varios lances de este género.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es el desafío lo que yo temo respondió Casi¬can . El capitán Fabián Macelwin es uno de esos hombres a quienes no turba ningún peligro. Lo que temo son las con-secuencias. Si Fabián mata a ese hombre, por vil que sea, abre un abismo entre Elena y él. Sabe Dios que, en el estado en que esa infeliz mujer se encuentra, necesita un apoyo como Fabián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, suceda lo que suceda, lo que debemos desear, por Elena y Fabián, es que Drake sucumba. La justicia está de nuestra parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto, pero debemos temerlo todo, y estoy traspasado de dolor, pues, a costa de mi vida, hubiera querido evitar a Fabián este encuentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capitán respondí cogiendo la mano de tan adicto amigo , aún no hemos recibido la visita de los padrinos de Drake. Aunque todas las circunstancias os dan la razón, aún no puedo desesperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Conocéis algún medio de evitar el desafío?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, hasta ahora, al menos. Sin embargo, ese desafío, si ha de efectuarse, ha de ser en América, y antes de llegar, la casualidad, que ha creado esta situación, puede libramos de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corsican movió la cabeza, como hombre que no admite la eficacia de la casualidad en los negocios humanos. En aquel momento subió Fabián la escalera que conducía a la cubierta. Me impresionó su palidez. La herida sangrienta de su corazón había vuelto a abrirse. Entristecía su aspecto. La seguimos. Erraba, sin objeto, evocando aquella pobre alma medio libre de su cubierta mortal, y trataba de evitarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Era ella! ¡La loca! dijo . Era Elena, ¿no es verdad? ¡Pobre Elena mía!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudaba aún, y se alejó de nosotros, sin esperar una res¬puesta que no hubiéramos tenido valor para darle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-2362577979293603847?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/2362577979293603847/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=2362577979293603847&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/2362577979293603847'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/2362577979293603847'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/10/la-ciudad-flotante-cap-25-26-y-27.html' title='La ciudad flotante (cap. 25, 26 y 27)'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-4841726733409191018</id><published>2011-10-18T18:30:00.000+02:00</published><updated>2011-10-18T18:30:02.070+02:00</updated><title type='text'>La ciudad flotante (cap. 17,18 y 19)</title><content type='html'>Por Julio Verne&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XVII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mar, en la noche del lunes al martes, estuvo bastante agitado. Los tabiques gimieron y bailaron los fardos. Cuando subí a cubierta, a las siete de la mañana, llovía. Refrescó el viento, y el oficial de cuarto mandó cargar las velas. El buque, sin apoyo, empezó a columpiarse de firme. La cu¬bierta estaba despejada y hasta los salones se hallaban poco concurridos. Las dos terceras partes de los pasajeros faltaron al lunch y a la comida. No fue posible jugar al whist, por¬que las mesas se escapaban bajo las manos de los jugadores. Los dados eran imposibles. Algunos valientes leían o dor¬mían, tendidos en los escaños. No era peor aguantar la lluvia sobre cubierta. Los marineros, vestidos de S. 0. y con sacos, impermeables, paseaban filosóficamente. El segundo, bien envuelto en su abrigo de caoutchouc, hacía su cuarto. Sus ojuelos brillaban de contento entre las ráfagas y el chubasco. ¡Le gustaba aquello! ¡Y eso que el buque bailaba como quería!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las aguas del cielo y del mar se confundían en la bruma a pocos cables de distancia. La atmósfera era gris. Algunas aves pasaban chillando, por entre la húmeda niebla. A las diez, por la banda de estribor, se señaló una fragata que corría viento en popa, pero no se pudo reconocer su nacionalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A eso de las once, el viento amainó, volviendo dos cuartos. La brisa se echó al N. O. y la lluvia cesó de pronto. Algu nos claros entre las nubes dejaron ver el azul del cielo. El sol apareció un momento y pudo hacerse una observación He aquí su resultado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lat. 460 29' N. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Long. 420 25' O. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dist. 256 millas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo visto, a pesar de la mayor presión de las calderas la velocidad del buque no había aumentado. Pero la culpa era del viento Oeste, que, atacando de proa al buque, retardaba su marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las dos volvió a esperarse la niebla, mientras la brisa refrescaba. La bruma era tan densa que los oficiales, colocados en sus puestos, no veían a los marineros que estaban a proa. Semejantes vapores acumulados, son el mayor peligro de la navegación, pues dan lugar a encuentros imposibles de evitar; un choque en el mar es peor que un incendio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, en medio de las brumas, oficiales y marineros vigilaban con un cuidado que no les fue superfluo, pues a eso de las tres apareció una fragata a doscientos metros del Great- Eastern, sus velas, destrozadas por el viento, no gobernaban El Great Eastern, gracias a la prontitud con que la gente de cuarto dio la señal al timonel, pudo evitar pasarla por ojo Las señales, muy bien entendidas, se hacían por medio de una campana colocada en la toldilla de proa. Un golpe signi¬ficaba buque a proa; dos, buque a estribor, tres, buque a babor. El hombre que se hallaba a la barra gobernaba conve¬nientemente, evitando el abordaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguió el viento refrescando hasta la noche. Pero los balanceos disminuyeron, porque la mar, cubierta ya por los bancos de Terranova, no podía moverse. Mister Anderson anunció, para aquella noche, un nuevo «entretenimiento». Los salones se llenaron de gente a la hora marcada. Pero aquella vez no se trataba de hacer juegos de manos. James Anderson contó la historia del cable transatlántico que él mismo había colocado. Enseñó pruebas fotográficas que re¬presentaban los aparatos para la inmersión, e hizo circular el modelo del empalme de los trozos del cable. En una pala¬bra, mereció los tres aplausos que acogieron su conferencia, parte de los cuales correspondían de derecho al promovedor de la empresa, al honorable Cyrus Field, presente en la reu¬nión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XVIII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al amanecer del 3 de abril, presentaba el horizonte el matiz particular que los ingleses llaman blink. Era una reverberación blanquecina, que anunciaba próximos hielos. Efectivamente, navegábamos en las aguas donde flotan las primeras moles de hielo que salen del golfo de Davis, desta¬cándose de los imnensos bancos. Para evitar encuentros con ellos se organizó una vigilancia especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soplaba una fuerte brisa del Oeste. Jirones de nubes, ver¬daderos andrajos de vapores barrían la superficie del mar. Por sus agujeros se veía el azul del cielo. Oíase el sordo her-vor de las olas, despeinadas por el viento, y las gotas de agua, pulverizadas, se resolvían en espuma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni Fabián, ni Corsican, ni Pitferge habían subido aún a cubierta. Me dirigí hacia la proa. Allí las paredes, al acercar¬se, forman un ángulo resguardado, un retiro en el cual un ermitaño hubiera podido vivir alejado del mundo. Me colo¬qué en aquel rincón, sentado en un rollo de cable y con los pies sobre una enorme poleo. El viento de proa rozaba la cresta de mi masa cubridora sin llegar a mi cabeza. El sitio era bueno para hacer castillos en el aire. Mis ojos abrazaban toda la extensión del buque. Podía seguir sus largas líneas, algo encorvadas, que se dirigían hacia la popa. En primer término, un gaviero, agarrado a los obenques de trinquete con una mano, trabajaba con la otra con admirable destreza. Más abajo el oficial de cuarto, de espalda al viento y envuelto en su capote de capucha, resistía los envites del viento. Del mar sólo distinguía una línea estrecha de horizonte, trazada por detrás de los tambores. Arrastrado por sus poderosas máquinas, el buque, cortando las ondas con su afilado estra¬ve, se estremecía, como los costados de una caldera cuyo fuego se activa poderosamente. Algunos torbellinos de vapor, arrancados por la brisa que los condensaba con rapidez ex¬traña, se retorcían al salir de los tubos de escape. Pero el colosal barco, cara al viento y sobre tres olas, apenas sentía las agitaciones de aquel mar, sobre el cual un transatlántico, menos indiferente a las ondulaciones, hubiera sido traído y llevado como una pelota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las doce y media, el cartel marcó 440 53' de latitud Nor¬te y 470 6' de longitud Oeste. ¡Sólo 227 millas en veinticua¬tro horas! ¡Los dos novios debían maldecir aquellas ruedas que no rodaban, aquella hélice que languidecía, aquel insu¬ficiente vapor que no obraba conforme a sus deseos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A cosa de las tres, el cielo, limpio por el viento, resplan¬decía. Las líneas del horizonte se purificaron, ensanchándose en torno del punto central ocupado por el Great Eastern. Ce-dió la brisa, pero el mar continuó elevando anchas olas de un verde extraño y con bordes de espuma. Tanto oleaje no co¬rrespondía a tan poco viento; el Atlántico gruñía aún.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las tres y media se señaló un buque a babor. Era una fragata americana que mandaba su número; se llamaba el Illinois y llevaba rumbo a Inglaterra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el mismo instante, el teniente H... me hizo saber que pasábamos sobre la cola del banco de New Found Land, nombre que dan los ingleses al de Terranova. Estábamos en las ricas aguas donde se pescan esos bacalaos, de los cuales tres bastarían para alimentar a Inglaterra y América, si se desarrollaran todos sus huevos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó el día sin novedad. Los paseantes habituales visita¬ron la cubierta. Arquibaldo y yo no perdíamos de vista a Fabián y a Harry Drake; hasta entonces la casualidad nos favorecía. La noche reunió en el salón a sus dóciles tertulia¬nos. Siempre los mismos ejercicios, lecturas y cantos; siempre los mismos aplausos, prodigados por las mismas manos o los mismos artistas, que acabaron por parecerme más aceptables. Hubo un incidente extraordinario, pues estalló una acalorada discusión entre un nordista y un tejano. Este pedía un «emperador» para los Estados del Sur. Afortunadament aquella disputa política, que amenazaba concluir a cachetes fue interrumpida por un telegrama imaginario dirigido al Ocean Time y concebido en estos términos: «El capitán Senmaes, ministro de la Guerra, ha hecho pagar por el Sur la averías del Alabama.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XIX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al dejar el salón, vivamente alumbrado, subí a cubier¬ta con Corsican. La noche era oscura. No se veía una estrella. Las ventanas de los camarotes brillaban como bocas de hornos encendidos. Apenas se veía a la gente de cuarto, que paseaba lentamente por las toldillas. Pero se respiraba el aire libre, cuyas frescas moléculas absorbía el capitán Arqui-baldo con todos sus pulmones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ahogaba en el salón me dijo . ¡Aquí, al menos, nadamos en plena atmósfera! ¡Esta absorción me da la vida! Para no vivir medio asfixiado necesito cien metros cúbicos de aire puro cada veinticuatro horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respirad, capitán, respirad a vuestras anchas le res¬pondí . Aquí hay aire para todos y la brisa no os regatea vuestro contingente. Confieso que los habitantes de París y Londres no conocen el oxígeno más que de nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, prefieren el ácido carbónico. De gustos no hay nada escrito. ¡Por mi parte, me desagrada hasta en el champaña!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras hablábamos, íbamos costeando la borda de estri¬bor, abrigados del viento por la alta pared de los camarotes. Las negras chimeneas vomitaban torbellinos de humo negro, constelados de chispas. Al ronquido de las máquinas acom¬pañaban los silbidos de los obenques metálicos que, azotados por la brisa, resonaban como cuerdas de arpa. A este rumor se unía, periódicamente, el grito de los centinelas: «¡Babor, alerta! ¡Estribor, alerta!»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se había omitido precaución alguna para la seguridad del buque en medio de aquellas aguas frecuentadas por los hielos flotantes. El capitán, de cuarto en cuarto de hora, ha¬cía sacar un cubo de agua; si su temperatura hubiera sido inferior a cierto límite, inmediatamente hubiera hecho variar el rumbo. Sabía el capitán, en efecto, que quince días antes el Pereire se había visto cercado por los témpanos, a la mis ma latitud, y era preciso evitar tamaño peligro. Su orden de noche prescribió siempre una vigilancia rigurosa. Dos oficia¬les permanecieron a su lado, uno dedicado a las señales de la hélice, otro a las de la máquina de las ruedas. Otro oficial con dos marineros velaba a la parte de proa, mientras que un contramaestre y un marinero se mantenían en el estrave Podíamos los viajeros dormir tranquilos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de observar estas disposiciones, Corsican y yo regresamos a popa. Antes de retirarnos, quisimos permane¬cer aún algún tiempo sobre cubierta, como dos lugareños pacíficos en la plaza de su pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al parecer estábamos solos. Pero nuestros ojos, así que se hubieron habituado a la oscuridad, distinguieron un hombre, completamente inmóvil, asomado al pasamanos. Corsican, después de examinarle atentamente, me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Es Fabián!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Efectivamente, él era. Pero no nos vio, pues se hallaba completamente estático, en muda contemplación, con la mi¬rada fija en un ángulo de las cámaras; sus ojos brillaban en la sombra. ¿Qué miraba? ¿Cómo podía atravesar aquella pro¬funda oscuridad? Aunque según mi modo de ver, lo mejor era dejarle en paz, Corsican, acercándose a él, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Fabián?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabián no respondió. No le había oído. Corsican le llamó otra vez. Fabián se estremeció, volvió un momento la ca¬beza y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Silencio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, señaló con la mano una sombra que se movía lentamente, al extremo de la línea de las cámaras. Después, sonriendo con tristeza, murmuró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡La dama negra!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me agitó un estremecimiento; sentí que Corsican, cuyo brazo estaba unido al mío, se estremecía también. Aquella era la aparición anunciada por Pitferge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabián había vuelto a sumirse en su contemplación soña¬dora. Yo, con el pecho oprimido, con la mirada vaga, veia aquella forma humana, medio delineada en la sombra, que pronto marcó sus contornos con más claridad. Adelantaba, vacilaba, se detenía, volvía a caminar, más bien deslizándose que andando. ¡Un alma errante! A diez pasos de nosotros se detuvo. Entonces pude distinguir la forma de una mujer esbelta, envuelta con una especie de albornoz pardo y con la cara oculta por un espeso velo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Una loca! Una loca, ¿verdad? murmuró Fabián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y era una loca, en efecto. Pero Fabián no hablaba con nosotros, sino consigo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aquella pobre criatura se acercó más aún. Me pare¬ció ver brillar sus ojos al través de su velo cuando se fijaron en Fabián. Se acercó a él. Fabián se levantó electrizado. La tapada le puso la mano sobre el corazón como para contar sus latidos... Después, huyendo, desapareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabián cayó de rodillas, con las manos extendidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ella! murmuró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego, sacudiendo la cabeza:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué alucinación! dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El capitán Corsican le cogió la mano, diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ven, Fabián; ven!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y arrastró tras sí a su desdichado amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-4841726733409191018?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/4841726733409191018/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=4841726733409191018&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/4841726733409191018'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/4841726733409191018'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/10/la-ciudad-flotante-cap-1718-y-19.html' title='La ciudad flotante (cap. 17,18 y 19)'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-3621261575938594928</id><published>2011-10-11T18:27:00.002+02:00</published><updated>2011-10-11T18:29:04.612+02:00</updated><title type='text'>La ciudad flotante (cap. 13, 14 y 15)</title><content type='html'>Por Julio Verne&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XIII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día siguiente, 31, era domingo. ¿Cómo se pasaría el día a bordo? ¿Sería el domingo inglés o americano, que cierra los «taps» y los «bars» durante los oficios; que detiene la cuchilla del carnicero sobre la cabeza de su víctima y la pala del panadero a la boca del horno; que suspende los negocios, que apaga los fogones de las máquinas de vapor y condensa el humo de las fábricas, que cierra las tiendas, abre las igle¬sias y hace cesar el movimiento de los trenes, al contrario de lo que sucede en Francia? Sí, así debía ser, o poco menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En primer lugar, para santificar la fiesta dominical, el capitán no mandó desplegar las velas, aunque era magnífico el tiempo y favorable el viento. Hubiéramos podido ganar algunos nudos, pero hubiera sido «improper». Me juzgaba muy afortunado porque se permitiera a las ruedas y a la hé¬lice dar sus vueltas ordinarias. Cuando pregunté, a un puri-tano de a bordo, la razón de aquella tolerancia, respondió con gravedad: «Caballero, debemos respetar lo que viene de Dios directamente. El viento está en su mano. El vapor está en la de los hombres.»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me di por satisfecho y resolví observar lo que pasaba a bordo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tripulación estaba de gala y muy limpia. No me hu¬biera extrañado que los fogoneros trabajaran con levita ne¬gra. Los oficiales e ingenieros llevaban su mejor uniforme con botones de oro. Los zapatos relucían con brillo británico y rivalizaban con la intensa irritación de los sombreros en¬cerados. Todos aquellos hombres parecían coronados y cal-zados de estrellas. El capitán y el segundo daban ejemplo: con guantes nuevos, abrochados militarmente, relucientes y perfumados, paseaban por las pasaderas, esperando la hora del oficio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mar estaba hermoso y resplandecía bajo los primeros rayos del sol. Ni una vela se divisaba. El Great Eastern ocu¬paba solo el centro geométrico de aquel vasto horizonte. Las diez sonaron, con intervalos regulares, en la campana. El campanero timonel, en traje de gala, sacaba del bronce un sonido místico, muy diferente de las notas metálicas con que acompañaba el silbido de las calderas en medio de las bru¬mas. Se buscaba instintivamente el campanario del pueblo, que nos llamaba a misa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Numerosos grupos aparecieron a la entrada de los sa¬lones de popa y proa. Hombres, mujeres y niños estaban vestidos como correspondía al caso. Pronto se llenaron las calles. Los paseantes cambiaban saludos circunspectos. Cada cual empuñaba su libro de oraciones, esperando que la cam¬pana, cesando de tocar, indicara que habían empezado los oficios. La bandeja en que solían servirse los bocadillos, pasó por delante de mí, colmada de Biblias, que fueron repartidas sobre las mesas del templo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este era el comedor principal, formado por el salón de popa, y que, por su longitud y regularidad, recordaba exte¬riormente el ministerio de Hacienda, de la calle de Rívoli. Entré. Los fieles «sentados» eran muchos. Reinaba profundo silencio. Los oficiales ocupaban el testero del templo. Entre ellos, el capitán Anderson, estaba sentado como en un trono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Dean Pitferge, estaba a mi lado, paseando sus ojuelos por todo el auditorio. Me permito creer que estaba allí más como curioso que como fiel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las diez y media levantóse el capitán y empezó el ofi¬cio. Leyó en inglés un capítulo del antiguo Testamento, el décimo del Éxodo. Después de cada versículo, los asistentes murmuraban el que seguía. El soprano agudo de los niños y el mezzo soprano de las mujeres se destacaban del barí¬tono de los hombres. Aquel diálogo bíblico duró media hora. La ceremonia, sencilla y digna, se ejecutaba con puritana gravedad, y el capitán Anderson, amo después de Dios, ha¬cía las veces de ministro a bordo, en medio del vasto Océano, hablando a aquella multitud suspensa sobre el abismo, con derecho al respeto hasta de los más indiferentes. Si el oficio se hubiera limitado a una lectura, todo hubiera ido bien; pero al capitán sucedió un orador que llevó la pasión y la inso¬lencia al templo de la tolerancia y del recogimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El orador era el reverendo que ya conocemos, el hombrecillo vivaracho, el intrigante yanqui, uno de esos ministros tan influyentes en los Estados de Nueva Inglaterra. Tenien-do ya el sermón arreglado, no quiso dejar de aprovechar la la ocasión, aunque fuera asiéndola de un cabello. No hubiera hecho lo mismo el amable Jorick. Miré a Pitferge, que no pestañeaba, dispuesto a resistir el fuego del predicador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este abotonó gravemente su levita negra, sacó el pañuelo, tosió, y envolviendo a los presentes en una mirada circular:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio dijo , Dios creó América en seis días y el séptimo descansó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oído esto, tomé las de Villadiego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XIV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el lunch, el doctor Pitferge me dijo que el re¬verendo había desarrollado admirablemente su tema. Los monitores, los espolones de guerra, los fuertes acorazados, los torpedos, todos estos artificios habían figurado en su discurso. Él mismo se había engrandecido con toda la gran¬deza de América. Si a América la halaga verse ensalzada de este modo, no os lo puedo decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entrar en el gran salón, leí:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lat. 500 8' N.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Long. 300 44' O. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Car. 255 millas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mismo resultado. No habíamos recorrido aun más que 1.100 millas, contando las 310 que hay de Fastenet a Li¬verpool. La tercera parte del viaje, aproximadamente. Du¬rante el resto del día, marineros oficiales, pasajeros, conti¬nuaron «descansando», como Dios después de crear Amé¬rica». No resonaba ningún piano en los salones. Los juegos de damas no salieron de sus cajas ni las barajas de sus es¬tuches. Aquel día tuve ocasión de presentar el doctor Pit¬ferge al capitán Corsican. Mi original logró entretener a Corsican, refiriéndole la historia secreta del Great Eastern, con el objeto de convencerle de que era un buque maldito, embrujado, que necesariamente había de tener mal fin. La le¬yenda del maquinista soldado, hizo mucha gracia a Corsi¬can, aficionado como un buen escocés, a lo maravilloso; pero no pudo, sin embargo, contener una sonrisa de incredulidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me parece dijo el doctor , que el capitán no da en¬tero crédito a mis leyendas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Mucho!... ¡Es mucho decir! repuso Corsican.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿No creeréis más, capitán, si os demuestro que en este buque, por la noche, aparecen fantasmas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Fantasmas? ¡Cómo! ¿También hay aparecidos? ¿Lo creéis?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo respondió el doctor , todo lo que me refieren personas dignas de crédito. Sé, por los oficiales de cuarto y por los marineros, unánimes sobre este punto, que en las noches oscuras, una sombra, una forma indecisa, pasea por el buque. ¿Cómo viene? No se sabe. ¿Cómo desaparece? Tam¬poco se sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Por San Dustaní! ¡La acecharemos juntos! exclamó Corsican.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Esta noche? preguntó el doctor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí. Y vos añadió Corsican, volviéndose hacia mí , ¿nos acompañaréis?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dije . No quiero turbar el incógnito del fan¬tasma. Prefiero creer que el doctor se chancea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me chanceo repuso el terco Pitferge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Vamos, doctor! le dije . ¿Creéis formalmente en los muertos que recorren las cubiertas de los buques?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo en los muertos que resucitan contestó el doc¬tor . Esto es tanto más extraño cuanto que soy médico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Médico dijo Corsican, como si le asustase la palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No os alarméis, capitán respondió el doctor sonrien¬do amistosamente . En viaje, no ejerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, primero de abril, el mar presentaba un aspecto primaveral. Reverdecía, a los primeros rayos del sol, como una pradera. Aquella madrugada de abril en el Océano era soberbia. Las olas se desenvolvían voluptuosas, y algunas marsoplas saltaban como clowns, en la láctea estela del buque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontré a Corsican, que me hizo saber que el aparecido anunciado por el doctor no había juzgado oportuno dejarse ver. Sin duda, la noche le habría parecido demasiado clara. Ocurrióseme la idea que aquello podía muy bien haber sido una chanza de Pitferge, autorizada por el primer día de abril, pues semejante costumbre está muy admitida en Inglaterra y en América, así como en Francia. No faltaron bromistas y burlados; unos se enfadaban, otros se reían. Hasta se cam¬biaron algunas puñadas, pero éstas entre sajones, no se transforman nunca en estocadas. Sabido es, en efecto, que el desafío tiene, en Inglaterra, penas muy severas. Ni los mili¬tares pueden batirse, cualquiera que sea la razón que ale¬guen. El matador es condenado a las penas más aflictivas e infamantes. El doctor me citó el nombre de un oficial que se hallaba en presidio, hace mucho tiempo, por haber herido de muerte a su enemigo, en un desafío leal. Esto hace com¬prender por qué ha desaparecido el desafío de las costum¬bres británicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un hermoso sol, la observación del mediodía fue muy buena. Dio 480 47' de latitud, 360 48' de longitud y sólo 250 millas como carrera. El transatlántico de peor fama te¬nía derecho a ofrecernos remolque. El capitan Anderson es¬taba muy disgustado; el ingeniero atribuía la poca presión a la poca ventilación de los nuevos fogones, pero yo creo que la falta consistía en haber disminuido imprudentemente el diámetro de las ruedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, a las dos, mejoró la marcha. La actitud de los dos prometidos me reveló la novedad. Apoyados en la borda de estribor, palmoteaban y gritaban, muy contentos. Miraban, sonriendo, los tubos de escape que se elevaban a lo largo de las chimeneas del Great Eastern, cuyos orificios se coronaban de un ligero vapor blanquecino. La presión había subido en las calderas de la hélice, y el poderoso agente forzaba sus válvulas, a pesar de su carga. de 21 libras. No era aquello aun más que una débil respiracion, un tenue aliento, pero los jóvenes lo bebían con sus ojos. No, ¡no fue más feliz Dio¬nisio Papin cuando vio medio levantada la tapadera de su célebre marmita!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Humean! ¡Humean! exclamó la joven miss, en tan¬to que un ligero vapor se escapaba también de sus labios entreabiertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos a ver la máquina respondió él, estrechando bajo su brazo el de su futura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pitferge y yo seguimos a la enamorada pareja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué hermosa es la juventud! repetía el doctor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Sí decía yo , la juventud entre dos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto estuvimos también nosotros asomados a la esco¬tilla de la máquina de la hélice. En el fondo de aquel vasto pozo, a 60 pies de profundidad, distinguimos los cuatro grandes émbolos horizontales que se embestían, humedeciéndose a cada movimiento con una gota de aceite lubrificador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven tenía su reloj en la mano, y ella apoyada en su hombro, seguía la manecilla de los segundos. Él, en tanto, contaba las vueltas de la hélice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Un minuto! dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Treinta y siete vueltas! respondió él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Treinta y siete y media! dijo el doctor, que fiscaliza¬ba la operación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Y media! gritó la joven . Ya lo oís, Edward. Gra¬cias, caballero añadió, dirigiendo al doctor la más amable de las sonrisas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-3621261575938594928?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/3621261575938594928/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=3621261575938594928&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/3621261575938594928'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/3621261575938594928'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/10/la-ciudad-flotante-cap-8-9-y-10.html' title='La ciudad flotante (cap. 13, 14 y 15)'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-1811040100880712230</id><published>2011-09-20T17:49:00.001+02:00</published><updated>2011-09-20T17:55:55.189+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Escritores desaparecidos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='la resistencia'/><title type='text'>Los valores de la comunidad</title><content type='html'>Capítulo de La Resistencia de Ernesto Sábato&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cada uno de nosotros es culpable ante todos, por todos y por todo. &lt;br /&gt;F. DOSTOIEVSKI &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUIERO HABLARLES de Buenos Aires. Aunque yo no vivo en ella y me resultaría insoportable, la reconozco como mi ciudad, por eso mismo es que la sufro. Ella representa, de alguna manera, lo que es la vida de estas urbes donde viven, o sobreviven, millones de habitantes. Pero antes les voy a repetir la situación del mundo, lo que todos sabemos, en la esperanza de que por la repetición, como la gota de agua, o el martillo contra la puerta cerrada, veamos un día que las cosas revirtieron. Acaso en verdad ya lo está haciendo: ya se filtra la luz entre las rendijas de la vieja civilización. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asistimos a una quiebra total de la cultura occidental. El mundo cruje y amenaza con derrumbarse, ese mundo que para mayor ironía es el resultado de la voluntad del hombre, de su prometeico intento de dominación. &lt;br /&gt;Guerras que unen la tradicional ferocidad a su inhumana mecanización, dictaduras totalitarias, enajenación del hombre, destrucción catastrófica de la naturaleza, neurosis colectiva e histeria generalizada, nos han abierto por fin los ojos para revelarnos la clase de monstruo que habíamos engendrado y criado orgullosamente. &lt;br /&gt;Aquella ciencia que iba a dar solución a todos los problemas físicos y metafísicos del hombre contribuyó a facilitar la concentración de los estados gigantescos, a multiplicar la destrucción y la muerte con sus hongos atómicos y sus nubes apocalípticas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. Veinte o treinta empresas, como un salvaje animal totalitario, lo tienen en sus garras. Continentes en la miseria junto a altos niveles tecnológicos, posibilidades de vida asombrosas a la par de millones de hombres desocupados, sin hogar, sin asistencia médica, sin educación. La masificación ha hecho estragos, ya es difícil encontrar originalidad en las personas y un idéntico proceso se cumple en los pueblos, es la llamada globalización. ¡Qué horror! ¿Acaso no comprendemos que la pérdida de los rasgos nos va haciendo aptos para la clonación? La gente teme que por tomar decisiones que hagan más humana su vida, pierdan el trabajo, sean expulsados, pasen a pertenecer a esas multitudes que corren acongojadas en busca de un empleo que les impida caer en la miseria, que los salve. La total asimetría en el acceso a los bienes producidos socialmente está terminando con la clase media, y el sufrimiento de millones de seres humanos que viven en la miseria está permanentemente delante de los ojos de todos los hombres, por más esfuerzo que hagamos en cerrar los párpados. Pronto no podremos ya gozar de estudios o conciertos porque serán más apremiantes las preguntas que nos impondrá la vida respecto de nuestros valores supremos. Por la responsabilidad de ser hombres. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta crisis no es la crisis del sistema capitalista, como muchos imaginan: es la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida basada en la idolatría de la técnica y en la explotación del hombre. Para la obtención del dinero, han sido válidos todos los medios. Esta búsqueda de la riqueza no ha sido llevada adelante para todos, como país, como comunidad; no se ha trabajado con un sentimiento &lt;br /&gt;histórico y de fidelidad a la tierra. No, desgraciadamente esto parece la estampida que sigue a un terremoto donde en medio del caos cada uno saquea lo que puede. Es innegable que esta sociedad ha crecido llevando como meta la conquista, donde tener poder significó apropiarse y la explotación llegó a todas las regiones posibles de mundo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La economía reinante asegura que la superpoblación mundial no puede ser asimilada por la sociedad actual. Esta frase me da escalofríos: es suficiente para que los poderes maléficos justifiquen la guerra. Las guerras siempre han contado con el auspicio de grandes sectores de la población que, de alguna manera u otra, se beneficiaban de ella. Como centinela, todo hombre ha de permanecer en vela. Esto nunca ha de suceder. El “sálvese quien pueda” no sólo es inmoral, sino que tampoco alcanza. &lt;br /&gt;Las creencias y el pensamiento, los recursos y las invenciones fueron puestos al servicio de la conquista. Colonialismos e imperios de todos los signos, a través de luchas sangrientas, pulverizaron tradiciones enteras y profanaron valores milenarios, cosificando primero la naturaleza y luego los deseos de los seres humanos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, misteriosamente, es en el deseo donde se está generando un cambio. Lo siento en los hombres que se me acercan en la calle y lo creo de las juventudes del mundo. Pero es en la mujer en quien se halla el deseo de proteger la vida, absolutamente. &lt;br /&gt;La degradación de los tribunales y el descreimiento en la justicia provocan la sensación de que la democracia es un sistema incapaz de investigar y condenar a los culpables, como si resultara un caldo de cultivo favorable a la corrupción, cuando, en realidad, lo que ocurre es que en ningún otro sistema es posible denunciarla. No es que en otros no exista; hasta termina siendo más corrupta y degradante, si creemos en el conocido aforismo de Lord Acton: “El poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debemos exigir que los gobiernos vuelquen todas sus energías para que el poder adquiera la forma de la solidaridad, que promueva y estimule los actos libres, poniéndose al servicio del bien común, que no se entiende como la suma de los egoísmos individuales, sino que es el supremo bien de una comunidad. Debemos hacer surgir, hasta con vehemencia, un modo de convivir y de pensar, que respete hasta las más hondas diferencias. Como bellamente define Zambrano, la democracia es la sociedad en la cual no sólo es posible sino exigido el ser persona. Frágil y falible, hoy en día ningún otro sistema ha probado otorgar al hombre más justicia social y libertad que la precaria democracia en que vivimos. La democracia no sólo permite la diversidad sino que debiera estimularla y requerirla. Porque necesita de la presencia activa de los ciudadanos para existir, de lo contrario es masificadora y genera indiferencia y conformismo. De ahí la esclerosis de la que padecen muchas democracias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se puede identificar, sin más, democracia con libertad. Muchos no sólo dejan de buscar la libertad, sino que hasta le temen. Si se compara la libertad de hoy con la que había hace unas pocas décadas, dolorosamente se comprueba que la libertad está en retroceso. Millones de hombres en el mundo, y también en nuestro riquísimo país, están condenados a trabajar durante diez o doce horas y vivir hacinados, miserablemente. Los siervos de la gleba no le están muy lejos. Este hecho hace que quienes podemos vivir en libertad seamos más responsables, porque como dijo Camus, “la libertad no está hecha de privilegios, sino que está hecha sobre todo de deberes”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como hombres libres en un campo de reclusos nuestra misión es trabajar por ellos, de todas las formas a nuestro alcance. “La verdadera libertad no vendrá de la toma del poder por parte de algunos, sino del poder que todos tendrán algún día de oponerse a los abusos de la autoridad. La libertad personal llegará inculcando a las multitudes la convicción de que tienen la posibilidad de controlar el ejercicio de la autoridad y hacerse respetar”, afirmó Gandhi, ese hombre que luchó hasta la muerte por la libertad de su milenario país. Gandhi era un convencido de que al hombre no se le otorgaría la libertad exterior hasta tanto no hubiera sabido desarrollar la libertad interior. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésta es una gran tarea para quienes trabajan en la radio, en la televisión o escriben en los diarios; una verdadera gesta que puede llevarse a cabo si es auténtico el dolor que sentimos por el sufrimiento de los demás. &lt;br /&gt;Muy a menudo compruebo que todo es opinable, y alguien que comenzó antes de ayer puede hablar tanto como otro cuya trayectoria está largamente probada en la vida del país. Y su opinión llega a ser clasificatoria, y no tiene siquiera que demostrarse. La llamada opinión pública es la suma de lo que se le ocurre a quienes, en esos minutos, pasan ocasionalmente por la esquina elegida, y conforman el mínimo universo de una encuesta que, sin embargo, saldrá a grandes titulares en los diarios y los programas de televisión. Las preguntas que suelen hacerse son de una torpeza que pondrían frenético a Sócrates, que las colocó en el lugar de quien ayuda a dar a luz. Todo pasa y todas las perspectivas son válidas. Lo mismo Chicho que Napoleón, Cristo que el Rey de Bastos. No se piensa en futuro, todo es de coyuntura. &lt;br /&gt;Otra consecuencia de este estado de cosas es la sobrevaloración de la diversión. Los programas “divertidos” tienen mucho raiting —y el raiting es lo supremo— no importa a costa de qué valor, ni quién lo financia. Son esos programas donde divertirse es degradar, o donde todo se banaliza. Como si habiendo perdido la capacidad para la grandeza, nos conformáramos con una comedia de regular calidad. Esta desesperación por divertirse tiene sabor a decadencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienes así actúan reflejan una posición verdaderamente escéptica donde no cabe enfurecerse, ya que se descree de toda conquista que pueda mejorar la vida. Si algo es apocalíptico es este vivir como si mañana no hubiera mundo y sólo nos restara disimular la tragedia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra civilización ha tomado un tipo de bienestar como el “deber ser” de la vida, fuera del cual no hay salvación. Este objetivo es logrado por el miedo, y por la incapacidad que tienen hoy los hombres de vivir los momentos duros, las situaciones límite, los obstáculos. En especial, se tiene horror al fracaso. Se oculta cualquier avería en el bienestar, pues enseguida se teme la exclusión, quedar eliminado de la existencia como un equipo de fútbol lo estaría en un campeonato. Tal es la dificultad que tiene el hombre actual de superar las tormentas de la vida, de recrear la existencia después de las caídas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salían por centenares del subterráneo, tropezaban, bajaban de los colectivos atestados, entraban en el infierno de Retiro, donde volvían a encimarse en los trenes. Año nuevo, milenio nuevo, pensaba el muchacho con piadosa ironía, viendo a esos desesperados en busca de una esperanza propiciada con pan dulce y sidra, con sirenas y gritos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer recibí la carta de un muchacho en la que me dice “tengo miedo del mundo”. Dentro del mismo sobre me envía una fotografía en la que pude advertir algo, en su manera de mirar, en sus espaldas agobiadas, que revelaba una enorme desproporción entre sus recursos y la espantosa realidad que lo estremece. Siempre hubo ricos y &lt;br /&gt;pobres, salones de baile y mazmorras, muertos de hambre y fastuosos banquetes. Pero en este siglo ha cundido de tal manera el nihilismo que se hace imposible la transmisión de valores a las nuevas generaciones. &lt;br /&gt;Aunque, quizá, sean los chicos los que nos vayan a salvar. Porque, ¿cómo vamos a poder criarlos hablándoles de los grandes valores, de aquellos que justifican la vida, cuando delante de ellos comprueban que se hunden millares de hombres y mujeres, sin remedios ni techos donde protegerse? O ven cómo poblaciones enteras son arrasadas por inundaciones que pudieron evitarse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Creen que es posible seguir mirando por televisión el horror que padece la pobre gente a la par que la frivolidad ostentosa y corrupta, entremezclada como en el peor de los cambalaches? ¿Y así tener hijos que sean hombres de verdad? La falta de gestos humanos genera una violencia a la que no podremos combatir con armas, únicamente un sentido más fraterno entre los hombres la podrá sanar. &lt;br /&gt;Miles de hombres se desviven trabajando, cuando pueden, acumulando amarguras y desilusiones, logrando apenas sostenerse un día más en la precaria situación mientras casi no hay individuo que tras su paso por el poder no haya cambiado, en apenas meses, un modesto departamentito por una lujosa mansión con entrada para fabulosos autos. ¿Cómo no les llega la vergüenza? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa. Los hombres necesitan que nuestra voz se sume a sus reclamos. Detesto la resignación que pregonan los conformistas ya que no es suyo el sacrificio, ni el de su familia. Con pavor he pensado en la posibilidad de que, como esas virulentas enfermedades de los siglos pasados, la impunidad y la corrupción lleguen a instalarse en la sociedad como parte de una realidad a la que nos debamos acostumbrar. ¿Cómo hemos llegado a esta degeneración de los valores en la vida social? Cuando fuimos niños aprendimos el comportamiento viendo a los hombres que simplemente cumplían con el deber —una expresión hoy en desuso— esperando recibir una recompensa digna por su trabajo, pero que nunca hubieran aceptado ningún soborno. Eran personas con dignidad: no se hubieran metido en el bolsillo lo que no les correspondiera, ni hubieran aceptado sobornos ni bajezas semejantes. &lt;br /&gt;Recuerdo que mi padre perdió su molino harinero por un crédito al que se había comprometido de palabra. Desde luego, para él significó un inmenso dolor. Pero hubiera sido indigno de un verdadero hombre evadir su responsabilidad, ese sentimiento del honor le daba fuerzas y vivía en paz. ¡Qué decir de lo que fueron alguna vez los sindicatos! Casi con candor recuerdo la anécdota de aquel hombre que se desvaneció en la calle y, cuando fue reanimado, quienes lo socorrieron le preguntaron cómo no se había comprado algo de comer con el dinero que llevaba en su bolsillo, a lo que aquel ser humano maravilloso respondió que ese dinero era del sindicato. No es que en ese entonces no hubiera corrupción, pero existía un sentido del honor que la gente era capaz de defender con su propia conducta. Y robar las arcas de la Nación, las que deben atender al bien común, era de lo peor. Y lo sigue siendo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienes se quedan con los sueldos de los maestros, quienes roban a las mutuales o se ponen en el bolsillo el dinero de las licitaciones no pueden ser saludados. No debemos ser asesores de la corrupción. No se puede llevar a la televisión a sujetos que han contribuido a la miseria de sus semejantes y tratarlos como señores delante de los niños. ¡Ésta es la gran obscenidad! ¿Cómo vamos a poder educar si en esta confusión ya no se sabe si la gente es conocida por héroe o por criminal? Dirán que exagero, pero ¿acaso no es un crimen que a millones de personas en la pobreza se les quite lo poco que les corresponde? ¿Cuántos escándalos hemos presenciado, y todo sigue igual, y nadie —con dinero— va preso? La gente sabe que se miente pero parece una ola de tal magnitud que no se la puede impedir. Esto hace sentir impotente a la gente y finalmente produce violencia, ¿hasta dónde vamos a llegar? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco podemos vivir comunitariamente cuando todos los vínculos se basan en la competencia. Es indudable que genera, en algunas personas, un mayor rendimiento basado en el deseo de triunfar sobre las demás. Pero no debemos equivocarnos, la competencia es una guerra no armada y, al igual que aquélla, tiene como base un individualismo que nos separa de los demás, contra quienes combatimos. Si tuviéramos un sentido más comunitario muy otra sería nuestra historia, y también el sentido de la vida del que gozaríamos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando critico la competencia no lo hago sólo por un principio ético sino también por el gozo inmenso que entraña compartir el destino, y que nos salvará de quedar esterilizados por la carrera hacia el éxito individual en que está acabando la vida del hombre. &lt;br /&gt;Semanas después, otra tarde, cuando me senté a contestar la carta del muchacho, advertí que yo de joven escribía cada vez que era infeliz, que me sentía solo o desajustado con el mundo en que me había tocado nacer. Y pienso si no será siempre así, que el arte nazca invariablemente de nuestro desajuste, de nuestra ansiedad y nuestro descontento. Una especie de intento de reconciliación con el universo de esa raza de frágiles, inquietas y anhelantes criaturas que son los seres humanos. Los animales no lo necesitan: les basta vivir. Porque su existencia se desliza armoniosamente con las necesidades atávicas. Y al pájaro le basta con algunas semillitas o gusanos, un árbol donde construir su nido, grandes espacios para volar; y su vida transcurre desde su nacimiento hasta su muerte en un venturoso ritmo que no es desgarrado jamás ni por la desesperación metafísica ni por la locura. Mientras que el hombre al levantarse sobre las dos patas traseras y al convertir en un hacha la primera piedra filosa, instituyó las bases de su grandeza pero también los orígenes de su angustia; porque con sus manos y con los instrumentos hechos con sus manos iba a erigir esa construcción tan potente y extraña que se llama cultura e iba a iniciar así su gran desgarramiento: habrá dejado de ser un simple animal pero no habrá llegado a ser el dios que su espíritu le sugiera. Será ese ser dual y desgraciado que se mueve y vive entre la tierra de los animales y el cielo de sus dioses, que habrá perdido el paraíso terrenal de su inocencia y no habrá ganado el paraíso de su redención. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuántas veces les he aconsejado a quienes acuden a mí, en su angustia y en su desaliento, que se vuelquen al arte y se dejen tomar por las fuerzas invisibles que operan en nosotros. Todo niño es un artista que canta, baila, pinta, cuenta historias y construye castillos. Los grandes artistas son personas extrañas que han logrado preservar en el fondo de su alma esa candidez sagrada de la niñez y de los hombres que llamamos primitivos, y por eso provocan la risa de los estúpidos. En diferentes grados, la capacidad creativa pertenece a todo hombre, no necesariamente como una actividad superior o exclusiva. ¡Cuánto nos pueden enseñar los pueblos antiguos donde todos, más allá de las desdichas o de los infortunios, se reunían para bailar y cantar! El arte es un don que repara el alma de los fracasos y sinsabores. Nos alienta a cumplir la utopía a la que fuimos destinados. &lt;br /&gt;El arte de cada tiempo trasunta una visión del mundo, la visión del mundo que tienen los hombres de esa época y en particular el concepto de la realidad. En este nuevo milenio debajo del gran supermercado del arte, como los brotes que germinan después de un largo invierno, se perciben, acá y allá, los testimonios de otra manera de mirar. Notablemente en el cine, en películas de muy bajo presupuesto que nos llegan de pequeños países, no contaminados por la globalización, se expresa el deseo de un mundo humano que se ha perdido, pero al que no se ha renunciado. Son películas que nos traen un alivio al ver que la vida simple, humana, aún está viva. El hombre no sólo está hecho de muerte sino también de ansias de vida; tampoco únicamente de soledad sino también de comunión y amor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contemplaba con mirada de pequeño dios impotente el conglomerado turbio y gigantesco, tierno y brutal, aborrecible y querido, que como un temible leviatán se recortaba contra los nubarrones del oeste. &lt;br /&gt;El sol se ponía y a cada segundo cambiaba el colorido de las nubes en el poniente. Grandes desgarrones grisvioláceos se destacaban sobre un fondo de nubes más lejanas: grises, lilas, negruzcas. Lástima ese rosado, pensó, como si estuviera en una exposición de pintura. Pero luego el rosado se fue corriendo más y más, abaratando todo. Hasta que empezó a apagarse y, pasando por el cárdeno y el violáceo, llegó al gris y finalmente al negro que anuncia la muerte, que siempre es solemne y acaba siempre por conferir dignidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el sol desapareció. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y un día más terminó en Buenos Aires: algo irrecuperable para siempre, algo que inexorablemente lo acercaba un paso más a su propia muerte. ¡Y tan rápido, al fin, tan rápido! Antes los años corrían con mayor lentitud y todo parecía posible, en un tiempo que se extendía ante él como un camino abierto hacia el horizonte. Pero ahora los años corrían con creciente rapidez hacia el ocaso, y a cada instante se sorprendía diciendo: “hace veinte años, cuando lo vi por última vez”, o alguna otra cosa tan trivial pero tan trágica como ésa; y pensando enseguida, como ante un abismo, qué poco, qué miserablemente poco resta de aquella marcha hacia la nada. Y entonces ¿para qué? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando llegaba a ese punto y cuando parecía que ya nada tenía sentido, se tropezaba acaso con uno de esos perritos callejeros, hambriento y ansioso de cariño, con su pequeño destino (tan pequeño como su cuerpo y su pequeño corazón que valientemente resistirá hasta el final, defendiendo aquélla vida chiquita y humilde como desde una fortaleza diminuta), y entonces, recogiéndolo, llevándolo hasta una cucha improvisada donde al menos no pasase frío, dándole algo de comer, conviniéndose en sentido de la existencia de aquel pobre bicho, algo más enigmático pero más poderoso que la filosofía parecía volverle a dar sentido a su propia existencia. Como dos desamparados en medio de la soledad que se acuestan juntos para darse mutuamente calor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-1811040100880712230?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/1811040100880712230/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=1811040100880712230&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/1811040100880712230'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/1811040100880712230'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/09/los-valores-de-la-comunidad.html' title='Los valores de la comunidad'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-8061825157386125138</id><published>2011-08-20T11:54:00.000+02:00</published><updated>2011-08-20T11:54:00.513+02:00</updated><title type='text'>Una ciudad flotante (cap. 10 y 11)</title><content type='html'>Por Julio Verne&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO X&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida a bordo se iba organizando, a pesar de los balan¬ces desordenados del buque. Para un anglosajón, un buque correo es su barrio, su calle, su casa que se mueve y está en su casa. El francés, al contrario, parece siempre que viaja cuando viaja.&lt;br /&gt;La multitud, cuando lo permitía el tiempo, afluía a las an¬chas calles de la cubierta. Todos aquellos paseantes, que conservaban su verticalidad a pesar de los balanceos, pare-cían borrachos, a quienes su enfermedad comunicaba los mismos aires de marcha. Las pasajeras cuando no subían a cubierta permanecían en su salón particular o en el salón grande. Oíanse entonces las atronadoras armonías de los pianos; preciso es confesar que aquellos instrumentos, «bo¬rrascosos» como el mar, no hubieran permitido a un Listz ejercitar su talento. Los bajos faltaban cuando se inclinaba el buque a babor, y los tiples cuando a estribor, produciendo, en la melodía y la armonía, soluciones de continuidad de que no se apercibían aquellas orejas sajonas. Entre aquellos afi¬cionados me llamó la atención una mujer alta y flaca, que debía ser muy inteligente en música. Para poder tocar una pieza, había numerado convenientemente cada nota y cada tecla. Al leer la nota acotada con 27, tocaba la tecla 27, sin ocuparse del eco de los otros pianos, ni de los otros ruidos, ni de los chiquillos traviesos que golpeaban con el puño ce¬rrado sus octavas desocupadas.&lt;br /&gt;Durante el concierto, los asistentes leían los libros despa¬rramados por las mesas. El que hallaba un pasaje interesan¬te, lo leía a gritos, y los circunstantes le saludaban agrade¬cidos con un lisonjero murmullo. Algunos diarios yacían sobre los escaños, diarios de esos ingleses o americanos, que parecen viejos aunque sus hojas no están cortadas. Es incó-moda operación la de desplegar aquellas sábanas de papel de algunos metros cuadrados. Pero siendo la moda no cortar, no se corta. Tuve un día la paciencia de leer de cabo a rabo y de esta manera el New York Herald, pero mi paciencia quedó al fin recompensada con la lectura de este anuncio: «M. Z. ruega a la linda M. X. a quien ayer encontró en el ómnibus de la calle 25, que pase mañana a visitarle, cuarto número 17 de la fonda de San Nicolás, para arreglar su ma¬trimonio.» ¿Qué haría la linda young X? No quiero saberlo.&lt;br /&gt;Mirando y charlando, pasé aquella tarde en el salón. Ha¬biendo venido Pitferge a sentarse a mi lado, la conversación no podía dejar de ser interesante.&lt;br /&gt; ¿Estáis mejor, después de vuestra caída?  le pregunté.&lt;br /&gt; Perfectamente. Pero esto no anda bien.&lt;br /&gt; ¿Quién anda mal? ¿Vos?&lt;br /&gt; No, el buque. Funcionan pésimamente las calderas de la hélice. No hay presión bastante.&lt;br /&gt; ¿Deseáis, pues, llegar a Nueva York?&lt;br /&gt; ¡De ninguna manera! Hablo como mecánico, ni más ni menos. Estoy en mi centro y sentiría mucho que se disolvie¬ra este grupo de tipos reunidos por la casualidad para diver-tirtne.&lt;br /&gt; ¡Tipos!  exclamé mirando a los pasajeros que afluían al salón . Todas estas gentes son iguales.&lt;br /&gt; ¡Bah!  dijo el doctor . No los conocéis. Convengo en que hay sólo una especie, pero ¡cuántas variedades tiene! Mirad aquel grupo de despreocupados, con las piernas ten¬didas sobre los divanes y el sombrero ladeado. Son yanquis, legítimos yanquis de los pequeños estados de Maine, de Vermont o del Connecticut, productos de Nueva Inglaterra, hombres de cabeza y de acción, algo demasiado crédulos con los reverendos, pero que estornudan sin volver la cara. ¡Ah! Son verdaderos sajones, naturalezas hechas para el lucro y por tanto muy hábiles. ¡Encerrad a dos yanquis en un cuarto, y al cabo de una hora, cada uno habrá ganado diez dólares al otro!&lt;br /&gt; No os pregunto cómo  dije soltando la carcajada . Pero decidme, ¿quién es aquel hombrecillo vestido con ga¬bán largo y pantalón corto, que se mueve como una verda¬dera veleta?&lt;br /&gt; Un ministro protestante, un hombre considerable de Massachussets, que va a incorporarse a su mujer, institutriz muy conocida por cierta causa célebre.&lt;br /&gt; ¿Y aquel alto y fúnebre, que parece embebido en sus cálculos?&lt;br /&gt; Calcula en efecto  dijo el doctor . Calcula siempre y siempre.&lt;br /&gt; ¿Problemas?&lt;br /&gt; No, su fortuna. Es un hombre considerable. Sabe en cada instante, cuánto posee, con error de menos de un cén¬timo. Todo un barrio de Nueva York le tiene por casero Hace un cuarto de hora tenía 1.625,367 dólares, pero ahora ya no tiene más que 1.625.366 dólares y cuarto.&lt;br /&gt; ¿ Por qué?&lt;br /&gt; Porque acaba de fumar un cigarro, que no se lo die¬ron gratis.&lt;br /&gt;Las salidas del doctor me hacían gracia. Le indiqué otro grupo, reunido en otro punto del salón.&lt;br /&gt; Aquéllos  me dijo  son del Fart West. El más alto es el director del Banco de Chicago, hombre considerable. Lleva debajo del brazo un álbum con vistas de su querida ciudad. ¡Está orgulloso y hace bien en estarlo: es una gran ciudad, edificada en un desierto en 1836, que hoy contiene 400.000 almas contando la suya! A su lado se ve una pareja californiana. La mujer es guapa y delicada; el marido, fuer¬te y flaco, es un antiguo mozo de labranza, que cierto día supo labrar pepitas de oro. Es...&lt;br /&gt; ¿Considerable?&lt;br /&gt; ¡Vaya! ¡Ya lo creo! Su activo es de millones.&lt;br /&gt; ¿Y aquel que mueve la cabeza de arriba abajo, como un negro de reloj ?&lt;br /&gt; Es el célebre Cokburu de Rochester, el estadístico uni¬versal, que todo lo ha pesado, medido, contado y valuado en guarismos. Interrogad a ese maniático inofensivo y os dirá cuánto pan ha engullido un hombre a los cincuenta años, cuántos metros cúbicos de aire ha respirado. Os dirá tam¬bién cuántos pliegos en folio llenarían las palabras de un abogado de Temple Bar; cuántos millas anda diariamente un cartero, solo para llevar cartas amorosas; cuántas viudas pa¬san al día por el puente de Londres; cuántos metros de al¬tura tendría una pirámide levantada por los bocadillos con¬sumidos anualmente por un ciudadano de la Unión; cuán¬tos...&lt;br /&gt;El doctor, lanzado a toda vela, hubiera seguido por el mismo camino hasta sabe Dios cuándo, si no le hubieran distraído otros pasajeros que desfilaron por delante de nos¬otros. ¡Qué tipos tan diversos! Pero ni un desocupado; no se varía de continente sin motivo serio. La mayor parte iba a América a hacer fortuna, sin tener en cuenta que un yanqui a los veinte años ya ha adquirido su posición, y que a los veinticinco es demasiado viejo para entrar en lucha.&lt;br /&gt;Entre aquellos aventureros, inventores y buscavidas, me enseñó el doctor algunos muy interesantes. Uno era un sabio químico, rival de Liebig, que sabía condensar todos los ele-mentos nutritivos de un buey en una pastilla de carne del tamaño de un peso duro y que iba a acuñar moneda con rumiantes de las Pampas. Otro corría a Nueva Inglaterra, a explotar un caballo de vapor que llevaba encerrado en una caja de reloj de bolsillo. Un francés de la calle de Chapon creía tener hecha su fortuna, pues llevaba 30.000 muñecas de cartón que decían papá con acento americano.&lt;br /&gt;Además de estos originales, ¡cuántos otros cuyos secretos podían suponerse! Tal vez algún cajero llevaba su caja a tomar aires, y algún detective, amigo suyo durante el viaje, esperaba solo la llegada a Nueva York para echarle mano al pescuezo. Tal vez hubiera podido hallarse entre otros algún director de alguna de esas empresas que hallan siempre accionistas bobos, aunque la sociedad se titule: Compañia oceánica de alumbrado de gas de la Polinesia, o Sociedad general de carbones incombustibles.&lt;br /&gt;Me distrajo en aquel momento una pareja joven, que pa¬recía profundamente aburrida.&lt;br /&gt; Son peruanos  me dijo el doctor , casados hace un año, y cuya luna de miel han paseado por todos los horizon¬tes del globo. Salieron de Lima en la noche de novios. Se adoraron en el Japón, se adoraron en Australia, se toleraron en Francia, riñeron en Inglaterra y se divorciarán en Amé¬rica.&lt;br /&gt; ¿Y aquel hombre alto, de fisonoma altanera, que acaba de entrar? Parece un oficial, con su bigotazo negro.&lt;br /&gt; Es un mormón  respondió Pitferge . Es mister Fla¬teh, gran predicador de la Ciudad de los Santos. ¡Hermoso tipo de hombre! ¡Qué mirada tan arrogante, qué fisonomía tan digna, qué modo de vestir tan diferente del modo de ves¬tir de un yanqui! Regresa de Alemania e Inglaterra, donde ha predicado, haciendo muchos prosélitos, pues el mormo nismo cuenta en Europa muchísimos adeptos, a los cuales permite conformarse a las leyes de sus países respectivos.&lt;br /&gt; Yo creía que en Europa estaba prohibida la poligamia.&lt;br /&gt; Sin duda, pero se puede ser mormón sin ser polígamo. Brigham Young tiene un harem porque así le conviene, como lo tiene más de un católico, pero no todos sus correligiona-rios le imitan a orillas del lago Salado.&lt;br /&gt; ¿Y mister Hateh?&lt;br /&gt; Tiene una mujer, y le basta. Además, se propone expli¬carnos su doctrina una de estas noches.&lt;br /&gt; Tendrá un lleno completo  dije.&lt;br /&gt; Sí  respondió el doctor , si el juego no le quita los parroquianos. Anda por ahí un inglés de mala cara, que me parece el jefe de esta turba de tahúres que juegan en la cámara de proa. Es un canalla de la peor fama. ¿Habéis re¬parado en él?&lt;br /&gt;Algunos pormenores que añadió el doctor me hicieron recordar al individuo que aquella mañana se había distingui¬do por sus apuestas. Mi diagnóstico no me había engañado. Dean Pitferge me dijo que se llamaba Harry Drake. Era hijo de un comerciante de Calcuta, un jugador, un camorrista, un perdido, un tronado, y probablemente iba a América a probar vida de aventuras.&lt;br /&gt; Esos hombres encuentran en cualquier parte adulado¬res que les estimulan, y ése tiene ya aquí su círculo de pillos cuyo centro forma. Entre ellos está un hombrecillo chato, carirredondo, de labios gruesos y con gafas de oro, que se titula doctor y dice que va a Quebec, pero que estoy seguro de que es judío alemán, mestizo de burdeles; un charlatán de baja estofa y admirador de Drake.&lt;br /&gt;Pitferge, que saltaba de tema en tema, me tocó en el codo, para hacerme reparar en un joven de 22 años que daba el brazo a una niña de 17.&lt;br /&gt; ¿Dos recién casados?  pregunté el doctor.&lt;br /&gt; No, son dos novios antiguos que sólo esperan llegar a Nueva York para casarse. Han dado la vuelta a Europa, con permiso de sus familias, y ya están convencidos de que han nacido el uno para el otro. ¡Guapos muchachos! Da gozo verlos asomados a la escotilla de la máquina, contando las vueltas de las ruedas, que no andan bastante de prisa para su gusto. ¡Ah! ¡Si nuestras calderas hubieran llegado al rojo blanco, como esos dos corazones, no nos faltaría pre¬sión!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO XI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las doce y media de aquella mañana, un timonel puso el letrero siguiente a la puerta del gran salón:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lat. 510 15' N. &lt;br /&gt;Long. 180 13' O.&lt;br /&gt; Dist. Fastenet 323 millas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que indicaba que al mediodía estábamos a 323 mi¬llas del faro de Fastenet, el último que vimos en la costa de Irlanda, y 510 15' de latitud Norte y a 180 13' Oeste del meridiano de Greenwich. El capitán hacía así conocer todos los días la altura a que nos hallábamos. Copiando esta nota y señalando los puntos marcados por estas coordenadas en una carta, podía seguirse el derrotero del Great Eastern. El buque gigante sólo había corrido 323 millas en 36 horas; poca cosa, pues un paquebote que se estima en algo no debe correr menos de 300 millas en 24 horas.&lt;br /&gt;Me separé del doctor y pasé con Fabián el resto del día. Nos habíamos refugiado en la popa: habíamos ido, según decía Pitferge, a «pasear al campo». Aislados y apoyados en la borda, contemplábamos el mar inmenso. Las olas exhalaban penetrantes perfumes que llegaban a nosotros. Los ra¬yos de luz refractados producían pequeños arco iris que bai-laban entre la espuma. La hélice hervía a cuarenta pies bajo nuestros ojos; cuando se sumergía, sus ramas agitaban con más furia las ondas, haciendo chispear su cobre. El mar pa¬recía una aglomeración de esmeraldas líquidas. La estela, que parecía de algodón en rama, se perdía de vista, confun¬diendo en una misma vía láctea los remolinos de las ruedas y los de la hélice. Aquella blancura, sobre la cual se distin¬guían perfiles más acentuados, parecía un encaje de punto de Inglaterra sobre fondo azul. Cuando volaban sobre ellas las blancas gaviotas, con sus alas de borde negro, su plu¬maje relucía, se abrillantaba con fugaces reflejos.&lt;br /&gt;Fabián, silencioso, contemplaba la magia de las olas. ¿Qué veía en aquel líquido espejo, tan fácil de plegarse a todos los caprichos de nuestra imaginación? ¿Pasaba, ante sus ojos, alguna fugitiva imagen que le daba un adiós supremo? ¿Distinguía, entre aquellos torbellinos, alguna sombra que¬rida? Me pareció más triste que de costumbre, y no me atre-ví a preguntarle la causa de su tristeza.&lt;br /&gt;Después de nuestra larga ausencia, a Fabián correspon¬día confiarse a mí, y a mí guardar sus confidencias. Me ha¬bía contado de su vida pasada lo que quería que yo conociera, su existencia de guarnición de la India, sus cacerías, sus aventuras, pero respecto a los sentimientos que oprimían su corazón acerca de la causa de los suspiros que elevaba su pecho, guardaba silencio. Sin duda, no siendo Fabián como los que desahogan su corazón refiriendo sus penas, debía sufrir más que ellos.&lt;br /&gt;Permanecíamos, pues, asomados al mar, y cuando me volví observé las dos ruedas que se sumergían alternativa¬mente por efecto del balanceo.&lt;br /&gt;De pronto Fabián me dijo:&lt;br /&gt; ¡Esa estela es verdaderamente magnífica! ¡Parece que se complacen en escribir letras! ¡Mirad cuánta l y cuánta e! ¿Me engaño acaso? ¡No! ¡No! ¡Son letras! ¡Y siempre las mismas!&lt;br /&gt;La imaginación sobreexcitada de mi pobre amigo veía lo que quería ver. Pero, ¿qué significaban aquellas letras? ¿Qué recuerdo evocaban en su corazón?&lt;br /&gt;Fabián, que había vuelto a ensimismarse, me dijo brusca¬mente:&lt;br /&gt; ¡Vámonos! ¡Ese abismo me atrae!&lt;br /&gt; ¿Qué tenéis, Fabián?  le pregunté, estrechando sus dos manos . ¿Qué tenéis, querido amigo?&lt;br /&gt; Tengo    dijo apretándose el pecho , tengo un mal que será mi muerte.&lt;br /&gt; ¿Un mal? ¿Un mal incurable?&lt;br /&gt; Sin esperanza.&lt;br /&gt;Y sin decir más, Fabián bajó al salón y entró en su ca¬marote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11687701-8061825157386125138?l=buanystorias.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://buanystorias.blogspot.com/feeds/8061825157386125138/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11687701&amp;postID=8061825157386125138&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/8061825157386125138'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11687701/posts/default/8061825157386125138'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://buanystorias.blogspot.com/2011/08/una-ciudad-flotante-cap-10-y-11.html' title='Una ciudad flotante (cap. 10 y 11)'/><author><name>Lucre AC</name><uri>https://profiles.google.com/109488325481154965591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-zghjWI39B4Q/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAA_Q/a7zHIMeFQ6c/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11687701.post-4848737137038520652</id><published>2011-08-14T11:50:00.001+02:00</published><updated>2011-08-14T11:52:50.868+02:00</updated><title type='text'>Una ciudad flotante (cap. 6 y 7)</title><content type='html'>Por Julio Verne&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO VI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro día, 27 de marzo, el Great Eastern seguía, por estribor, la accidentada costa irlandesa. Mi habitación era un camarote de primera de proa, muy bonito, iluminado por dos anchas partes de luz; estaba separado del salón de proa por otra fila de camarotes, de manera que no podían llegar a él las estrepitosas melodías de los pianos, que no es-caseaban, ni de las conversaciones. Era una choza aislada, a lo último de un arrabal. Sus muebles eran una litera, un tocador y un escaño.&lt;br /&gt;A las siete de la mañana, después de atravesar las dos pri¬meras salas, llegué a la cubierta, por la cual vagaban ya los viajeros. Un balanceo apenas perceptible, movía el buque. El viento era bastante fresco, pero la mar, desenfilada por la costa, no podía ser gruesa. Me tranquilizaba por completo la indiferencia del Great Eastern, que me parecía de buen agüero.&lt;br /&gt;Desde la toldilla del café vi la extensa costa, elegante¬mente perfilada, que debe el nombre de «Costa de Esmeral¬das» a su verdura perpetua. Algunas casitas desparramadas, un puesto de aduaneros, un blanco penacho de humo proce¬dente de alguna locomotora que atravesaba un valle entre dos colinas, algún telégrafo óptico aislado, haciendo muecas a los buques que veía mar adentro, la animaban.&lt;br /&gt;El mar que nos separaba de la costa tenía un color verde sucio, como si fuese una tabla manchada irregularmente de sulfato de cobre. El viento seguía refrescando, algunas nie-blas revoloteaban, como masas de polvo, bricks y goletas nu¬merosas trataban de alejarse de la costa; los steamers pasa¬ban escupiendo humo negruzco, pero el Great Eastern, aun-que no iba animado de gran velocidad, los dejaba rezagados, sin trabajo.&lt;br /&gt;Pronto, tuvimos a la vista a Lucen’s Town, puertecillo de arribada, delante del cual maniobraba una escuadrilla de pescadores. Todo buque, venga de América o de los mares del Sur, sea de vapor o de vela, de guerra o mercante, suelta allí, al pasar de largo, su valija de correspondencia. Un tren correo, siempre dispuesto, la lleva en pocas horas a Dublin. Allí, un paquebote, siempre humeante, steamer de pura san¬gre, máquina por sus cuatro costados, verdadero montón de ruedas que surca las olas: no menos útil que el Gladiador o La Hija del Aire, toma estas cartas, y atravesando el estre¬cho con velocidad de 18 millas por hora, las deposita en Liverpool. La correspondencia adelanta así en un día a los correos transatlánticos más ligeros.&lt;br /&gt;El Great Eastern, a eso de las nueve, subió al Este Nores¬te. Acababa yo de llegar a la cubierta cuando se acercó a mí el capitán Macelwin, acompañado de un amigo suyo, de seis pies de estatura y de barba rubia y largos mostachos que, perdidos en pobladas patillas, según la moda, dejaban la barba al descubierto. El tipo de aquel buen mozo era el del o
